El pintor de los políticos

Un hombre que desde hace 70 años ha hecho posar a concejales, presidentes, senadores y magistrados.

“A mí los retratos ya no me quedan como me gustan”, dice el maestro Guillermo Camacho, mientras recuerda las tantas obras que ha realizado en sus 70 años de pintor. Sentado en el banquillo de color azul de su estudio vienen a su mente los días cuando el Concejo de Bogotá quedaba en plena Plaza de Bolívar y él trabajaba como subsecretario del cabildo.

Por esa época, los políticos lo asediaban con sus múltiples encargos: todos querían que el maestro Camacho fuera quien les hiciera el retrato que después sería expuesto para la eternidad en el Capitolio Nacional, la Presidencia de la República, la Asamblea de Cundinamarca, la Logia de Masonería, el Club y el Banco de Abogados, el Banco Ganadero y el Concejo de Bogotá, entre otras entidades.

A sus 85 años lamenta haber llegado a viejo tan pronto. “Qué horror, a veces no recuerdo bien las cosas”, dice mientras intenta adivinar cuántos retratos ha realizado a lo largo de su vida. Entre las cosas que han quedad clavadas en su memoria están los múltiples rasgos del rostro del libertador Simón Bolívar, a quien ha pintado más de 10 veces; las seis oportunidades en que recibió la comunión del mismo papa Juan Pablo II, privilegio que le agradeció al Pontífice regalándole uno de sus retratos, que desde ese entonces adorna las paredes del Vaticano, y los viajes con su esposa a Japón, “un lugar indescriptible”.

Confiesa que jamás ha podido hacer el retrato de la mujer que por más de 50 años ha estado a su lado, ni mucho menos los de sus cinco hijos o el de alguno de sus 10 nietos. En cambio, entre su bitácora se encuentran los rostros de personajes como Alfonso López Pumarejo, Pedro Nel Ospina, Guillermo Valencia, Rufino José Cuervo, Miguel Antonio Caro, Gabriel Turbay, Laureano Gómez, Gilberto Alzate Avendaño y el presidente Kennedy, entre muchos otros.

Aunque admira los antiguos retratistas que pintaban en la presencia de sus modelos, desde que comenzó en este arte ha utilizado el lente fotográfico para hacer posar a los cientos de políticos que ha reproducido en sus óleos. Con su cámara análoga de marca Canon AE-1 ha acomodado los rostros de los hombres y mujeres más importantes de la historia nacional.

Las últimas obras que ha realizado son un grupo de ocho retratos para el Salón de Presidentes del Concejo de Bogotá, entre los que se encuentran María Victoria Vargas, Samuel Benjamín Arrieta, Bruno Alberto Díaz, Antonio Galán Sarmiento, Roberto Camacho, Fernando López, Orlando Parada e Hipólito Moreno, el actual presidente. Según el maestro Camacho, del Salón de Presidentes ha tenido que retocar varios retratos. Recuerda que hace unos años tuvo que llevarse para su taller el de Andrés Pastrana, porque un anónimo le había escrito en la frente “Maldito ladrón”. “Del Concejo, Hipólito Moreno es uno de los que más trabajo me han costado fotografiar, casi no le gusta posar”, dice.

Recordando la historia



La primera vez que Camacho vio a una figura pública fue en su casa de Facatativá, cuando Jorge Eliécer Gaitán llegó a visitar el municipio. En ese entonces, el ahora maestro tenía 15 años y sus padres vivían en una de las hermosas casonas de la plaza principal. Desde el balcón el caudillo dio su discurso, mientras el pequeño no dejaba de copiar cada una de sus facciones en un pedazo de papel blanco. Este fue el primer retrato que el talentoso pintor realizó. “Quizá el ver pasar tantos políticos por el balcón de mi casa fue lo que hizo que me dedicara a este oficio”, dice.

Cuando terminó el colegio, sus padres lo enviaron a la Escuela de Bellas Artes de Bogotá, en donde perfeccionó la caligrafía que su padre le había enseñado y aprendió a pintar al óleo. En Washington, Pekín y Roma aprendió de los grandes maestros y cuando volvió al país ya había ganado una reputación tan importante que presidentes, magistrados, senadores y concejales pagaban lo que fuera por su trabajo.

En el 79 le encargaron la tarea de hacer los 39 retratos de los senadores que habían presidido la corporación desde el Frente Nacional. Lucas Caballero, Klim, en su columna editorial del 14 de septiembre del mismo año, publicada en El Espectador, narraba: “El costo de los óleos es considerable, pero el maestro Guillermo Camacho, el artista encargado de hacerlos, aparte de garantizar el parecido, convino en otorgar una rebaja por tratarse de un trabajo al por mayor... El óleo que le dio más trabajo al maestro Camacho fue el del Compañero Primo (Alfonso López Michelsen), no sólo por la perfección de las facciones, sino porque por más combinaciones que hacía no lograba darle el tono exacto a la nariz”.

La réplica del cuadro de la firma del acta de la independencia, que actual mente se encuentra en el despacho del alcalde Samuel Moreno, es otra de las obras que más aprecia. “Fue muy difícil de hacer porque incluye un total de 32 personajes. Cada uno tiene su carácter y representa un momento clave para la independencia de los colombianos”.

Además de pintor, Camacho fue calígrafo del Senado, consultor de Colombia en Beijing, la República Popular China; secretario de la embajada de Colombia ante la Santa Sede en Roma y diplomático ante la OEA en Washington.

De vez en cuando se pasea por los rincones del Concejo de Bogotá. Minuciosamente revisa el estado de cada uno de sus cuadros y si se le presenta la oportunidad, les relata a los funcionarios las historias de cuando comenzó en el arte de la pintura y de cómo replicaba los rostros de los hombres más poderosos de la Nación y el Distrito. En silencio anhela aquellas épocas cuando sus manos funcionaban con más agilidad y sus retratos quedaban como a él le gustaba que quedaran.