Perspectivas de libertad

El país se alista para la liberación de Pablo Emilio Moncayo, pero, ¿qué pasará después?

Si la hoja de ruta trazada se sigue al pie de la letra, si el clima no les juega una mala pasada y si la decisión de las Farc sigue siendo “irrevocable”, mañana la familia Moncayo Cabrera presenciará el fin de su peor pesadilla y Pablo Emilio, el hijo pródigo a la fuerza, regresará al sitio donde siempre perteneció. Ningún colombiano habría tenido cómo dimensionar que aquel ataque de las Farc al cerro de Patascoy el 21 de diciembre de 1997 se convertiría en un deplorable cautiverio de 4.471 días. A la luz de las leyes colombianas, Moncayo habría tenido que cometer un crimen tan grave como homicidio, esclavitud sexual o actos de barbarie para pasar tanto tiempo en encierro.

Después de la liberación de el domingo y de la que se producirá mañana, quedarán confinados en la manigua 21 militares y policías ‘canjeables’, entre ellos el sargento Libio José Martínez. A partir de este martes, Martínez pasará a merecer la atroz designación de ser el plagiado más antiguo del mundo, y ahora que las Farc, a través de la senadora Piedad Córdoba, anunciaron que no habrá más gestos unilaterales y que la suerte de los demás cautivos dependerá de un intercambio humanitario, el panorama se puso color de hormiga para las familias de estos secuestrados. Así las cosas, el gobierno Uribe tendría cuatro meses y una semana para concretar el acuerdo que no se alcanzó en ocho años.

El asunto estaría, entonces, en manos de quien ocupe la silla presidencial el próximo 7 de agosto. Sin embargo, hasta el día de hoy ninguno de los candidatos ha exhibido interés alguno en un contacto directo con esta organización insurgente. Luego de que, hace unos días, la guerrilla manifestara que no era necesario el despeje para llevar a cabo el intercambio, la respuesta de los competidores por la Casa de Nariño fue tajante: nadie cree en la buena voluntad de las Farc. Mockus expresó que dejaría en manos de la Cruz Rojas los diálogos si la posibilidad del acuerdo se abriera, pero en los demás, el rechazo fue general.

Ya en varias ocasiones así lo han dejado establecido. Juan Manuel Santos, candidato del Partido de la U, ha calificado las liberaciones de “show político” y dijo que sólo se sentaría a conversar con la guerrilla si ésta deja de cometer secuestros, extorsiones, atentados, si deja de traficar con drogas y de reclutar niños: “Con terroristas no negociamos”. Hace un par de meses el liberal Rafael Pardo firmó un compromiso con los ciudadanos de Pradera y Florida (Valle) de no crear allí una zona de despeje militar, e indicó que con una guerrilla que mantenga en su poder a personas por más de 10 años no puede hablarse de diálogos de paz o de estatus de beligerancia.

El jefe de Cambio Radical, Germán Vargas Lleras, recibió la propuesta del intercambio sin despeje con escepticismo. Hace un par de años el candidato del Polo Democrático, quien relacionó el canje con una dejación de armas, sugirió denunciar a las Farc ante la Corte Penal Internacional por incurrir en crímenes de guerra contra los uniformados que mantienen como cautivos. De boca de la conservadora Noemí Sanín han salido frases como “de diálogo nada, tenemos es que derrotarlas”, y el único que se ha mostrado a favor del intercambio es el ex alcalde de Medellín Sergio Fajardo. No obstante, mientras los desacuerdos y las polémicas continúan, los únicos damnificados resultan ser los mismos de siempre: los secuestrados y sus familias.

Buscando salidas para los cautivos

Que dos delegados, uno del Gobierno y otro de las Farc, se reúnan en territorio de algún país vecino para negociar la liberación de los 21 uniformados que aún quedan en la selva y de los dos cuerpos de quienes murieron en cautiverio, en caso de que la guerrilla no entregue sus restos antes. Así se resume la propuesta que la organización civil Colombianos y Colombianas por la Paz, a través del alto comisionado Frank Pearl, le hizo conocer al presidente Álvaro Uribe y que El Espectador pudo establecer que será divulgada por el grupo esta semana. Una de sus integrantes, Lilia Solano, confirmó que las Farc ya han sugerido nombres de posibles voceros y que varios países vecinos, encabezados por Brasil, han ofrecido sus territorios para el encuentro. El colectivo aseguró, incluso, que no exigirían la participación de la senadora Piedad Córdoba.

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