Más que un asunto de niños

El Vaticano reconoce 3.000 denuncias por abuso sexual en la última década.

A los 81 años Gerhard Gruber quiso hablar sobre el espinoso tema de la pederastia dentro de la Iglesia católica. Sus palabras aparecieron la semana pasada en los diarios como imanes que intentaban atraer toda la responsabilidad de un amargo caso que por entonces tocaba de soslayo al papa Benedicto XVI. Gruber alzó la mano en acto de mea culpa y se autoflageló diciendo que si “ese sacerdote” había reincidido en su pedofilia era un pecado que él, como vicario general de Munich durante los años 80, debía asumir.

“Ese sacerdote”, de quien se ha reservado el nombre, recaló como párroco procedente de Essen, de donde fue expulsado por abuso sexual a menores. En 1980, cuando Joseph Raztiger era arzobispo de Munich, 25 años  antes de que se convirtiera en Sumo Pontífice con el nombre de Benedicto XVI, el religioso marcado por el escándalo habría  sido   autorizado por el propio Ratzinger para formar parte de su diócesis. En 1986 volvió a abusar de niños y fue condenado a 18 meses de cárcel con libertad condicional. Aún hoy está vinculado con la Iglesia en labores pastorales.

La confesión de Gruber fue ampliamente difundida por el portavoz del Vaticano, Federico Lombardi, quien reiteraba que el Papa estaba por fuera del grupo de sacerdotes manchados por la pederastia: “Para cualquier observador objetivo, está claro que los intentos de vincular a Benedicto XVI con el escándalo han fracasado”.

No obstante, la polvareda de los abusos a niños creció y se hizo más densa: ex integrantes del Coro de la Catedral de Ratisbona (Baviera), dirigido por el reverendo Georg Ratzinger, hermano del Papa, entre 1964 y 1994, se declararon víctimas. Esta vez la defensa la asumió el propio reverendo, hoy obispo. Dijo que sabía que el director del internado abofeteaba con dureza a los pequeños, a veces sin motivación aparente, pero que de violaciones carnales no sabía nada porque “nunca hablamos de ese tipo de asuntos”. También admitió que en una que otra ocasión se dejó arrastrar por el mar incontenible de la ira (pecado capital) y llegó a cachetear a varios integrantes del coro. “Después me remordía la conciencia... desconocía el daño que podía causar”. Al rededor de 350 niños, sostienen los reportes, fueron maltratados en 15 años y algunos de ellos han llegado a declarar que las furias de Ratzinger eran un asunto serio: se transformaba en un energúmeno capaz de arrojar sillas.

Los niños que otrora fueron abusados hoy ya crecieron, y lejos del miedo de otros tiempos son hombres capaces de denunciar, quizá buscando la cicatrización definitiva de sus heridas. Tal vez sea esta la razón que ha impulsado a que las denuncias, desde que fuera señalada la posible aceptación del Papa a un pederasta durante su arzobispado en Munich, se hayan disparado por toda Europa. Han venido desde Holanda, Italia y Austria, y han tocado incluso al célebre coro infantil de Los Cantores de Viena. Un puñado de ex integrantes relataron cómo sus superiores se reunían para ver a los pequeños lavarse los genitales en las duchas y cómo los alumnos más grandes obligaban a los más chicos a practicarles sexo oral. También el jerarca de la Iglesia católica de Irlanda, el cardenal Sean Brady, se vio involucrado luego de que se comprobara que en 1975 prefirió encubrir al sacerdote pederasta Brendan Smyth para ahorrarle problemas a la institución y obligó a las víctimas a jurar ante Dios que guardarían silencio. “No creo que el asunto sea como para dimitir, aseguró Brady ante las peticiones de renuncia.

Esta “conducta aberrante” para los críticos o “desorden moral” para la Iglesia, ha abierto un nuevo debate en las huestes eclesiásticas. ¿Será el celibato el causante de la debilidad de los sacerdotes? El cardenal de Viena, Christoph Schoenborn, llamó al debate sugiriendo una discusión, desde las entrañas de la Iglesia, que analice la posibilidad de adaptar los dogmas a ideas más liberales frente al sexo. El celibato, respondió en defensa Benedicto XVI, es “la señal de una consagración entera al Señor y a los asuntos del Señor, una expresión de la entrega a Dios y a los otros”. Los portavoces del Sumo Pontífice anuncian que pronto saldrá públicamente a tratar el tema de la pederastia y a expresar su consternación. Mientras tanto, Gianfranco Girotti, regente de la Penitenciaría Vaticana, recuerda: “La Iglesia puede absolver a quien se ha manchado del pecado de pedofilia, a quien se ha arrepentido sinceramente”.