Desafíos de otro mandato

José Miguel Insulza ha tenido la ingrata tarea de conducir la Organización de Estados Americanos en uno de los momentos de mayor polarización política. Su capacidad para sortear las presiones y críticas desde las distintas orillas permitirá que sea reelegido unánimemente.

Colombia manifestó su apoyo a la reelección de Insulza tanto como contraprestación al apoyo chileno para la reelección de Luis Alberto Moreno en el BID como por el apoyo que desde la OEA se ha brindado al proceso de paz que la administración Uribe emprendió con los grupos paramilitares. En un momento crítico del proceso con estos grupos, la OEA se la jugó a apoyar una iniciativa que fue duramente cuestionada por amplios sectores de la comunidad internacional.

Desde ese entonces la Misión de Apoyo al Proceso de Paz (Mapp) ha logrado cumplir una labor útil para el gobierno y provechosa para el país. El respaldo colombiano a la Mapp se tradujo en respaldo a las intenciones reeleccionistas del ex canciller chileno.

Para Insulza los desafíos de su segundo período serán aún mayores que cuando asumió por primera vez. En ese momento, la Organización venía de una interinidad de casi dos años luego de la salida intempestiva del costarricense Miguel Angel Rodríguez y de la interinidad de Luigi Einaudi. Mostrar que el barco tenía timonel le permitió gozar de un buen margen de maniobra en medio de una polarización creciente, cuyo punto más alto se manifestó en la crisis de Honduras.

A partir de ahora el Secretario General tiene como reto mostrar que la OEA continúa siendo una organización relevante para la discusión de los problemas hemisféricos y para la búsqueda de acuerdos entre los países de las Américas. Y mostrar como el sistema interamericano puede engranar con la creciente relevancia de los nuevos organismos regionales como la Unasur y la más reciente Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños.

Un segundo desafío tendrá que ver con la reforma de la Carta Democrática Interamericana que él mismo ha propuesto. Aquí el asunto es más complicado porque el problema no es la carta, sino la voluntad política de los Estados. Mientras en el hemisferio existan países que no les importe las violaciones de derechos humanos en Cuba pero al mismo tiempo se nieguen a reconocer los resultados de un proceso electoral en Honduras, es poco lo que un instrumento como la Carta puede hacer. Quizás habría que elevar la Carta a nivel de un Tratado Internacional y determinar así quienes realmente están comprometidos con la democracia en el hemisferio.

Por último, durante este segundo periodo de Insulza, la organización tendrá que mostrar su idoneidad para el manejo de crisis internacionales como las vividas entre Colombia y Ecuador. Dado que las causas que generan estas tensiones aún permanecen, en especial entre Colombia y Venezuela, la organización debe estar lista para actuar con prontitud y eficacia para desescalar las tensiones y restablecer el clima de confianza.

* Profesor de Relaciones Internacionales de América Latina

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