Hay grietas en el Concejo

Está en curso una propuesta  para refaccionar el actual edificio, que sufrió algunos daños por el temblor del 24 de mayo, y  guarda entre libros y paredes parte de la historia de Colombia.

En los tiempos de La Colonia los regidores, hoy concejales, ofrecían cuantiosas sumas para ocupar sus curules: La Corona española estaba arruinada.  Sesionaban en una casona ubicada en el costado sur occidente de la Plaza de Bolívar, al lado de la Cárcel la Chiquita, y frente a la Catedral Mayor. Tiempo después, en 1810, ya conformaban El Cabildo de Santafé de Bogotá, que gracias a Camilo Torres y José Acevedo y Gómez, entre otros, jugó un papel clave en la jornada del 20 de julio de 1810, en el sentido de que sirvió como legitimador del nuevo poder.

Ese día, con la redacción del Acta de Independencia, se cerró un período del Cabildo, y se abrió otro teñido por las sucesivas guerras civiles.  La Constitución del 5 de agosto de 1886, le fijó a los concejales  tareas como determinar las contribuciones y gastos locales, llevar el movimiento anual de la población y formar el censo civil. Luego, el presidente Rafael Reyes (1904-1909) le dio a Bogotá carácter de Distrito Capital, con la consecuente independencia administrativa, fiscal y electoral. Por último, la Asamblea Constituyente de 1991 aprobó que la ciudad  estaría organizada como Distrito Capital, y que era “La suprema autoridad del Distrito Capital”. Por aquel tiempo, ya su sede era la actual, ubicada en Teusaquillo, adonde se había trasladado a raíz del terremoto de 1968. Hoy la historia parece repetirse, como consecuencia de los daños que sufrió la edificación el pasado 24 de mayo.

El Acta de Independencia

Sobre las últimas horas del 20 de julio de 1810, el regidor José Acevedo y Gómez le dictó al escribano Eugenio Martín Melendro el Acta del Cabildo Extraordinario, que es el acta de la Independencia. Según ésta, fue constituida la Junta Suprema de Gobierno de la Nueva Granada. Como presidente del nuevo territorio fue nombrado el virrey Amar y Borbón, en una clara intención de los cabildantes rebeldes de apaciguar los ánimos y evitar una guerra.