La ciudad de las mil caras

Esta muestra recorre las fachadas de la capital para revelarle al ciudadano las variadas facetas de su arquitectura.

Caprichos bogotanos: fachadas de la ciudad contemporánea es una exposición, montada actualmente en el Museo de Bogotá (antigua casa del virrey Sámano), que rescata la fachada de un edificio como uno de los elementos primordiales en la interacción entre el ciudadano y el paisaje urbano; una lectura de ciudad a partir del primer elemento que establece el contacto entre la construcción y el transeúnte, el edificio y el habitante.

La muestra, ganadora de la convocatoria “La ciudad patrimonio de todos”, del Instituto Distrital de Patrimonio, es el resultado de un trabajo que comenzó formalmente en noviembre de 2009, luego de que Íngrid y Boris Quintana sortearan los trámites necesarios para acceder a los $50 millones que otorgó el Instituto para organizar la exposición, pero que venía gestándose en la mente de Íngrid desde sus días como estudiante de arquitectura en la Universidad Nacional.

En alguna de las tantas caminatas que Íngrid realiza por Bogotá nació la idea de la exposición. Fue tomando forma con los pasos, con cada parada en las esquinas. Después vinieron los días de la revista de arquitectura que realizó con sus compañeros de universidad, y ahí la idea ya era más forma que concepto, algo casi tangible.

“La obsesión con la fachada es que muchas veces ésta no sólo es el primer puente entre la arquitectura y el ciudadano, sino el único”, dice Íngrid. La exposición lanza al aire preguntas interesantes acerca de cómo el ciudadano de a pie construye una relación con su entorno partiendo de su interacción con la cara de las edificaciones. “Uno de los elementos que guía el recorrido por la muestra es la pregunta acerca de qué tipo de ciudad queremos, cómo deseamos que se vea, así como también elabora un cuestionamiento por el modelo de urbe que hemos construido”, explica Quintana.

Caprichos bogotanos se divide en tres secciones: caprichos de arquitectos (en donde se exhibe, con un cierto orden cronológico, el desarrollo arquitectónico de la ciudad a partir de las fachadas de distintos estilos y épocas), caprichos espontáneos (una colección de intervenciones realizadas, tanto por arquitectos, como por ciudadanos sin un título en esta disciplina, que han generado espacios y cambios interesantes en distintos lugares de Bogotá) y caprichos imposibles (una sala interactiva en la que el visitante puede, mediante una aplicación de computador, elaborar su propio paisaje urbano).

Uno de los componentes más interesantes es el grado de interacción que la exposición propone, un elemento presente no sólo en la última sala (diseñada específicamente para este propósito), sino a lo largo de toda la muestra. En cierto momento aparece ante el visitante un amplio panel de acrílico con un contorno de ciudad establecido que invita al bogotano a dibujar, marcador en mano, el resto del paisaje: imaginar la ciudad soñada para dejarla como parte de la muestra.

El grueso de la exposición lo componen cientos de fotografías, tomadas a lo largo de cinco meses, que abarcan fachadas, no sólo de edificios emblemáticos, grandes hitos arquitectónicos de ayer y hoy, sino anónimos inmuebles perdidos entre la geografía urbana de Bogotá.

Toda la reflexión suscitada por la muestra, en el año del Bicentenario de la Independencia, sirve para cuestionar qué ciudad se está construyendo para el futuro. Las fachadas revelan no sólo las mil caras de una Bogotá que, como muchos centros urbanos de Latinoamérica, ha crecido desorganizadamente, sino que sirven de paneo por la historia de una ciudad que busca renovarse a partir de la infraestructura y la planeación para enfrentar los siguientes 100 años de vida con un poco menos de caos.