"No quiero ser uno más": Bréyner Bonilla

El defensa colombiano jugará este jueves con Boca en la reanudación del clásico ante River, a la 1:45 p.m. por Fox Sports.

La tormenta del domingo no sólo hizo colapsar esta ciudad, donde los autos nadan en algunos de sus puntos neurálgicos cada vez que explotan las nubes. También marcó un hito en el fútbol de estas tierras. Por primera vez desde 1931, cuando se disputó el primer superclásico, no pudo terminar de jugarse el duelo entre Boca Juniors y River Plate por cuestiones climáticas.

Los aficionados quedaron tan desilusionados como empapados y hasta los principales jugadores se lamentaron por la correcta decisión de Héctor Baldassi, el árbitro que representará a Argentina en el Mundial de Sudáfrica. La Bombonera estaba anegada y la pelota se hundía en los charcos del estadio, cuyos habitantes dicen que no tiembla, late.

Pero no todos maldijeron por esta interrupción. Y el destino favoreció a un colombiano. Porque en el primer entrenamiento de la semana, un día después de la suspensión, el lateral multicampeón con la camiseta azul y oro, Hugo Ibarra, se resintió de un desgarro en el isquiotibial de la pierna derecha. Y el guiño de esa lesión le abrió la puerta a Bréyner Bonilla, el joven zaguero de Cúcuta que llegó al popular club argentino de la mano de Jorge Bermúdez.

El Patrón supo transpirar el uniforme xeneize en una de las mejores épocas del club, en el amanecer de 2000. Por eso Bonilla, 23 años y casi un metro noventa de estatura, está forjado a imagen y semejanza de su mentor. Entonces, se tiene bien ganado el apodo de Patroncito con el que fue bautizado en el vestuario de Casa Amarilla, al margen del que trajo de su país, Caballo, ese que se ganó en el Bucaramanga.

Un sueño maravilloso

Los colombianos tienen mayor noción de sus virtudes, pero a él le gusta presentarse en sociedad. Sobre todo, en la antesala de un partido tan importante. “Soy un jugador muy disciplinado en todo lo que tiene que ver con la táctica y la estrategia. Tengo muy claro que mi fuerte es la velocidad, porque soy bastante rápido. Otra de mis virtudes es el juego aéreo y en cuanto a lo técnico, creo que tengo capacidad. Gracias a Dios, no tengo inconvenientes para manejar los dos perfiles, mi pegada es idéntica con cualquiera de las dos piernas. Por ese motivo puedo jugar de zaguero central a la izquierda o a la derecha”, dice en diálogo con El Espectador este hombre al que el técnico Abel Alves utilizará en la posición central de la defensa junto al experimentado brasileño Luiz Alberto.

Si hay que dejarse llevar por sus palabras, estaríamos en presencia de un fenómeno. Lo cierto es que Bonilla ya jugó en el verano y si no tuvo una nueva oportunidad hasta ahora, fue por una lesión que lo alejó de las canchas. Pero, claro, mejor estar en este momento, en un superclásico, el sueño de cualquier amante de la pelota, ser protagonista de uno de los eventos deportivos más importantes del planeta. Tanto que el diario inglés The Observer aseguró que era uno de los 50 espectáculos que alguien debería ver en vivo y en directo antes de pasar a otra vida.

¿Cómo está viviendo esta previa del superclásico?

La verdad, es un sueño maravilloso. Todavía me estoy pellizcando. En mi país todos nos sentimos aficionados de Boca Juniors por la huella que dejaron Bermúdez, Córdoba, Serna, Perea y, últimamente, Vargas. Ellos fueron campeones de la Libertadores y llenaron de orgullo a Colombia. Ahora es mi turno y quiero responder a todo ese pasado. Si llego a un pequeño porcentaje de lo que hicieron ellos, tengo que sentirme reconfortado y satisfecho.

Sabe que un Boca-River es especial. ¿Se lo hizo sentir la gente?

Aquí, los hinchas son muy respetuosos. Más me lo hicieron sentir mis amigos y familiares, que se comunicaron conmigo cuando se enteraron de que iba a tener la posibilidad de jugar semejante partido. Yo les dije que iba a dejar todo por esta camiseta, hasta la última gota de sudor.

River Plate no llega a este partido en un gran nivel, pero al menos ganó. Además, tiene jugadores muy rápidos en ataque. ¿Ya estuvo pensando cómo frenarlos?

Creo que será clave encimar a cada uno de ellos y tratar de recortarles los espacios para que no puedan dejar de jugar de espaldas al arco. Hay que poner el cuerpo, siempre con lealtad, claro.

¿Cómo juega en su cabeza la presión? ¿Tiene claro que este partido puede marcar su futuro en el club?

Cada vez que entro al campo de juego, lo hago con fe. No dejé Colombia para ser uno más. Vine a Argentina para mostrar todo lo que sé y mi objetivo es, tarde o temprano, ganarme un lugar.

¿Le genera una cuota de ansiedad extra este partido?

El nerviosismo es común antes de cada partido. Pero a la hora de entrar a la cancha, uno deja todo de lado, se olvida de lo que pasó antes del pitazo del árbitro.

¿No le preocupa el bajo rendimiento del equipo, que sólo pudo ganar un partido en diez fechas?

Todo se equilibra en el momento en que la pelota empieza a rodar. Y cualquiera le puede ganar a cualquiera. Los jugadores de River no son más que los nuestros.

Dicen que para ser marcador central en Boca hay que tener cara de malo…

Cara de malo no tengo, pero carácter no me falta. Me gusta mostrarme agresivo a la hora de ganar la pelota. Eso me lo inculcó el profesor Humberto Ortiz. Y lo mismo me enseñó el Patrón Bermúdez. Él me dijo: “Un zaguero central jamás tiene que abandonar una pelota, siempre tiene que buscarla”. Y esa es mi meta en cada partido. Me siento líder y trato de transmitir esa confianza al resto.

¿El sueño es afianzarse aquí para luego tener alguna oportunidad en la selección?

Es otra ilusión que tengo. Pero hay que ir despacio, sin apuro. Con esfuerzo, todo llega. Y yo trabajo duro.