“Los héroes están fatigados”

LA ACEPTACIÓN DE ANGELINO GARzón como vicepresidente para Juan Manuel Santos no deja de ser fuente de cuestionamientos para la juventud frente a la política.

 Otros casos suman para producir preguntas: Samuel Arrieta fue un día militante comunista, y hoy es prácticamente la cabeza de ese engendro llamado PIN. Eduardo Pizarro representó durante años a la intelectualidad de izquierda, y hoy dirige la CNRR como un funcionario más del Gobierno, en vez de como un representante de las víctimas. El famoso comandante uno, Rosenberg Pabón, así como Everth Bustamente, terminaron también trabajando para el gobierno de Uribe. Y la lista continúa.

Nadie puede negar  la marca generacional de las ideas revolucionarias  del siglo XX. En contadas excepciones los adultos de hoy no se dejaron tocar por los sueños revolucionarios. Ante los cambios de pensamiento y la normalización, es común escuchar que el que no es revolucionario a los veinte es un desalmado, y que el que lo sigue siendo a los sesenta, es un descerebrado. Allá cada quien con su historia de vida. Lo cierto es que algunos de los antiguos jóvenes transformadores forjaron carreras políticas sobre la base de esas ideas, y compartieron luchas y dolores que no quedan en la historia como simples desvíos de juventud. ¿Cómo pasa una persona de arriesgar la vida por  las causas de la igualdad, a ubicarse en el extremo opuesto? ¿Qué implican estos cambios más allá de los cuestionamientos morales?

La victimización en Colombia tiene mucho que ver con la asunción de una lógica de supervivencia que algunos antiguos militantes de izquierda han sabido capitalizar con oportunismo. La legitimidad que se gana en la lucha por transformar a este país, alimenta luego la legitimación de su retroceso. Y ante los ojos de sus hijos e hijas, de quienes hoy como jóvenes reivindicamos la memoria y la esperanza, saldrían respuestas adicionales.

 Pero lo importante es lo que implican esos cambios políticamente. Los antiguos militantes de izquierda que hoy se siguen reivindicando como tales desde el extremo opuesto, usan la legitimidad de la experiencia vivida para ofrecer un servicio de confusión y así   justificar propuestas de indulto a responsables de políticas de miseria o crímenes de lesa humanidad. Se plantan en el lugar de los protagonistas de la historia para definir lo que debemos aceptar. Arrebatan al pueblo su derecho a la verdad, y proponen a cambio una sarta de advertencias ante los “riesgos” de esta última y de la justicia. Cada cual hace lo que quiera con su vida, pero dichas atribuciones son una vulneración ilegítima a las generaciones que se criaron con su propio legado histórico, y peor aún, a la juventud que aún no aprende el valor del respeto y la coherencia en la política.

 Hace días conocí a Marco Enríquez-Ominami. Hijo de Miguel Enríquez, dirigente histórico del Movimiento Independiente Revolucionario de Chile, asesinado por la dictadura. En youtube se encuentra un documental suyo  titulado “los héroes están fatigados”, en el que pregunta directamente  a los antiguos revolucionarios por su posición actual en la oligarquía chilena, y su papel como legitimadores de la impunidad en los crímenes ejecutados por la dictadura. Vale la pena ver las respuestas en otros contextos.

 Aquí debemos seguir apostando a la renovación en la política; más que nunca. 

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