El hombre de los mil rumores

Pese al rastro de violencia que dejó por las bombas de hace dos meses, Yair Moreno se esfumó luego de haber recobrado su libertad.

Durante todo el martes de esta semana la situación estuvo tensa en Bogotá. El alcalde, Samuel Moreno, decía que había recibido información acerca del presunto autor de falsos atentados en la ciudad; una persona que habría instalado varios dispositivos en distintos puntos de la capital, para luego informar a las autoridades y así cobrar la recompensa por la colaboración.

En horas de la tarde el mandatario se reunió en el Gun Club con varios de sus asesores para definir qué hacer con la situación. Horas más tarde el nombre del individuo fue conocido por la opinión pública. Nadie se atribuye su difusión, el viento lo susurró. En la noche, el retrato hablado del presunto criminal ya había sido elaborado por la Policía. A las pocas horas, Yair Romero Guerra, el hombre a quien el alcalde imputaba los hechos, se presentó voluntariamente ante el CTI de la Fiscalía de Cundinamarca. Momentos después, luego de verificar su identidad, tuvo que ser dejado en libertad. Contra Yair Romero no había ningún requerimiento de la justicia.

De inmediato vinieron las recriminaciones. Algunos ciudadanos del común elogiaron, con un dejo inconfundible de sarcasmo, la efectividad de la justicia mientras escuchaban los últimos avances de la noticia. Nadie entendió nada. Todo parecía un poco surreal. Hasta el día de hoy nadie sabe muy bien quién es Yair Romero. Algunos dicen que es desmovilizado de las autodefensas, otros que pertenece a un grupo armado distinto. Que sí es desmovilizado, pero que no hizo parte del proceso de reintegración aclaran otras voces.

Lo único cierto, la parte fundamental en la que existe un acuerdo, es que Romero fue capturado el 21 de abril de este año cuando portaba 20 barras de indugel, un explosivo, y 10 metros de cordón detonante número seis. Sin embargo, un juez de garantías lo dejó en libertad puesto que no había un examen químico que certificara que la sustancia en efecto sí es un explosivo que causa grandes daños. Una fuente de la Policía Metropolitana explicó que para esa primera audiencia sólo era necesaria una evaluación técnica del explosivo, la cual ya estaba hecha. Aquellos que se burlan de la justicia sonrieron.

Alrededor de Yair Romero Guerra pesa un aura de incertidumbre. Romero es el hombre de los mil rumores, de las teorías que se esgrimen para inculparlo o exonerarlo. Nada más apropiado para definir al ser misterioso de un retrato hablado. Para los ciudadanos, Romero es eso: un dibujo hecho con lápiz, un boceto de alguien más. Las autoridades prefieren no hablar mucho de él, puesto que no existe un requerimiento judicial en firme en su contra.

La prudencia acalla las declaraciones. Las investigaciones continúan silenciosamente, sin el revuelo de las ruedas de prensa ni los pronunciamientos oficiales.

 

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