En defensa del patrimonio

Expertos en arquitectura y arte debatirán acerca de los retos que la conservación tiene en las ciudades de hoy. Entrevista con Ned Kaufman, invitado  al evento.

Ned Kaufman es doctor en historia del arte de la Universidad de Yale, en Estados Unidos, y un experto mundial en la conservación del patrimonio cultural, un tema que hoy es entendido, más que una preocupación estética de los arquitectos, como una política que debe estar ligada a la planificación y al desarrollo de las ciudades.

¿Qué debe ser entendido como patrimonio arquitectónico?

En vez de ofrecerle una definición le digo lo siguiente: en el campo de la conservación, muchas veces trabajamos para el ciudadano del futuro y estamos pensando siempre en lo que ellos van a querer que sea conservado. Sin embargo, nuestros clientes reales, por decirlo de alguna forma, son nuestros compatriotas de ahora mismo. Proteger el patrimonio es una acción social que debería ayudar al bienestar de la sociedad de hoy.

¿Cuál es la importancia de proteger el patrimonio de una ciudad?

Hay muchas cosas de la protección del patrimonio que son importantes. La protección del patrimonio le da al pueblo un sentido de estar conectado con un lugar, con una ciudad, un barrio, con una tradición, que es un factor invaluable para una sociedad. El cambio desordenado es muy malo para la gente. Introduce problemas sociales de todo tipo. La estabilidad de la tradición cultural local vale mucho para los residentes de un lugar. La conservación del patrimonio tiene relevancia económica en temas como el turismo, el desarrollo sostenible de los barrios y las viviendas. También tiene un valor en términos de identidad cultural del país y la ciudad.

¿Cuáles son los retos de la protección del patrimonio en una ciudad que se desarrolla rápidamente?

Hay dos grandes retos. Uno es el crecimiento acelerado, que trae intereses económicos. Por ejemplo, para un constructor puede resultar más rentable demoler un bien patrimonial para construir nuevos edificios. El otro desafío tiene que ver con la pobreza y la falta de inversión. Ese es un problema que también existe en Estados Unidos en ciudades que tienen vecindarios en donde se dejó de invertir hace muchos años; la población también ha decrecido en estos lugares y así los bienes se deterioran y el sentido de la tradición local va desapareciendo. Esos dos son los desafíos más grandes: el desarrollo y la falta de inversión.

Entonces, ¿cómo conciliar los intereses económicos de una ciudad en desarrollo con la protección del patrimonio?

Una solución es la promulgación de normas, por parte de la ciudad, que impidan demoler los bienes culturales. En muchos casos resulta que cuando se declara patrimonio un bien, su valor sube, entonces, en vez de impedir una ganancia, la declaratoria la promueve. No es necesario que la propiedad sea demolida para construir algo nuevo. Ahora, esto funciona cuando el valor del suelo está estable. Cuando no, el gobierno debe intervenir con medidas sociales para valorizar de nuevo la tierra.

Aparte de expedir normas, ¿qué acciones debe tomar una ciudad para proteger su patrimonio?

Promover y enseñar los valores de conservar el patrimonio. En Bogotá sucede algo impresionante, que es el reconocimiento del patrimonio inmaterial. En este aspecto, la ciudad está más avanzada que los Estados Unidos: nosotros no tenemos la protección de este tipo de patrimonio, que es algo muy valioso.

¿En qué consiste ese avance de Bogotá en este tema?

Hay cosas como la siguiente: hay un convenio de la Unesco para la protección del patrimonio inmaterial. Colombia lo firmó. Estados Unidos y Canadá, no. La firma de este convenio ya dice algo de cómo están las cosas acá. Bogotá tiene medidas específicas para proteger el patrimonio inmaterial y nosotros no. No hay un vehículo legal para declarar o reconocer este tipo de patrimonio en Estados Unidos.

¿Cuáles son los peligros para una ciudad de crecer sin conservar su patrimonio?

El patrimonio no es algo que se pueda rescatar una vez ha desaparecido. En Nueva York tenemos una política bastante fuerte para la protección del patrimonio material, tangible. Eso empezó hace 45 años, más o menos. Mirando hacia atrás, es imposible imaginar qué hubiera pasado en Nueva York sin esta medida: sería una ciudad sin identidad, sin ningún atractivo.