La extorsión viaja en buseta

Es el mismo fenómeno de las comunas de Medellín. Adolescentes armados fijan cuotas a los transportistas bajo amenaza de muerte o daños al vehículo. Policía ya atrapó a dos.

Tomar transporte público en Bogotá no sólo es una pesadilla por los trancones, el sobrecupo o el raponazo a que se exponen los ciudadanos en algunas de las vías más concurridas de la ciudad. Cada vez lo es más por los atracos a pasajeros y a los mismos conductores del vehículo. No era novedoso oír este tipo de historias en localidades como Ciudad Bolívar, Usme y Kennedy. Lo que no pasaba hace mucho rato era que los transportistas, cansados de las vacunas y los atracos en el vecindario, decidieran bloquear una vía en horario nocturno y acordaran no cubrir más una ruta.

Así ocurrió el miércoles en Aguas Claras, un barrio de los cerros orientales ubicado en la localidad de San Cristóbal. Cerca de 50 conductores de los vehículos de transporte público, que cubren la ruta entre ese sector y Fontibón, decidieron apagar motores desde la noche del miércoles, tal y como lo reportó Caracol Televisión, y hasta el cierre de esta edición no habían reanudado el servicio. Todo esto sucede en momentos en que el ministro de Defensa, Rodrigo Rivera, pide judicializar a quienes paguen extorsiones por considerarlos auxiliadores de los criminales.

Se cansaron de que un grupo de adolescentes armados con revólver y cuchillos los atracaran a la entrada del barrio o les fijaran una cuota (que iba de $2.000 hasta $200.000, según la necesidad del infractor), la cual cobraban religiosamente aprovechando las paradas que los vehículos deben hacer ante la cantidad de huecos que hay en el sector. Los aburrieron las lesiones a las que se sometieron quienes se atrevían a incumplir con los pagos ilegales.

Es el mismo fenómeno que terminó tomándose a Medellín y que este diario denunció desde febrero pasado. En la Comuna 1 de la capital antioqueña el cobro ilegal por ruta llegaba hasta $80.000 y se hacía dos veces por semana. La misma Policía de la ciudad reconocía que los 3.200 buses del área metropolitana pagaban en promedio $36 mil semanales. Y, al igual que en el caso de Bogotá, los encargados del recaudo eran adolescentes infractores que sembraban el terror con cuchillos y armas de fuego. Se tomaron el negocio del transporte del mismo modo que ocurrió hace ya varios años en municipios de la costa dominados por la mafia.

De historias como estas se alimentan con periodicidad las cifras oficiales. Uno de los últimos casos de violencia en el transporte público en Bogotá se registró este año, en Patio Bonito, cuando dos menores fueron violadas en el interior de un bus, hecho que despertó la indignación de la comunidad.

Este jueves, uno de los integrantes de una banda que se dedicaba a asesinar camioneros en Soacha para robarles sus vehículos aseguró, durante el juicio que se le sigue por estos hechos, que recibió ayuda de por lo menos 10 agentes de la Policía para cometer los crímenes. Sin embargo, al proceso sólo han sido vinculados tres uniformados, uno de los cuales se cree es el cabecilla de la banda.

El sector bogotano de Aguas Claras, como las comunas de Medellín, es una zona deprimida en la que los habitantes tienen que rogar a diario para contar con la suerte de abordar un colectivo o bus que los lleve a su trabajo, así sea amontonados como en una lata de sardinas. La inseguridad es problema eterno, pese a que linda con el Batallón de Logística y está ubicada a pocas cuadras de una estación de Policía. El río Fucha, que los separa del batallón, es usado como escondite por delincuentes que atracan con machetes a los ciudadanos cuando van a bañarse en ese caudal lleno de peces, que metros más abajo ya está contaminado.

Ante el paro de los transportadores, la Policía Metropolitana activó un operativo con agentes encubiertos en función de inteligencia y un grupo de uniformados que verificaban antecedentes judiciales en la zona. Según el comandante de la Policía Metropolitana, Francisco Patiño, dos personas ya fueron capturadas.

Dichas noticias no convencieron a los conductores para reanudar labores este jueves. Ellos creen que la banda es mucho más grande y que los jefes no han sido apresados. Entre tanto, surgieron desconcertantes declaraciones de algunos líderes comunales que les reclamaban a los transportistas por no prestar el servicio y hasta les decían que si no querían trabajar tenían que quitar sus carros de la vía.

Aseguran que permanecerán allí hasta que tengan garantías para continuar laborando. Entre tanto, se asomarán sólo a la parte baja del sector, junto a la antigua finca San Jerónimo del Yuste y a las frágiles viviendas que se extienden por el barrio con una vista envidiable sobre la gran ciudad.

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