Un adiós al cuadrado

Se cerró una de las primeras galerías en ser itinerantes en el país.

Hay operaciones matemáticas que no  son exactas, que encierran   una incertidumbre, una infinitud que desborda la comprensión humana. La operación matemática que definía la galería Alcuadrado, esa que hablaba de la multiplicación a la potencia de dos: Gloria Saldarriaga y Juan Gallo, dio un resultado incierto. Después de la muerte del coleccionista y luego galerista Juan Gallo, Gloria decidió cerrar una de las galerías que según el curador del Museo de Arte Moderno de Medellín (MAMM), Óscar Roldán Alzate: “Fue, de alguna manera, el primer esquema con un alcance internacional de alta factura que nos permitió saber quiénes éramos en el arte contemporáneo, y enseñarles a los demás qué era el arte contemporáneo colombiano”.

Esta galería, además de ser la primera nacional en llegar a la feria en Miami ArtBasel, con el presupuesto de que el arte colombiano estaba al nivel de los estándares internacionales, impuso un modelo itinerante y se apropió de diferentes espacios no convencionales para que artistas como Óscar Muñoz, Miguel Ángel Rojas, María Teresa Hincapié y María Elvira Escallón desplegaran obras que entablaban un diálogo abierto con los espacios en donde eran mostradas y que escapaban de los cánones más comerciales del arte.

“En el siglo XX se buscaron formas alternativas de exposición que llevaron, en muchas ocasiones, a instalar obras en espacios abandonados. Alcuadrado logró la puesta en escena de obras contemporáneas en lugares inesperados, con tal acierto que permitía abrir las puertas de la percepción y transportar al espectador a extraños límites”, explica el curador de la Galería Mundo, Carlos Salas.

Fue así como en 2005 en la antigua sede del Hotel Hilton dos artistas: el colombiano Miguel Ángel Rojas y la brasileña Regina Silveira se apropiaron del desvencijado espacio y articularon una poética oposición al olvido con la muestra Campos latinoamericanos. En 2006 unos mapas gigantes hablaron de las nuevas geografías, esta vez en el antiguo Teatro El Cid; en septiembre de 2008, en la antigua Clínica Santa Rosa, las obras de 10 artistas hicieron resistencia a los desbarajustes de la salud en un hospital en cuarentena. Y en mayo de 2009, la última exposición que articularían los galeristas de Alcuadrado fue la muestra colectiva No más chica, en la cervecería Andina.

“Ustedes y yo hemos vivido un camino de cambios sorprendentes y por eso ahora estamos juntos de nuevo para compartir su final porque para mí es tiempo de cerrar las puertas de Alcuadrado y dejarlas abiertas únicamente donde es importante: en la memoria”, publicó recientemente la joven curadora en el portal de la galería unos días después de que en Medellín se inaugurara una muestra bautizada Crónica, que justamente recoge lo mejor de la colección que Juan Gallo reunió del arte contemporáneo colombiano.

“Juan y Gloria con su trabajo dejaron ver las ventajas de poder hacer colecciones de arte contemporáneo; eso llevo su trabajo a otro punto, sembraron una semilla: inocularon a algunos personajes con el arte del coleccionismo”, añade Óscar Roldán Alzate, quien fue junto a Mariángela Méndez uno de los curadores de esta exposición que tiene lugar en MaMM y que escudriñó en la vasta colección de arte de Gallo obras que se inscribían entre la década 1995-2005 y daban cuenta de la cruda realidad nacional.

“Esta muestra busca construir una relación entre las obras más representativas de la colección y el contexto sociopolítico bajo el que fueron realizadas. Muchos de estos trabajos que hacían parte de esta colección privada surgieron como respuesta a las situaciones de dolor que signaron una década”, explica por su parte Mariángela Méndez,  “las obras en Crónica son hijas de su tiempo: de la fuerte recesión económica y la violencia, del Proceso 8.000, del despeje del Caguán y los enfrentamientos con la guerrilla y paramilitares bajo el gobierno de Uribe”, añade la curadora quien no sólo curó esta muestra, sino que trabajó continuamente en la apuesta artística de esta pareja.

La Galería Alcuadrado se va de la escena artística nacional, pero perdura su legado: deja sentado el precedente de poder ser nómadas y de que el arte contemporáneo tiene sus adalides. Pero las consecuencias de esos cimientos forjados durante los siete años no tardan en aparecer. La Galería Cuarto Nivel, que históricamente operó en el edificio Portobello, en el norte de Bogotá, y que también volcó su mirada sobre el arte contemporáneo, cierra sus puertas por las dificultades que presenta el mercado, sin embargo, se reconfigura y como si fuera “a la manera de Alcuadrado”, empieza a operar ahora como una galería que no necesita un lugar físico para hacer su trabajo. Quizá sin Gloria Saldarriaga y Juan Gallo otra galería hubiera desaparecido.

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