‘El Chacal’, en cinta

La película ‘Carlos, el precio de El Chacal’ ha despertado una gran polémica. El terrorista en el que se basa la cinta pide que se prohíba su lanzamiento porque se le vulneran los derechos, mientras que el director continúa en los rodajes.

El director francés Olivier Assayas no contó con que realizar una película sobre uno de los criminales vivos más legendarios de los últimos tiempo, Carlos, El Chacal, podría convertírsele en un problema de talla nacional. El pasado jueves 18 de marzo el venezolano Ilich Ramírez Sánchez, conocido en el mundo del terrorismo internacional como El Chacal, que se encuentra pagando una condena de cadena perpetua en Francia, le pidió a la justicia de ese país que prohibiera la película Carlos, el precio de El Chacal, que se basa en su vida y que según dice el recluso “manipula la historia”.

Carlos, que estuvo representado esta semana en la audiencia ante el Tribunal de Gran Instancia de París por su abogada Isabelle Coutant-Peyre —que es además su esposa—, pidió que se le entregara una copia de la película antes de ser lanzada mundialmente, y que se prohibiera su emisión por hacerlo parecer “como un criminal de la peor especie, al margen de todo marco político”.

Olivier Assayas, heredero de la nouvelle vague francesa y hoy uno de los directores más reconocidos en Francia, algo desconcertado ante sus llamamientos a juicio, confiesa que la historia de El Chacal es una historia contemporánea que pertenece, como mito, a la historia colectiva. “De esta manera sería realmente imposible tener que contar la historia bajo su control”.

En medio de la polémica que parece pasarle factura a Assayas  por el atrevimiento de meterse con un mito que respira y está dispuesto a que se le respeten sus derechos, El Espectador entrevistó en París al director.

¿Cómo surge la idea de hacer una película sobre Ilich Ramírez Sánchez, alias Carlos ‘El Chacal’?

Al final de 2007 el productor Daniel Lecompte me mostró una investigación hecha por un periodista que había escrito una especie de cronología, una investigación muy seria sobre Carlos El Chacal. Yo comencé a leerla y me pareció apasionante. Ahí mismo sentí que había una idea cinematográfica, pero me parecía una idea muy difícil de realizar, demasiado complicada y costosa.

¿Para la producción de la película usted trabajó con los testigos reales de la historia?

Esta es una historia que hasta hoy es tema de debate, por eso es muy complicado estar tan cerca del protagonista. Yo no quería implicarme políticamente y quería tener una posición factual, objetiva, rigurosa y honesta. Si yo hubiera comenzado a interrogar a los protagonistas, ellos hubieran contado su propia versión y después me hubiera tocado buscar otras versiones de los hechos y eso hubiera sido una confusión terrible.

A partir del momento en que decidí hacer esto yo sabía que la película estaría basada en hechos reales, pero que a la vez sería un filme de ficción. En la medida en que las cosas se reinventan no son las mismas personas, no son los mismos lugares, no es la misma época. Hay de alguna manera algo de artificial. Siempre consideré muy importante sentirme libre para dar mi propia interpretación de un mito contemporáneo.

¿Cómo escogió al actor Édgar Ramírez y a los demás actores latinoamericanos?

Ese era uno de los aspectos más complicados de la película. Cuando se habló de la idea de un combate internacional consideré fundamental contar con las especificidades en la identidad de cada uno de los personajes. Si hubiera escogido a un brasileño o a un español que hiciera de El Chacal hubiera sido completamente idiota. La posibilidad de haber escogido un actor venezolano le da un lugar geográfico a la historia.

¿Ha sido difícil el rodaje?

Yo pienso que todas las escenas han sido difíciles. Por ejemplo, la escena en donde El Chacal mata a dos inspectores de policía franceses y a un antiguo compañero terrorista libanés fue muy complicada porque es un momento clave en la historia y debíamos restituir el hecho de la manera más verídica posible.

Esta es una película de época que sucede en diversos países, en donde se tiene que reconstituir todo, hay escenas de acción, hay muchos detalles, ¡hay 120 personajes en el filme!, esas son cosas que se salen completamente del modelo de cine francés, y eso que mis películas siempre han sido algo extrañas para los franceses.

Filmaron en ciudades como París, Viena, Budapest, entre otras. ¿Por qué no pudieron filmar en Siria?

En Siria fue imposible filmar porque Siria es un Estado totalitario y además porque juega un rol criminal en la historia de Carlos. Si le hubiéramos pedido al Estado sirio filmar en Damasco no creo que nos hubieran dado la autorización. Hicimos exteriores en Budapest, Viena, Londres y en La Haya porque son lugares reales de los hechos.

Con la producción del ‘Che’ y de ‘El Chacal’, ¿cree que hay un renacer o una moda de contar la historia de héroes revolucionarios latinoamericanos?

Cuando contamos las historias de los años setenta, las luchas revolucionarias parten de América Latina porque es un período en donde todo el continente está en guerra. Yo pienso que desde el imaginario de los izquierdistas europeos Oriente Medio y América Latina fueron dos lugares en donde hubo un verdadero combate. Los revolucionarios latinoamericanos tienen un prestigio de ser “verdaderos soldados”, de haber arriesgado sus vidas, lo que no ocurrió en el caso de los izquierdistas europeos. Lo que me interesa de todo esto es ver a El Chacal desde la perspectiva europea, ese choque de culturas, de convicciones revolucionarias, de su encuentro con Europa y con el activismo palestino.

Ilich Ramírez Sánchez lo denunció desde la cárcel, en donde exige ver la película antes de que salga al aire...

Yo no quiero intervenir muy a fondo en ese asunto porque son temas jurídicos que hasta hoy se están discutiendo. Su historia es una historia contemporánea que pertenece, como mito, a la historia colectiva. De esta manera sería realmente imposible tener que contar la historia bajo su control. Es como si Oliver Stone le hubiera tenido que pedir permiso a Nixon cuando hizo la película. Yo entiendo su molestia, yo entiendo que debe ser extraño, pero es absurdo que nos obliguen a mostrarle el filme.

¿Quién era más allá de la ficción?

Ilich Ramírez Sánchez, conocido como Carlos, el Chacal, tenía una doble vida en Europa: por un lado como playboy y hombre de mundo, y en segundo lugar como director de operaciones terroristas, en combinación con diversos grupos europeos, como las Brigadas Rojas italianas. En los años setenta se convirtió en el hombre más buscado del mundo, con más de 52 nombres diferentes repartidos en 100 pasaportes. Dejó tras de sí un rastro de 80 muertes, según el Ministerio del Interior francés. En 1975 secuestró, al mando de otros cinco terroristas, una reunión entera en Viena de la Opep: tomó como rehenes a 60 personas, entre los que se contaban 11 ministros. Uno de éstos le definió como un tipo dotado de una inaudita capacidad mental para actuar bajo presión.

Condenado inflexible

En la entrevista publicada el pasado 10 de enero por este diario, ‘El Chacal’ sostuvo seguir siendo fiel a los principios inmanentes leninistas, un comunista convencido y militante. Sus confesiones parecen desbordar el discurso, sus intenciones de socavar el sistema parecen no detenerse por estar recluido en una cárcel.  El abogado de la productora de la película Carlos, el precio de El Chacal, Richard Malka, ha considerado inverosímil que en una democracia “una persona que crea ser afectada por una obra pueda demandar una relectura” o reclamar una proyección previa.

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