Pensamientos que curan

Científicos comienzan a dar la razón a los budistas: nuestra mente sí influye en el cuerpo. Pacientes con cáncer y enfermedades crónicas aprenden a pensar y sentir de otra manera.

Dharamsala, una ciudad al norte de la India, es considerada por los tibetanos su segundo hogar. Tras la persecución china, un gran número de  pobladores del Tíbet encontraron en este rincón de la cordillera de los Himalayas, un lugar tranquilo para vivir gracias a la condescendencia y protección del gobierno hindú.

En Dharamsala está ubicada la residencia de Tenzin Gyatso, el decimocuarto Dalai Lama, y desde 1987 el líder religioso abre las puertas de su hogar para albergar a destacados científicos y discutir con ellos posibles puntos de encuentro entre la milenaria tradición budista y los más recientes avances de la ciencia.

Como lo recuerda Sharon Begley, editora de la revista Newsweek en su libro Entrena tu mente, cambia tu cerebro (Editorial Norma 2008), la pregunta que ocupó la atención del Dalai Lama y su selecto grupo de invitados en 2004 fue la misma pregunta que ha atormentado a filósofos, médicos y hombres de ciencia por siglos: ¿Cuál es el poder de la mente para cambiar el cerebro?

Fred Gage, del Instituto Salk de la Jolla, California; Michael Meaney, de la Universidad de McGill de Montreal; Helen Neville, de la Universidad de Oregon, y Phillip Shaver de la Universidad de California, todos neurocientíficos que han desarrollado investigaciones en torno a la capacidad del cerebro para transformarse a lo largo de la vida (neuroplasticidad), examinaron desde su perspectiva una creencia que ha acompañado a los budistas por más de 2.500 años: la mente es una fuerza capaz de influir en el mundo físico, en nuestro cuerpo.

“Hay muchos paralelos evidentes entre los hallazgos neurocientíficos y la literatura budista”, resumió Francisca Cho, experta en budismo de la Universidad de George Washington y entrevistada por Begley, “el budismo es una historia en la que sentimos dolor y sufrimiento y tenemos el poder para cambiar eso. Los hallazgos científicos sobre la neuroplasticidad suponen un paralelo con la narrativa budista de la iluminación, porque muestran que aunque tenemos formas muy arraigadas de pensar y que el cerebro está parcialmente predeterminado, también tenemos la posibilidad de cambiar”.


Meditación en el hospital

Pero así como los budistas han abierto las puertas de sus templos para dialogar con los científicos, también un gran número de éstos han llevado a sus hospitales y consultorios las prácticas budistas. Uno de ellos es Steve Hickman, profesor de psiquiatría de la Universidad de California en San Diego.

Hickman coordina un grupo de meditación (mindfulness) para pacientes con enfermedades crónicas y cáncer en el Moors Cancer Center de San Diego, California. Los pacientes, además de recibir  tratamientos convencionales, tienen la oportunidad de asistir a sesiones en las que Hickman los entrena para cambiar su forma de pensar. Como le explicó a El Espectador, este tipo de meditación apunta a que los pacientes descubran que “sólo tenemos este momento, el presente, sólo podemos actuar aquí. Cuando nuestra mente vive en el pasado o el futuro aparecen los problemas”.

Según Hickman, al juzgar cosas que no podemos cambiar añadimos estrés, miedo y ansiedad a nuestras enfermedades empeorando su pronóstico. En un libro aún por publicar, Hickman recuerda el caso de uno de sus pacientes, ex futbolista y hombre de negocios, quien batalló por años con un dolor crónico e incapacitante: “Siempre había sido un luchador. Fui jugador de fútbol y triunfé en los negocios siendo fuerte y competitivo, y cuando me lesioné y el dolor persistía a pesar de las múltiples cirugías, seguí luchando contra él. Después de practicar la meditación, encontré que en vez de pelear con el dolor, podía danzar con él. Eso fue increíble!”.

Estudios de la Universidad de Massachusetts, donde se desarrolló el programa que Hickman aplica, han demostrado que en los pacientes que practican meditación se activan zonas de la corteza cerebral asociadas al control de emociones como la ansiedad y mejoran algunos parámetros de su sistema inmunológico.

La conexión mente-cuerpo

Ariel Alarcón, psiquiatra de la Clínica de Marly, y quien ha implementado un programa de psicoterapia para pacientes con cáncer, no duda en los beneficios derivados de prácticas como la meditación y terapias cognitivas. Hace unos meses, sus colegas del área de nefrología lo buscaron para relatarle el caso de un paciente que había sido trasplantado y  para asombro de todos, no tomaba ciclosporina, el medicamento indicado para mantener bajo control al sistema inmunológico y evitar el rechazo del órgano trasplantado.

“Hablé con el paciente y me contó que hacía meditación trascendental. Según él, de esa manera evitaba que su cuerpo rechazara el riñón, pero en las épocas en que dejaba de meditar, su cuerpo comenzaba a rechazarlo”.

Más allá de este caso anecdótico, Alarcón ha estado interesado por las investigaciones de un colega suyo en Canadá, Alastair Cunningham, del Ontario Cancer Institute. Cunningham ha sido un abanderado en las investigaciones que intentan establecer un puente entre nuestros pensamientos, creencias y emociones y el curso de enfermedades como el cáncer.


“En un grupo de 30 a 40 pacientes con cáncer que practicaron ejercicios de autoconciencia y técnicas para reducción del estrés, el equipo de Cunningham logró probar que ocho alcanzaron tasas de sobrevida superiores a las esperadas”, comenta Alarcón.

¿Cuál es el camino que recorren nuestros pensamientos para impactar positivamente nuestra salud? Ahí está el rompecabezas que los científicos aún no logran armar (ver recuadro). En palabras de Alarcón “la investigación es muy compleja, porque no están claras las vías moleculares a través de las cuales ocurre ese fenómeno, la interacción entre nuestro cerebro y sistemas como el inmunológico y el endocrino”.

Efectos de la meditación en el cuerpo

Alberto Pérez de Albéniz y Jeremy Holmes, psicoterapeutas del North Devon General Hospital en el Reino Unido, publicaron en el año 2000 un estudio en el que recopilaron la evidencia científica sobre los efectos de la meditación en el cuerpo.

Mayor actividad cardiaca

Relajación muscular

 Interrupción de la producción de C02 en los músculos

Aumento de la circulación sanguínea en el cerebro

Disminución de flujo sanguíneo en el hígado y los riñones

Menor frecuencia respiratoria

Intensidad de ondas alfa en las regiones centrales y frontales del cerebro, así como una mayor activación del hemisferio derecho al que se le atribuyen cualidades espaciales, intuitivas y no verbales

Incrementos del pH de la sangre durante la meditación y una reducción después de ésta

Descenso en el lactato plasmático

Cambios en los patrones del metabolismo de la glucosa

Disminución de la actividad adrenocortical y menor secreción de cortisol (la hormona del estrés)

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Pablo Correa

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