Ciudad de oídos reventados

Según la Secretaría Distrital de Ambiente, Kennedy, Engativá, Chapinero y Fontibón son las localidades más ruidosas de la ciudad.

Hace dos meses, el arquitecto Enrique Silva no aguantó más. Después de pasar varias noches sin dormir por culpa del ruido de las discotecas, bares, restaurantes, carros y visitantes de todas partes de la ciudad que con el tiempo conquistaron las esquinas cercanas de la plaza de Usaquén, reunió a sus vecinos, les explicó su plan para mitigar el ruido en el barrio y así, sin más, les entregó a cada uno un cerro de hojas de papel blanco en las que se leía claramente la palabra Silencio.

Al día siguiente, en todas las ventanas del edificio ubicado en la esquina de la carrera sexta con cale 117 sobresalían los pacíficos avisos. Durante las semanas siguientes, este grupo de vecinos se dedicó a empapelar las calles, edificios y casas con los panfletos. Al poco tiempo, otros habitantes del barrio se unieron a la iniciativa y hasta los adultos mayores decidieron mandar a hacer señales. Silencio era lo único que se leía en cada esquina, ventana y puerta del barrio.

Esta fue la única forma que los residentes de Usaquén encontraron para hacer sentir su incomodidad a la administración local. A pesar de los pactos realizados en el pasado entre la comunidad, las autoridades policivas y los dueños de negocios, y de las denuncias presentadas ante la personería local, los usaqueños no han logrado recuperar la calma del lugar que una vez fue el centro de un tranquilo pueblo de calles adoquinadas localizado a las afueras de la capital.

Como señaló Camilo Mendoza, residente y veedor del pacto de Usaquén firmado el 19 de junio del año pasado: “Nosotros hicimos un acuerdo para fijar las reglas de convivencia ciudadana en el que los comerciantes se comprometieron a cumplir con las normas sobre contaminación auditiva y hasta el momento no ha pasado nada. Tanto así que las personas que viven en las casas de la calle 118 debajo de la quinta están desesperadas. Muchos ya se han ido del barrio”.

Para los vecinos de Usaquén, algunos establecimientos “claramente infringen todos los parámetros de ruido permitidos en la zona”. Además, aseguran que frente al tema, las autoridades locales no han tomado medidas efectivas. “Le estamos pidiendo al alcalde que nos dé una cita desde hace meses y hasta ahora no hemos recibido respuesta”, dice Mendoza.

Al respecto, Fernando Chaparro, referente ambiental de la alcaldía local, asegura que desde la oficina jurídica se han realizado periódicamente controles en los cuales se ha podido establecer que en Usaquén no existe afectación sensible por parte de los bares. “Nosotros hemos venido dialogando con la comunidad sobre este tema. En las revisiones que hemos hecho se ha identificado que las fuentes de ruido vienen de los carros. En cuanto a los bares, éstos manejan sus niveles hacia adentro de los locales”.

Pese a las afirmaciones de Chaparro, el pasado siete de marzo un grupo de vecinos del comité veedor del pacto por la convivencia se puso en la tarea de registrar con grabadoras las emisiones de ruido producidas por los locales comerciales. “Nos guardamos las grabadoras en el bolsillo y nos ubicamos al otro lado de la calle de cada uno de los establecimientos. En algunos casos nos hicimos a una cuadra de distancia”, explicó Mendoza.


Después de evaluar las pruebas, el comité veedor estableció una lista de 14 locales que infringían la ley ambiental. El 12 de marzo la comunidad le envió los documentos a Nancy Celis Yaruro, personera delegada de Usaquén .

Por su parte, Berny Silber Wasser, gerente de Bogotá Beer Company (BBC), uno de los locales comerciales incluidos en el listado de los más ruidosos, aseguró que su negocio siempre ha cumplido con los niveles de volumen establecidos en el pacto. “De todos los locales que tiene BBC, éste es el más tranquilo. Inclusive no tenemos música en la terraza y pusimos vidrios para mitigar el impacto.  En nuestro caso, el ruido que se puede generar es por las conversaciones, pero no por la música. En cambio, hay otros lugares de Usaquén que sí son rumbeaderos. Yo creo que el problema es de los residentes”.

Según la comunidad, en este momento uno de los establecimientos que más ruido está haciendo es La Divina, ubicado en la carrera quinta entre calles 119 y 120, y pese a que lleva tan solo dos meses de funcionamiento, ya tiene a su nombre una tutela instaurad por uno de los vecinos. “Yo puedo asegurar que no tengo ni una discoteca, ni un establecimiento ilegal, como la comunidad cree. La Divina es un restaurante bar que tiene todos los papeles en regla, cumple con los niveles de emisión de ruido establecidos y,  además, tiene el permiso de la alcaldía local para seguir funcionando. Precisamente por esto le ganamos la tutela al señor”, dijo José Luis Ospina, propietario del lugar.

Según los empresarios, el problema con los residentes se ha convertido en un ‘tire y afloje’. “Ellos no entienden que los comerciantes fueron los que reactivaron el sector; el problema es que cuando uno quiere comprarles las casas les ponen unos precios exorbitantes”, dice Ospina.

Una cadena de nunca acabar

Casos como éste se presentan en diferentes barrios de la ciudad. Según lo ha podido establecer la Secretaría Distrital de Ambiente, las localidades más ruidosas de Bogotá son Chapinero, Kennedy Engativá y Fontibón.

En Kennedy, por ejemplo, el 70% de los establecimientos incumplen con la Resolución 0627 de 2006 del Ministerio de Ambiente, por la cual se dictaron los niveles máximos permisibles de emisión de ruido. Mediante el decreto se consideraron  “las zonas residenciales o exclusivamente destinadas para desarrollo habitacional, hotelería y hospedajes y las universidades, colegios, escuelas y centros de estudio e investigación” como sectores tranquilos de ruido moderado en los que se permite un nivel máximo de 65 decibeles durante el día y 55 en la noche.


En esta localidad se identificó que el 69% del ruido corresponde a la actividad industrial y empresarial, el 15,5% a entretenimiento y recreación (bares y discotecas) y el 10,3% al comercio. Algunas de las zonas más afectadas son la    Avenida Calle 6A, la Boyacá, la  68 y la Avenida Primero de Mayo.

La Secretaría Distrital de Ambiente también identificó que los niveles de ruido en algunos barrios de la localidad de Fontibón  como Capellanía, Álamos Norte y Modelia oscilan entre los 75 y los 90 decibeles, superando los límites establecidos por la ley. “En las noches se vuelve insoportable el ruido de los aviones que sin importar qué hora sea nos despiertan con su estruendo”, asegura Carlos Gómez, habitante de Modelia.

En cuanto al sector de Chapinero, el mayor número de quejas se presenta por las emisiones producidas en los locales comerciales. Un caso es el de los bares ubicados cerca al centro comercial Atlantis, contra los cuales los residentes de la zona impusieron una acción popular que fue sancionada por el Consejo de Estado. Según la alcadía local, en este momento sus funcionarios están trabajando en concientizar a los comerciantes de que con el desacato a la ley están perturbando la tranquilidad de los habitantes.

 En cuanto a Engativá, los sectores que presentan mayor número de quejas son Minuto de Dios y Santa Cecilia. En toda, en la localidad se identificaron 750 fuentes de ruido.

El último estudio de mapa de ruido realizado por la Secretaría  Distrital de Ambiente permitió establecer que Bogotá es la ciudad más ruidosa del país, seguida por Barranquilla, Cali y Medellín.

 Por ello mismo y porque lo tienen que sufrir en oídos propios todos los días, los habitantes de Usaquén, igual que los residentes de Chapinero y otras zonas de la ciudad seguirán en su lucha por el silencio.

En cifras

70%

de los establecimientos de la localidad de Kennedy incumple con las normas de emisión de ruido.

74 a 81

decibeles son los niveles que se han registrado en la avenida Boyacá durante los operativos de medición de sonido.

483

son las fuentes generadoras de ruido de la localidad de Fontibón, de las cuales 257 son fijas, 146 industriales y empresariales y 80 de entretenimiento.

65 a 50

decibeles están permitidos en las zonas residenciales, universidades, colegios, escuelas y centros de estudio e investigación.

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