La esquina fatídica

Los habitantes del barrio Nueva Marsella están cansados de ver cómo los conductores irrespetan las señales de pare. El cruce  de la carrera 71A con diagonal quinta registra, en promedio, un accidente por semana.

El muro de concreto que construyó la familia Rivas en su casa esquinera de la diagonal quinta con carrera 71A, en el barrio Nueva Marsella, se está agrietando de tantos golpes. Ayer, una vez más, un vehículo fue a parar contra la construcción. Todo tiene un límite, hasta el concreto.

Eran las 6:30 de la mañana. De pronto sonó el choque violento de dos vehículos. Los vecinos vieron un taxi y una camioneta escolar, otra vez, destrozados. No importó que los residentes del sector hubieran instalado dos pasacalles de un verde intenso con la leyenda “Cruce peligroso”, uno en la diagonal quinta y el otro en la carrera 71A. Tampoco, de nuevo, pesó el hecho de que haya dos señales de pare a ambos lados de la diagonal quinta. El afán es la maldición de esta esquina.

Lo que siguió después fue el simulacro muchas veces ensayado en que se ha convertido el diario vivir para los habitantes del sector. Por entre las cortinas, más allá de los vidrios de la ventana aún empañados por el frío de la madrugada, observan la escena. Como siempre, piden ayuda por teléfono, salen a ver qué se puede hacer, escuchan alarmados los gemidos de dolor de la pasajera del taxi y las expresiones de alarma de las niñas del Colegio de las Hijas de María Las Esclavas. Después, siguiendo el orden del día, llegan las ambulancias, los agentes del Tránsito que suelen desaparecer después de haber desempeñado su papel. La tranquilidad retorna al barrio, al menos hasta que alguien más cruce la esquina, sin saber que del otro lado vendrá el dolor y, de pronto, la muerte.

En esta ocasión, como improvisación para mantener la actuación fresca, un mayor de la Policía de Tránsito llega al sector. Según Carlos Bernal, eterno testigo de los accidentes, el oficial se ve alarmado, preocupado, molesto. Las órdenes son dictadas: Los policías han de quedarse en esa esquina todo el día. Después llegan dos auxiliares bachilleres para ayudar con la labor de organizar el endemoniado trasegar de los carros. Con ellos vienen conos para señalizar mejor la vía, una señal de pare más y una pancarta que se erigió encima del muro agrietado de los Rivas. Las medidas, según escucha Bernal, son provisionales, mientras llegan los policías acostados, los reductores de velocidad, mientras dejan de arribar, por fin, las ambulancias y el forense.


La paciencia de los residentes del barrio se está agotando minuto a minuto, accidente tras accidente. Una y otra vez han visto cómo alguien hace caso omiso de los dos pare instalados en cada lado de la diagonal quinta. El espectáculo, la sangre, los heridos y las luces de las ambulancias se suceden, como si se tratara de un destino inmutable, tejido por alguna diabólica y poderosa deidad.

Esta esquina está bañada con el dolor de muchos, al menos de uno por semana. Todos los días alguien más puede morir en el cruce maldito. A veces no hay muertos, sólo heridos; en otras ocasiones el incidente no pasa de ser una pelea verbal, una aparición de la Policía de Tránsito y las aseguradoras.

La historia viene de antes. El Espectador ha informado en dos ocasiones acerca del alto nivel de accidentalidad que se presenta en esta intersección. El primer informe data de principios de junio del año pasado. En aquella oportunidad los vecinos repitieron hasta la saciedad que la causa de los accidentes es que los vehículos que transitan por la diagonal quinta se saltan el pare; ellos pedían la aplicación de medidas para disminuir la velocidad en este sector.

La segunda oportunidad en que El Espectador abordó el tema fue en mayo 19 de este año, hace menos de un mes. Como si se tratara de un patrón inalterable, los accidentes son iguales. Las causas, las mismas. Lo que cambia son las víctimas y los pequeños detalles que determinan quién vive y quién muere.

En mayo pasado, luego de que una mujer que transitaba por el sector fuera arrollada por una camioneta escolar que recibió el golpe de un Sprint que no hizo el pare, parecía que la situación iba a cambiar. La Secretaría de Movilidad anunció, en ese entonces, varias medidas, entre ellas la “instalación de cuatro bandas sonoras reductoras de velocidad sobre la calle quinta entre carreras 71A y 70C, con pictograma de zona escolar y sendero de zona escolar en la intersección de la calle quinta con carrera 71A”. La mujer y el conductor del Sprint murieron.

La Secretaría de Movilidad respondió que las medidas definitivas, que incluyen las anheladas bandas sonoras reductoras de velocidad, se instalarán en aproximadamente un mes o mes y medio. Asimismo, informó que desde la próxima semana se reforzará el trabajo de la Policía de Tránsito con orientadores para el tráfico de este sector.

Los vecinos se preguntan si las medidas definitivas anunciadas por la Secretaría no llegarán demasiado tarde.