Insulza, a un paso de la reelección en la OEA

Este miércoles a las 11:00 a.m. comienza la asamblea de votación.

En 1944 llegaron a existir 19.000 tanques de guerra a órdenes de Adolf Hitler. Se movían entre las fronteras europeas como bestias de acero rodeadas por tropas de Infantería. Desde el aire, los pilotos de los aviones de combate no sólo se dedicaban a observar cómo el Panzer, con sus toneladas de metal, orientaba el rumbo de la destrucción, desde arriba también atacaban los blancos, preparando el terreno para que el acorazado diera el golpe de gracia en caso de ser necesario. Por aquellos días, en otro continente, en otra realidad, José Miguel Insulza cumplía su primer año de vida en Santiago de Chile, todavía lejos de la política, del trabajo al lado de Salvador Allende y del exilio. Ya vendrían esos tiempos y se darían las circunstancias para que en su país lo apodaran como aquellos tanques alemanes de la Segunda Guerra Mundial: el Panzer Insulza lo llamaron, o lo llaman. 

Dicen que como político no reparaba para conseguir lo que consideraba correcto. Peleaba de forma frontal como las tropas de Infantería y se refugiaba en su coraza cuando arreciaban las críticas. Así le sucedió en su época como canciller durante el gobierno de Eduardo Frei–Tagle. Quizás en la memoria de Chile no exista un hombre que haya batallado tanto para traer a Augusto Pinochet de vuelta al país.

Lo tildaron de contradictorio porque se trataba de su propio verdugo y el de otros tantos que creyeron en Allende y en la izquierda como un camino. “Mi lucha es con los principios, no con las personas”, dijo cuando lo increparon, “Chile cuenta con un poder judicial capacitado para juzgar a Pinochet”.  Insulza estaba reaccionando a la orden del juez español (1998), Baltasar Garzón, de capturar al ex dictador por el asesinato de ciudadanos españoles durante su período en el poder, la misma que se hizo efectiva en Londres. Finalmente, ante la diligencia del gobierno chileno, Pinochet aterrizó en Santiago dos años después para luego morir en 2006 sin haber sido juzgado.

Al mando de la OEA

“Vaya que es bien pendejo el doctor Insulza. Un verdadero pendejo, desde la P hasta la O”. Era una mañana de 2007 en la que el nuevo gabinete ministerial de Venezuela juraría lealtad al país. Hugo Chávez hizo un paréntesis en su discurso. En poco menos de dos minutos el presidente llamó al menos cinco veces “pendejo” al secretario general de la Organización de Estados Americanos (OEA). La burla y el insulto acompañaban las palabras del presidente, esa era su venganza.

El chileno había instado al gobierno venezolano a reconsiderar la medida que impedía concesión al canal Radio Caracas Televisión (Rctv), advirtiendo que la decisión podría acarrear implicaciones políticas. “Voy a denunciar la injerencia del secretario general y la falta de respeto en todas las cumbres a las que yo vaya en los próximos meses para ponerlo en su lugar, no le tenemos miedo (...) ¿Qué quiere ser? ¿El virrey del imperio?”

En dos años al frente de la secretaría general, era la primera vez que Insulza se sumergía en un episodio tan mediático y escandaloso. Sin embargo, el tiempo se encargaría de hacer ver el incidente como un mal menor, una anécdota sin trascendencia, cuando problemas más grandes florecieron en la región. Vino el bombardeo de Colombia al campamento de Raúl Reyes en territorio ecuatoriano con todas sus aristas, vino el levantamiento a la suspensión que desde 1962 apartaba a Cuba de la OEA y vino el golpe de Estado en Honduras. A medida que se sumaban inconvenientes crecían los cuestionamientos  y cuando los analistas coincidían con que Insulza lidiaba con el peor cataclismo de la política americana en la última época, parecía que al Panzer se le agotaba el combustible.

En Venezuela los opositores pedían la intervención de Insulza y desde ese país nuevamente se escuchaban insultos: “Señor secretario general de la OEA: no se haga el tonto, que nosotros sabemos que usted sabe lo que está ocurriendo en Venezuela; tenga vergüenza y no se convierta en un altavoz del tirano (Chávez)”, declaró Henry Ramos, secretario del partido Acción Democrática. La enmienda a la Constitución promovida por Chávez había sido avalada por las mayorías a principios de 2009 y podría ser candidato a la Presidencia cuantas veces lo quisiera. “No podría decir que es antidemocrático no tener límites, depende de cada país. El tema (de la reelección) en América Latina no sólo está siendo discutido en Venezuela, sino en varios países”, respondió Insulza.

Al secretario se le comenzó a cuestionar por su cercanía con Chávez, quien a su vez rescataba la “digna actitud” que había exhibido ante el Congreso estadounidense al declarar que no existían pruebas de que Venezuela apoyara al terrorismo (a las Farc) a pesar de que Colombia, la Interpol y los computadores de Raúl Reyes sostuvieran lo contrario.

Desde Washington, el presidente del Diálogo Interamericano, Michael Shifter, opina que “Insulza merece crédito por lo menos para poner a la OEA en el radar, aunque sólo sea para provocar controversia. Ha desempeñado un papel positivo para ayudar a reducir las tensiones entre Colombia y Ecuador durante el año pasado (...). La resolución sobre Cuba  fue un importante paso, aunque el proceso causó irritación en Washington”.

En el golpe de Estado de Honduras, de finales de junio del año pasado, también dejó una estela de duda. Insulza, plantado en una posición exigente, otorgó 72 horas de plazo para que el depuesto Manuel Zelaya retornara al país y a su cargo como presidente. Calificó de “fundamentales” las sanciones estadounidenses, que abarcaban la reducción de las ayudas económicas en un valor cercano a los US$30 millones.

No obstante, considera Shifter, se subestimó la resistencia que el gobierno de facto podía ofrecer. Estados Unidos finalmente terminó por aceptar el nuevo gobierno de Porfirio Lobo y la OEA perdió el brío de la primera etapa a pesar de haber suspendido al país de su participación en el bloque: “Vamos a preseverar el camino multilateral, de las sanciones políticas que se están adoptando en materia de visados y de acuerdos, también en las sanciones en materia de ayuda económica, pero no vamos a recurrir a recursos extremos de aislamiento, no tiene ningún sentido”, afirmaba Insulza. Entonces Chávez atacó de nuevo, cinco meses después, hablando de su amigo Manuel Zelaya: “La OEA ya no sirve para nada”. De nuevo llovieron críticas. ¿Por qué Insulza actuó sólo después del golpe? ¿Por qué no llamó la atención a Zelaya cuando mostró intenciones de ser reelecto?

A pesar de todo, con altas y con bajas, y con la sensación de que los reproches aparecían de lado y lado cuando la balanza era desequilibrada por la postura del secretario general en una arena política polarizada, el Panzer está en el tramo final de la escabrosa pendiente que muy posiblemente lo llevará a su reelección (ver recuadro), entre otras razones porque no existe otro candidato.

De ser reelecto, asegura Adam Isacson, del Centro de Política Internacional, “el reto principal será hacer de la Carta Democrática algo que tiene la especificidad de su lenguaje y el peso diplomático necesarios para hacerla de verdad una herramienta para fortalecer la democracia en la región. No será fácil”. Hoy termina un capítulo en la OEA, aunque es posible que al final del día la palabra de cierre sea, como en las historias de aventura, un “continuará...”.

Los posibles votos de Insulza

El lunes, la secretaria de Estado de Estados Unidos, Hillary Clinton, a través de su portavoz, aseguró que su país apoyará  la reelección de José Miguel Insulza. De esta manera, el actual secretario sumaría 25 votos, pues cuenta con el apoyo de la Comunidad del Caribe (14 votos), Chile, Costa Rica, Uruguay, Brasil, Colombia, Argentina, Guatemala, República Dominicana, Paraguay, Panamá y Estados Unidos, países que se han pronunciado a favor. Debido a que con la suspensión de Honduras los sufragios posibles en la OEA llegarían a 33, bastarán 17 para que sea reelecto.

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