"No me retiré plena"

La ex atleta colombiana, radicada hace 18 años en Chile, vive por estos días con intensidad la fiesta de los Juegos Suramericanos en Medellín. Ella fue la encargada de encender la llama olímpica.

La ex atleta Ximena Restrepo luce de maravilla. Sus 41 años, recién cumplidos, no se ven reflejados en su cálido rostro. Es una mujer feliz, dice ella, realizada y muy enamorada de su Colombia del alma, aunque ya hace más de 18 años que está radicada en Santiago, junto con su esposo chileno y sus dos hijas, Martina y Franka.

Ella, la mítica medallista de bronce en los 400 metros de los Juegos Olímpicos de Barcelona 1992, fue una de la estrellas principales de la ceremonia de inauguración de los IX Juegos Suramericanos de Medellín, al ser la elegida para encender la llama olímpica que se apagará el próximo 30 de marzo.

Ximena, quien se casó en 1991 con el lanzador Gert Weil, a quien conoció en los Olímpicos de Seúl y graduada de periodista en la Universidad de Nebraska, en Estados Unidos, actualmente trabaja en el club deportivo de la Universidad Católica de Chile. Es entrenadora de atletismo y la jefe de técnicos de este mismo deporte. Su tarea pendiente con el atletismo es preparar un atleta y llevarlo a la conquista de una medalla olímpica, aunque es consciente de que no será fácil.

La antioqueña recordó con El Espectador su día de gloria en Barcelona, la lesión posterior que le restó su máximo potencial y sus sensaciones a la hora de tomar la decisión —forzada— de retirarse de las pistas hace ya 11 años.

¿Cómo se siente de estar en su tierra, viviendo el ambiente de estos Suramericanos que han resultado todo un éxito?

Estoy muy contenta e igual de sorprendida como todo el mundo. La verdad que Antioquia se está sobrando con estos juegos. La inauguración fue absolutamente espectacular, la ciudad está hermosa, al igual que sus escenarios deportivos. Realmente estoy impresionada con lo que han hecho los paisas y muy orgullosa. Ahora sólo espero que la competencia también esté al nivel de la organización.

Al ver todo este ambiente deportivo, ¿no le dan ganas de competir?

La verdad que no, para mí la época de las competencias es una etapa superada.

¿Qué significó para usted ser la elegida para encender la llama olímpica en la jornada de inauguración?

Fue un honor muy grande, que además yo no estaba esperando, ni siquiera se me había pasado por la mente. Cuando me entregaron una carta en la que me solicitaban que yo encendiera la llama, realmente fue una sorpresa muy grande, me dio mucho orgullo que me lo hubieran pedido. Extrañamente me generó muchos sentimientos encontrados, en los que se revolvieron mi época de atleta.

Recordemos ese 5 de agosto de 1992, cuando conquistó la medalla de bronce en los Juegos Olímpicos de Barcelona.

El proceso de llegar a la final fue muy emocionante. Ya, el día de prueba, que era en la noche, pasé unas horas eternas. Estaba ansiosa, tenía ganas de correr ya, pero al mismo tiempo tenía una seguridad interna de que yo podía. Pensaba que podía dar la pelea, pero ya subirme al podio era una probabilidad remota, porque el nivel olímpico del atletismo está en un punto muy alto. Sin embargo, miré en el itinerario cuándo era la ceremonia de premiación a ver si me llevaba al estadio el uniforme completo por si de pronto se me daba la sorpresa. Afortunadamente se me dieron las cosas, fue una carrera muy dura. La cuarta llegó al lado mío, así que sólo hasta la repetición me di cuenta de que había ganado.

¿Qué pensó en ese momento?

Lo que sentí fue un alivio muy grande, porque yo tenía mucha presión y estaba muy nerviosa. Sentí una alegría inmensa porque había sido capaz de correr mi mejor marca (49,64 segundos). Estaba feliz por la medalla, claro, pero más satisfecha estaba era conmigo misma por haber podido superar toda la presión.

Al otro día, en la ceremonia de premiación, ¿qué pasó por su cabeza a la hora de sentir la medalla colgada en su cuello?

Yo tengo borrada esa imagen. Era tal la locura de ese momento, las cámaras, las entrevistas, que ese recuerdo se me confunde en la memoria. Es que era una medalla que nadie esperaba, porque yo nunca había podido bajar los 50 segundos, entonces toda la gente que me rodeaba en ese momento estaba muy eufórica. Pero si tengo que hacer un esfuerzo para recordar ese día de gloria, era que estaba muy orgullosa de mí misma, porque la verdad fue que entrené mucho, esa medalla a mí no me la regalaron.

Sin duda. ¿Ese fue el éxtasis de su carrera como atleta?

Sin duda, lamentablemente después de los Olímpicos tuve una lesión y nunca más volví a correr como esa noche que gané el bronce. Pero así es el deporte y así había que aceptarlo en ese momento.

¿Cómo ocurrió la lesión?

En el 93 me fui a los Mundiales de Alemania. Llegué muy bien preparada, había competido en muchas carreras, todas las había ganado y por ello era la favorita. Pero yo creo que, ahora viéndolo en retrospectiva, debido a la tensión y al estrés sufrí un problema en la espalda, del cual me demoré más de un año en recuperarme. Llegué a la final, por mis pergaminos, pero terminé quinta. Después de ese dolor, por más de que yo fui adonde médicos alemanes y me hice todo tipo de exámenes y tratamientos, nunca pude recuperarme, no pude volver a correr como lo hacía antes.

¿Por eso no pudo repetir medalla en los Olímpicos de Atlanta 96?

Claro, yo no llegué en la forma ideal para unas olimpiadas. Y la verdad creo que esa lesión me afectó por el sobreentrenamiento, porque para Barcelona yo me preparé de forma muy violenta, claro, porque también era muy joven. Cuando competí en España tenías apenas 23 años y después esa sobrecarga me la cobró el cuerpo. Uno tiene cierta reserva y si se la gasta, pues ya no hay marcha atrás, uno no puede seguir abusando de su cuerpo, y creo que en mi preparación me excedí demasiado.

¿Cómo tomó entonces la decisión del retiro?

La determinación no la tomé yo directamente. Yo me encontraba en ese momento entrenando duro para las pruebas de los 200 metros, porque los 400 ya me tenían muy desgastada. Estaba entrenando supremamente bien, pero en 1999 quedé embarazada y me tocó llegar hasta ahí.

Pero entonces no fue un retiro doloroso, porque el hecho de que iba a ser mamá...

No, al contario, a mí sí me dio muy duro. Lloré mucho, porque mi preparación venía viento en popa, me sentía bien, la lesión no me estaba molestando y apenas faltaba un año para los Olímpicos de Sídney. Fue una sorpresa, yo sé que el hecho ser mamá es una cosa maravillosa, pero no estaba preparada, fue un golpe muy duro. Pero bueno, mi Dios sabe cómo hace sus cosas y hoy tengo una niña divina de 10 años (Martina) y otra de 6 (Franka).

¿Qué cuenta pendiente le quedó en su carrera?

No me retiré plena porque siempre quise ser campeona mundial. Mi sueño era pararme en lo más alto del podio y oír el himno de Colombia, pero no pude.

¿Cómo analiza el actual nivel del atletismo colombiano?

En el ámbito suramericano estamos muy bien, de hecho en el último torneo de la región superamos a los brasileños, que es algo muy bueno. Pero cuando llegamos a los contextos mundial y olímpico, nos falta aún mucho. No tenemos los recursos suficientes para formar atletas de alto rendimiento.

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