El hombre detrás del metro

Tiene en sus manos uno de los proyectos más importantes de la capital en los últimos años, el transporte masivo metro de Bogotá.

Hizo el papel de un francés durante la ocupación nazi en la II Guerra Mundial, mientras se especializaba en economía en París. Manejó un taxi en Bogotá: “me gustaba, me entretenía y me mantenía”, dice Luis Bernardo Villegas, secretario de movilidad, el hombre que decidirá quién, cómo, cuándo y dónde se hará el metro de Bogotá.

Entre los cientos de personajes que recogió en las calles capitalinas, recuerda a una mujer que subió a su carro en la Universidad Javeriana y llevaba entre sus manos El Muro, de Jean Paul Sartre. Él le preguntó: “¿Por qué está leyendo eso?”. “Me pusieron una tarea. Hacer una comparación entre ese libro y El ser y la nada (la primera obra filosófica de Sartre, publicada en 1943)”. “Terminamos tomando cerveza en un bar cerca a la universidad mientras yo le resolvía el trabajo”, cuenta Villegas. Nunca supo su nombre, no le interesaba.

Esa anécdota no le extrañaría a Gerardo Álvarez Veira, un amigo de la adolescencia de Villegas, por dos razones: “A Luisbe desde pequeño le gustó el intelecto, se mantenía leyendo, tenía tiempo para jugar pero leía mucho”. Y la segunda razón: “Era muy coquetón. Ha sido un tipo que ha atraído mucho a las mujeres, de pronto por lo inteligente, porque si uno lo compara con el montón es igual a cualquiera, no es ningún galán, pero las niñas se enamoraban de él”.

Luego de estudiar economía en la universidad Jorge Tadeo Lozano, de manejar el taxi y de trabajar en el Instituto Nacional de Transporte (Intra), Villegas se fue a Europa a estudiar dos maestrías y un doctorado. Vivía de su sueldo de actor extra en cine ganaba 120 dólares al día y de la plata que le dejaba un taxi que compró cuando trabajaba en el Intra: era negro, modelo 84, con placas SC 1348 y le costó unos 280 mil pesos.  Cómo no acordarse del carro donde transportó a la mujer del libro de Sartre.

En los cinco años que estuvo en París, sólo visitó un par de veces Bogotá. Una de ellas, el 26 de abril de 1986, para enterrar a su padre Fabio Villegas, quien murió cuando un poste de la luz le cayó encima en la calle 18 con carrera cuarta. Regresó a la capital del país, definitivamente, en 1988.

¿Cómo era la movilidad cuando Villegas manejaba un taxi negro de placas SC 1348? La respuesta es inmediata, “nunca ha sido tan buena como ahora”, dice, sin una pista de modestia, y suelta una risa burlona. Luego, más serio, explica que en ese momento existían las mismas vías principales de ahora, pero la diferencia es que sólo transitaba una tercera parte de los carros que hoy inundan las calles de la ciudad. “Bogotá ha tenido un atraso en infraestructura vial muy grande”.

Lo dice ahora que es Secretario de movilidad, que tiene el puesto menos deseado del Distrito, como dice su compañero de trabajo por muchos años, Juan Carlos Consuegra Hermida. “Es uno de los cargos más importantes, pero tiene unos ‘chicharrones’ muy enormes porque nunca ha habido una voluntad política para resolver ese problema”.


Además de los trancones y las vías en mal estado, y los buses viejos que se rehúsan a entrar en un proceso de chatarrización para favorecer el medio ambiente, a Villegas le tocó asumir uno de los proyectos más importantes en la historia de la capital: el metro, del que se está hablando en Bogotá hace más de medio siglo y por eso mismo parecía  inverosímil. Pero durante  la administración de Samuel Moreno la idea etérea comenzó a tomar forma.

Actualmente hay seis firmas nacionales y extranjeras esperando el visto bueno para comenzar los estudios del metro. Para el próximo 20 de agosto ya habrá una firma elegida que medirá el impacto del sistema sobre la ciudad, el diseño y la definición de la primera línea. Esta interventoría tendrá un costo de 500 mil dólares. En marzo del próximo año comenzaría la ingeniería de detalle de la línea número uno.      

Cuando llegó a la Secretaría

Luis Bernardo Villegas estaba en Barranquilla, sentado en la sala de la casa que su familia tiene allí porque de esa ciudad es su esposa Elisa Denubila—, cuando lo llamó el alcalde Samuel Moreno a proponerle el puesto de Secretario de Movilidad. Si el equipo de fútbol Santa Fe hubiera pasado a la final del campeonato el segundo semestre del año pasado, ese domingo tres de diciembre, cuando Moreno le dio la noticia, Villegas probablemente habría estado  viendo el partido del equipo de sus amores. “Yo no soy hincha del Santa Fe, soy devoto”, suele decir. 

Pero ese domingo no había fútbol y Villegas estaba tranquilo, viendo televisión en su casa. No da muchos detalles de la conversación con Moreno, pero cuenta que esa misma noche le dijo “sí”. Desde que dio esa respuesta positiva ha bajado unos seis kilos, calcula su hijo; el estrés, por el contrario, se le ha multiplicado y, dicen algunas personas cercanas a Villegas, los episodios de mal genio son más reiterados.

 “Él tiene un problema cuenta su hijo Andrés Villegas, hace las cosas hasta la saciedad. Es muy exigente con él. Perfeccionista a nivel autodestructivo, y espera que las personas que lo rodean sean igual. Cuando no le cumplen se molesta. Es muy fosforito, pero el mal genio le dura cinco minutos”.

Como Secretario de Movilidad, Villegas adquirió un cargo que antes no existía en el Distrito: es el hombre del metro, quien pone la última firma para aprobar cada uno de los pasos en este proceso. Si los planes de Villegas y el Distrito se cumplen, para el 2014 el metro estará atravesando  Bogotá.

 

 

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