Explosión en Suba prende de nuevo el debate: ¿Infiltración en las universidades?

Tres universitarios murieron mientras fabricaban papas bomba. Autoridades dicen que tenían panfletos alusivos a la guerrilla. Analistas opinan.

De repente, alrededor de la una de la mañana, el conjunto cerrado Fontana Grande, en el barrio Lombardía de Suba, quedó convertido en escenario de guerra. Con un olor muy fuerte como aviso previo del terror, una explosión se sintió en la zona rompiendo vidrios y tejas en 65 viviendas, afectando estructuralmente otras cuatro casas que tendrán que ser evacuadas y averiando 21 vehículos. Tres jóvenes estudiantes de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad Pedagógica murieron. Hay un herido grave y otras 10 personas con lesiones leves.

La Policía Metropolitana explicó en la mañana que los tres jóvenes (Daniel Andrés Garzón, Óscar Arpos y una mujer sin identificar aún), de entre 19 y 22 años, se encontraban en el tercer piso de una casa manipulando 10 kilos de explosivos artesanales. Habían estado ingiriendo licor. En el lugar se encontraron documentos con instrucciones para hacer papas bomba. Y panfletos alusivos a Jaime Bateman, a una supuesta nueva facción del M-19 y a las Farc. Los padres de uno de los jóvenes dormían en el primer piso de la casa.

“Menos mal que la explosión ocurrió en el tercer piso y no en el primero”, le dijo a este diario el comandante de la Policía Metropolitana, general Luis Eduardo Martínez, “si no aquí toda esta gente se nos muere por la onda explosiva”.

El Distrito anunció que les entregará a los afectados tejas, kits de noche y plásticos para tapar las ventanas.

La Universidad Distrital envió un comunicado lamentando el hecho, ofreciendo su ayuda a las autoridades y haciendo un llamado a la reflexión.

Es precisamente este llamado el que abre el viejo debate de la infiltración de la guerrilla en las universidades. El general Martínez dijo que los padres tenían que hacerse responsables, pero también llamó a rectores y a estudiantes a discutir porque “sin duda, continúan actuando los personajes que buscan incautos en las instituciones para ponerlos al servicio de grupos subversivos”.

Lo de los tres jóvenes se suma a la reciente muerte de un estudiante en Tunja (Boyacá) que también resultó herido con explosivos durante una manifestación. Ambos hechos aumentan el debate.

Desde el año pasado, tras las manifestaciones contra la reforma a la educación, se ha desatado una polémica con la denuncia de las autoridades de la infiltración de miembros de las Farc en las universidades públicas, dedicados a agitar las manifestaciones pacíficas, que terminan así en enfrentamientos y hechos de orden público. A través de un trabajo oculto, mimetizadas en organizaciones juveniles, conjuntamente con integrantes del Partido Comunista Clandestino y el Movimiento Bolivariano, estas células se han ido insertando en organizaciones legalmente constituidas que hoy son un desafío.

La Policía ha logrado identificar movimientos que aparentemente se habrían infiltrado, como las brigadas Irma Franco y Darío Betancourt, las Ovejas Rojinegras, el movimiento Jaime Bateman Cayón o las juventudes del M-19. Estas y otras células harían parte de un gran proyecto insurgente denominado Movimiento Revolucionario Unificador del Pueblo (MRUP).

En Bogotá, los organismos de seguridad ven con particular preocupación la infiltración en la Universidad Nacional, la Distrital y la Pedagógica. En estos tres claustros, al parecer, se mueven los clanes Jaime Bateman, Simón Bolívar, Camilo Torres y Jorge Eliécer Gaitán, y los llamados núcleos bolivarianos María Cano y Juan de la Cruz Varela. También figuran el Movimiento Libertario Camilista, el clan Policarpa Salavarrieta, las llamadas Ovejas Rojinegras y el Movimiento Estudiantil Revolucionario (MER). La mayoría de estos grupos opera en células de cinco integrantes.

Frente a esta apreciación, el investigador Ariel Ávila, de la Corporación Nuevo Arco Iris, indicó que el episodio en Suba no puede ser una nueva oportunidad para satanizar al movimiento estudiantil ni pretender vincularlo con los grupos armados ilegales: “Si bien es cierto que hay agitadores, el tema de la infiltración de la guerrilla en el movimiento estudiantil es marginal”.

Para Ávila, detrás de esta situación existen factores de fondo que están llevando al movimiento estudiantil a un escenario donde se le exige con más fuerza ser escuchado, pero debido a situaciones como las que se registraron en la última semana, el movimiento está generando desaprobación social.

Para evitar este tipo de situaciones, Ávila le dice al Gobierno que debe ser más estricto en el control de la venta de aluminio negro y pólvora negra, elementos que se usan para fabricar las papas bomba.

Al respecto, uno de los voceros de la Mesa Amplia Nacional Estudiantil (MANE), Jairo Rivera, rechazó que se hable de “una enorme infiltración subversiva en las universidades y, en cambio, no se mencione la infiltración de la Fuerza Pública en dichas instituciones”.

“El debate de fondo tiene que ser el inconformismo de muchos. No podemos cohonestar la criminalización de la universidad”, agregó el estudiante.

En medio de la polémica también dio su opinión el secretario de Gobierno, Antonio Navarro, quien pidió investigar la responsabilidad de los padres de los tres jóvenes fallecidos y, de paso, aprovechó para advertir que es absurdo meter al M-19 en la discusión, pues éste “desapareció hace rato”.