En sus marcas, listos… ¿ya?

Gustavo Petro anunció que durante su gobierno empezará la implementación de un sistema de pago por congestión con el fin de aliviar el trancón, y que a partir de su puesta en marcha vendría el desmonte progresivo del Pico y Placa. ¿No se estaría apresurando?

El esquema consiste en que para entrar a ciertas zonas de la ciudad, quienes opten por utilizar el auto particular, deberán pagar una tarifa, cuyo recaudo se destinará a la ampliación y el mejoramiento del sistema de transporte público. Sistemas como el planteado funcionan con éxito en varias ciudades del mundo, siendo quizás Londres, Singapur y Estocolmo los casos más conocidos y citados.

Hay que aplaudir esta apertura del nuevo alcalde de buscar en los éxitos de otras ciudades, alternativas a los problemas de Bogotá. Pero para ello hay que informarse a fondo y partir siempre de reconocer la naturaleza y posibilidades de la ciudad con objetividad.

En medio del debate que abrió su propuesta, y sus alusiones a ejemplos internacionales para respaldar sus ideas, un twittero le dijo: “Hombre, cómo va a comparar el circuito de movilidad parisino o londinense con el bogotano; aquí se usan autos porque no hay más”. Otro le preguntó: “¿Eso sí se puede comparar así de fácil?”. Razonable pregunta. Petro respondía invitando a otro incrédulo a que conociera el sistema de San Francisco, Estados Unidos para que viera que la idea “sí funciona”.

Interesado en la evidencia, busqué en Google y Wikipedia. ¿Saben hace cuánto contempla San Francisco la posibilidad de adoptar el sistema? Desde 2004. Los estudios sólo empezaron en 2006. ¿Prueba piloto? Será en 2015. Hoy no ha entrado en funcionamiento. ¿Desconocimiento? ¿Ligereza del alcalde?

Los esquemas de Londres, Singapur y Estocolmo hacen parte de un amplio conjunto de estrategias dirigidas a administrar la demanda del tráfico —altos costos sobre la propiedad de los autos, rigurosas políticas para el estacionamiento, fuerte cultura de la bicicleta— pero, lo más importante, se apoyan en sistemas públicos de transporte con calidad y cobertura superiores al de la Bogotá de 2013 (con Fase III de Transmilenio y SITP debidamente implementados).

La implementación del sistema es bastante más compleja de lo que puede sonar la idea. Toma tiempo, requiere de estudios, cuesta y, además, suele padecer de resistencia política y escepticismo ciudadano. ¿Realmente se siente preparado el alcalde Petro para introducir prontamente un sistema de estos que garantice su éxito? ¿Está lista la ciudad?

Bogotá nos exhorta: No más improvisación.

* Director de www.miblogota.com

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Germán Sarmiento*

Bogotá

En sus marcas, listos… ¿ya?

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