Desde el miércoles 31 de marzo ‘Non Solum’

Sergi López hizo un nombre en el cine francés, a pesar de su origen catalán.

Inició su carrera en el cine de la mano del director francés Manuel Poirier y todo por responder a un cartel que buscaba a un actor con acento español. Hasta ese entonces, el año 1999, Sergi López era un actor en formación que probaba suerte en París. Pero junto a Poirier inició una carrera fuera de España, como él mismo lo afirma: “Sus cinco primeras películas fueron mis cinco primeras. O sea que es el gran culpable de que yo sea actor de cine”.

Ahora llega a Colombia con una exitosa puesta en escena unipersonal que dirige Jorge Picó y que lo devuelve a su Cataluña natal y a un director con quien comparte las enseñanzas del maestro francés Jacques Lecoq. López habló con El Espectador.

En su concepto, ¿en qué se diferencian el cine francés y el español?

Pues la verdad, es que parece una broma, pero se diferencia, sobre todo en la lengua. Porque más allá de ésta, el funcionamiento habitual de un rodaje es constante. Hay más diferencia entre directores que entre países.

¿Qué le sedujo del teatro para regresar y renunciar a la visibilidad masiva del cine?

Bueno, el teatro es el origen de todo. Tiene algo más puro, más ancestral, que es del contacto directo con el público. En cine, cuando actúas, estás solo porque todo el mundo se calla a tu alrededor y alguien dice “acción”, y te sientes muchas veces un poco abandonado. Pero no cuentas con la referencia que tienes en teatro, más allá del estilo de la obra. Aunque tú no quieras, la presencia del público es la que te da el ritmo de verdad y esa situación es muy fuerte… Disfrutar de una obra de teatro en que todo es tan intangible, que no podéis repetir las cosas, sino que está todo lleno de presente. Es una sensación brutal para un actor.

¿Qué reto representa esta obra para usted actoralmente?

El reto es ir más allá de tener una propuesta teatral, un texto. Es decir, ir un poco más allá del hecho de conocer el nombre del intérprete. La gente tiene la referencia de mí relacionada con el cine y en Non Solum, el reto es olvidarse de eso. Es decir, es un texto surrealista, extraño, pero muy cómico, y el reto es que esto llegue directamente a las venas: proteger ese momento privilegiado entre el público y yo.

A Jorge Picó lo conoce desde hace años. ¿Cómo ha sido el trabajo con él?

Nos conocimos en París, pero en realidad cuando estuvimos en la escuela no trabajamos juntos. Son aquellas cosas que ocurren en la vida, a veces, con los matrimonios (risas), o las parejas artísticas, que no saben muy bien por qué, pero siempre se encuentran. Con Jorge ha sido realmente un gran encuentro, somos muy diferentes y, sin embargo, hay algo muy fuerte que nos une, que son las enseñanzas de Jacques Lecoq, el teatro, la escritura… ha sido un terreno en el que hemos descubierto aquello que no se puede sustentar. Es decir, entender al teatro como una escritura, no solamente como un sitio para mostrarse, sino un utensilio para decir cosas y poner un granito de arena para cambiar el mundo.

¿En qué cree que radica el éxito de esta obra?

Creo que radica en que, siendo como es, una obra que habla de cosas poco convencionales, siendo una obra que no tiene un argumento, no tiene un personaje, no tiene una historia, no tiene un principio, siendo un viaje, acaba llegando de forma muy directa a un público a través del humor. Hay algo disfrazado de ligero, pero la obra está llena de cosas profundas que pienso que tienen sentido en Colombia, como en Cataluña, como en Camerún.

Cataluña es el invitado de honor al XII FITB. ¿Qué particularidades tiene la dramaturgia catalana?

Seguramente el teatro tradicional o de tradición escrita sí estaba más sujeto a las particularidades, digamos, de la zona, pero hoy tenemos la suerte de tener influencias de todo el mundo. Una gran cosa que ha tenido siempre Cataluña es que estando dentro de España está cerca de Francia, y con un ojo puesto también en los anglosajones, con un lazo fuerte con Suramérica. Pienso que una de sus riquezas es que intenta trascender las fronteras. Me gustaría creer…

¿Qué director de teatro considera como el más grande?

Soy demasiado ignorante para tomar partido por uno. Qué te puedo decir, ahora mismo estoy enamorado de Picó, que me ha ayudado a adquirir la obra y que tiene una visión muy lúcida, que es muy generoso escuchando o aceptando los universos de los otros, que siempre aporta un punto de vista inteligente. Para mí es un hallazgo, un encuentro brutal. Pero escoger a uno en el mundo, no me atrevo.

¿Soñabas ser actor de niño?

Actor fue el primer oficio que soñé, pero ya tenía 17 o 18 años. Pero no digo, hacer cine, ir al Festival Iberoamericano de Teatro de Bogotá… Mi sueño no era tanto, mi sueño era solamente llegar a ganarme la vida actuando. Así que he ganado muchísimo de mis mejores sueños.

Para terminar, ¿qué tipo de cine prefiere?

Prefiero el tipo de cine que, en lugar de preocuparse por las entradas que va a hacer en un futuro, se preocupa por las mejores maneras de contar una historia. A mí me gustan las historias que cuando te las cuentan tienes la sensación que solamente aquella persona podría contar una así.

‘Calígula’, la apuesta  de Pandur

Inspirado en Calígula, obra del premio Nobel Albert Camus, escrita en 1938 y llevada a escena por primera vez en 1945, esta obra trae, al mejor estilo del director esloveno Tomaz Pandur, una enorme apuesta por la espectacularidad de la escenografía.

Los personajes, que oscilan entre la crueldad y la frialdad, son imperiosos y el poder que tienen de expresar su condición se multiplica con los estallidos del espejo de agua, que sirve de piso, y los reflejos que ésta proyecta sobre la escena.

Pandur, una vez más, le apuesta a un texto que se adapta en su teatro laboratorio a la estética y la escena que ya lo ha hecho característico y reconocido en el Festival Iberoamericano de Teatro, en el que se presenta por tercera vez.

Teatro Jorge Eliécer Gaitán, Cra. 7ª N° 22-47. Tu boleta, 5 93 63 00.

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