Las aguas del Fucha

El martes, funcionarios de la Secretaría de Ambiente recorrieron la cuenca.

En  la entrada del perímetro urbano, en los cerros orientales, donde las quebradas Osa y Palo Blanco se unen para darle vida al Río Fucha, vive desde hace dos años Reynaldo  Vanegas, un campesino de Guaque que se ha dedicado a ser el guardián del río. Todos los días sale con un sombrero de cuero deteriorado, botas de caucho y una especie de gabardina naranja a rondar las orillas del río, con el fin de cerciorarse de que esta fuente de agua no sea contaminada por el hombre. 

Hasta este punto llegaron el martes los miembros de la Secretaría de Ambiente en el primero de los cuatro recorridos que estarán realizando durante esta semana por los ríos Salitre, Torca y Tunjuelo, con el fin de identificar las principales problemáticas ambientales. Después de estos recorridos, los funcionarios de la secretaría  comenzarán a formular las estrategias para mejorar la calidad del agua de los ríos de Bogotá a lo largo de 38 kilómetros  tal y como lo postuló el Plan de Desarrollo del alcalde Samuel Moreno, ‘Bogotá Positiva’.

“La meta en estos cuatro años es mejorar la calidad del agua", dijo este martes Octavio Reyes, jefe de agua de la Secretaría de Ambiente, mientras le explicaba a su equipo de trabajo las condiciones actuales del río Fucha, y le recalcaba a Don Reynaldo  Vanegas la importancia de trabajar por conservar el nacimiento como un santuario de la naturaleza.  

El Fucha ha sido dividido por la Secretaría en cuatro tramos: el primero va desde la parte alta del río hasta la carrera séptima; el  segundo, desde la carrera séptima hasta la avenida 68; el tercero, desde la 68 hasta la avenida Boyacá, y el cuarto, en la desembocadura del río Bogotá.

En el primer tramo, en donde aún se oye el fuerte sonido del agua chocando con las piedras y  los pájaros se bañan a las orillas de esta ribera al olor de los eucalíptos, los funcionarios de la Secretaría de Ambiente visitaron la primera estación de medición del agua, de las nueve que se encuentran a lo largo del cauce.  

“Gracias a estos aparatos tenemos registros mensuales de los niveles del oxígeno disuelto en el agua; la conductividad, que es la proporción de sales minerales; el PH; la turbiedad y la temperatura”, explica Reyes.

Con el pasar de la mañana, y al alejarse del resguardo protegido por don Reynaldo  Vanegas, comenzaron a aparecer las primeras problemáticas ambientales. En el segundo  tramo del río, a la altura de la carrera séptima, las basuras inundaban la


ribera. Ante la presencia de cada desperdicio, los funcionarios no paraban de tomar fotografías, imágenes que harán parte del archivo de recuperación de la fuente de agua.

Según Reyes, las principales causas de contaminación son las basuras que los vecinos depositan a lado y lado, y que después son arrolladas por las lluvias. Otro problema grave son los vertimientos de aguas negras, tanto de las viviendas familiares como de las industrias, que terminan contaminando el agua que baja desde la montaña. “Ojalá el río Fucha llegara a desembocar al Bogotá como se encuentra en el nacimiento”, reflexionó uno de los funcionarios, mientras miraba las sábanas, llantas, vasos de plástico y pedazos de papeles que se veían bajar desde el puente de la séptima, al sur de la ciudad.

Los tramos del río que presentan más problemas son el tercero y el cuarto. En estos sectores se ubica la zona franca, el lugar de la ciudad donde más desperdicios industriales se producen. Según cifras de la Secretaría de Ambiente, la cuenca del Fucha está rodeada en un 33% por sectores de producción química, seguidos de negocios de estaciones de servicio de lavado.

“En el Plan de Desarrollo tenemos $22.036 millones destinados para el mejoramiento de la calidad hídrica de la ciudad. Actualmente acompañamos al acueducto en la implementación del Plan de Manejo y Saneamiento de Vertimientos para amortiguar los impactos ambientales que producen las aguas contaminadas que llegan al río”, enfatizó Reyes.

Durante  la jornada de ayer los funcionarios recorrieron el río Fucha, desde su nacimiento hasta su desembocadura. Mañana harán el mismo recorrido por el río Salitre, que  igual que el Fucha presenta graves problemas de vertimientos y basuras. En los próximos días visitarán los ríos Torca y Tunjuelo, uno de los más contaminados debido a las areneras, los lixiviados que vierte el relleno de Doña Juana y las carboneras del sector, entre otros factores.

Según Reyes, el problema de la contaminación de los ríos, además de obedecer a deficiencia en las redes, es sobre todo un tema de cultura ciudadana. “La gente debe aprender a cuidar sus ríos”.