Periodismo y posconflicto: retos y desafíos para el próximo cuatrienio

hace 1 hora

Donde las lechuzas se atreven a volar

Los animales fueron encontrados cuando tenían cuatro días de nacidos en el barrio Modelia, al occidente de la capital.

Durante los últimos nueve meses los científicos y veterinarios del Instituto de Investigaciones Biológicas Alexander von Humboldt, junto con funcionarios de la Secretaría de Ambiente, se dedicaron a cuidar un grupo de lechuzas nocturnas que fue encontrado en el tejado de una casa, en el sector de Modelia, al occidente de la ciudad. El miércoles, a las ocho y media de la mañana, en medio de los patios del Jardín Botánico, seis de estas aves recobraron su libertad.

Cuando la policía ambiental encontró a estas lechuzas de campanario, en el mes de octubre, eran pequeños polluelos de apenas cuatro días de nacidos que, al parecer, habían sido abandonados por sus padres debido a las amenazas del hombre. Gracias a la información de la comunidad, que se quejaba de extraños ruidos que se producían en las noches, los funcionarios del Distrito detectaron la presencia de las pequeñas aves rapaces, que fueron llevadas hasta el Centro de Recepción y Rehabilitación de Fauna Silvestre del Distrito.

 Allí, científicos y médicos veterinarios del Alexander von Humboldt, especialistas en aves, se dedicaron a criar las lechuzas. Durante los primeros tres meses las alimentaron con sus propias manos, las ayudaron a realizar sus primeros vuelos cortos y poco a poco les enseñaron a cazar otras aves y ratones.

Cuando crecieron un poco más, comenzaron a entrenarlas en la jaula de vuelo del Centro de Recepción de Fauna Silvestre. Día a día, el objetivo fundamental de algunos de los veterinarios del lugar, como Carolina Sastre, fue que las aves criadas en cautiverio alzaran sus alas y alcanzaran grandes alturas. En todo este proceso los científicos tuvieron mucho cuidado para establecer distancias con los animales, con el fin de que cuando se encontraran en libertad no se identificaran con los humanos.

“El proceso de crianza se realizó paulatinamente. Primero les brindamos los cuidados básicos. A los tres meses empezamos el proceso de musculación. En esta etapa desarrollaron las destrezas para el vuelo y la identificación de alimentos. Les dábamos comida viva y muerta para que en el momento de la liberación pudieran sobrevivir en el hábitat urbano”, explicaba ayer César Márquez, especialista en aves, después de la liberación de las seis lechuzas.


Según una investigación de aves rapaces en Bogotá, realizada por el Von Humboldt, en la capital existen 19 especies distintas de lechuzas, tanto nocturnas como diurnas. Hasta el momento no se ha realizado un censo que permita identificar cuántas Tyto alba Clase existen en la capital, sin embargo, la Secretaría de Ambiente y el Instituto han liberado 25, y desde enero han recibido más de 200 llamadas de alarma.

 Estos animales se caracterizan por pertenecer al último nivel de la cadena trófica (son depredadores), indicar el estado de los ecosistemas y ayudar a controlar las plagas de roedores. “Las lechuzas que liberamos son propias de Bogotá, habitan en árboles altos, rondas de ríos y humedales ”, explica Juan Antonio Nieto, secretario de Ambiente.

Por años el hombre asoció estas asombrosas aves con prácticas relacionadas con la brujería. Ésta es, quizás, una de las principales razones por las que han sido exterminadas del ecosistema capitalino. Por otra parte, los procesos de urbanización y densificación de la ciudad han hecho que las lechuzas busquen techos altos para anidar a sus polluelos y que se refugien en los pocos humedales y reservas forestales que existen.

 Según explicó Germán Álvarez, jefe de la oficina de control de flora y fauna del Distrito, “aunque las lechuzas fueron liberadas en el Jardín Botánico, esto no significa que se vayan a quedar ahí. La ciudad cuenta con un corredor ecológico que tiene todas las características ambientales para que sobrevivan, conformado por el Parque Nacional, el Canal Arzobispo, la Universidad Nacional, el Parque Simón Bolívar, el Jardín Botánico, los humedales de Juan Amarillo y Córdoba, y el Club Los Lagartos”.

La Secretaría de Ambiente ha habilitado la línea 444 1030, ext. 681, para que los ciudadanos les comuniquen a las autoridades la presencia de este tipo de animales y puedan ser remitidos al Centro de Recepción y Rehabilitación de Fauna Silvestre.

Este miércoles, la veterinaria Carolina Sastre, entre lágrimas, vio cómo las aves que tanto había cuidado alzaron el vuelo y se acomodaron en los árboles del Jardín Botánico, tal y como lo había soñado tantas veces.