Los pequeños prisioneros de las Farc

Antioquia tiene el más alto índice de menores plagiados por la guerrilla.

Cundinamarca y Bogotá ocupan el segundo y el tercer puesto en el escalafón de las regiones más afectadas por el secuestro de menores por parte de las Farc en los últimos doce años. Desde 1996, y hasta el 25 de junio de este año, según las denuncias de secuestro, en Cundinamarca se dieron 33 casos y en la capital del país, 24. Las cifras fueron publicadas la semana pasada por la Dirección de Antisecuestro y Antiextorsión de la Policía Nacional.

La revelación de esta clasificación —en la que Antioquia se ubica en el primer lugar con 46 casos, y los últimos puestos son ocupados por Atlántico, Guaviare, Quindío y Vaupés, con un caso cada uno— revivió la historia del secuestro de menores en la capital del país y en Cundinamarca. ¿Por qué estas regiones han sido el blanco de las Farc para el secuestro de niños?

Según el Gaula de la Policía: “Los grupos al margen de la ley y de la delincuencia común  incorporan a los niños como combatientes entre sus filas”. Aunque las características de los menores secuestrados por miembros de grupos armados no son generalizadas, en el Gaula reconocen que las víctimas de esta clase de secuestro son, principalmente, “niños que provienen generalmente de un estrato socioeconómico bajo, que viven en zonas rurales y pertenecen a familias disfuncionales, lo cual facilita la adaptación a sus captores. En Bogotá los sectores más afectados son Ciudad Bolívar y las localidades de estrato cero y uno”.

Historias de secuestro

En el año 2000, dos historias de secuestros de menores en Bogotá, perpetrados por las Farc, fueron noticia de primera plana en los medios de comunicación, porque ocurrieron casi al mismo tiempo y porque los familiares de los dos menores confrontaron en un noticiero, en vivo,  a Raúl Reyes —vocero político de la guerrilla, abatido el 1° de marzo de 2008—, quien al aire aseguró que las Farc no tenían a los niños. Siguieron siendo noticias un año y medio después, cuando fue liberado el último de los dos menores.

Los infortunados protagonistas fueron Clara Olivia Pantoja, de nueve años de edad en ese entonces, y Andrés Felipe Navas, de tres años. La niña fue la primera víctima. Su secuestro sucedió el 22 de marzo de 2000, en el norte de Bogotá; los secuestradores exigían ocho millones de dólares de rescate por la menor. Dos semanas después, el 7 de abril, hombres armados irrumpieron en la residencia del niño Andrés Felipe Navas, también en la capital del país.

Del secuestro de Andrés Felipe hay más detalles en los registros de prensa. Se dijo que horas después del flagelo, los secuestradores se comunicaron con los familiares . Les pidieron que Marisol Suárez, madre del pequeño, quien estaba a punto de graduarse en medicina, viajara a Mesetas- Meta: una población que se encontraba dentro de la zona que el gobierno del presidente Andrés Pastrana desmilitarizó y entregó a las Farc para adelantar allí las conversaciones de paz. Dijeron que necesitaban que la mujer atendiera a los guerrilleros heridos. La familia del pequeño no aceptó, entonces los secuestradores exigieron cuatro millones de dólares por su liberación. Este fue el último contacto que tuvieron con las Farc.


Tiempo después se supo que los dos niños estaban en la zona de distensión de la guerrilla, en el sur del país. Se volvió a tener noticias de ellos el 12 de julio de 2000, cuando un canal de televisión transmitió en directo un diálogo entre la madre de Clara Oliva y la abuela de Andrés Felipe, con el vocero de las Farc, Raúl Reyes, quien prometió entregar noticias de los menores en un plazo de diez días. El tiempo se venció y no hubo ningún pronunciamiento. Finalmente, la niña fue liberada el 20 de diciembre de 2000 y el niño, un año y medio después de su retención ilegal.

Niños para la guerra

Según las cifras de La Dirección de Antisecuestro y Antiextorsión de la Policía Nacional, tomadas de las denuncias que se impusieron por el delito de secuestro en los últimos nueve años, las Farc han secuestrado a 300 menores de edad en todo el país: 86 han sido secuestros simples y 214 secuestros extorsivos, como el caso de Clara Olivia y Andrés Felipe.

En los secuestros simples perpetrados por grupos al margen de la ley o de la delincuencia común, el principal objetivo es el reclutamiento de niños para la guerra. El Gaula explica esta situación así: “La fácil adaptación de algunos menores a grupos delictivos, obedece también a que en muchos casos esas organizaciones entrenan y programan a los menores para la guerra con discursos de formación política e instrucción militar A través de las armas y gracias a los discursos, los niños comienzan a desarrollar un sentido de pertenencia a estas agrupaciones y terminan quedándose con ellos por voluntad propia”. 

 El último secuestro de un menor que se dio en Bogotá, que tuvo resonancia nacional por el despliegue de los medios de comunicación, fue el  del pequeño Joel Pinto, de 22 meses,  secuestrado el pasado 28 de mayo en un apartamento al norte de la capital.

Al comienzo de la investigación las Farc aparecieron como  presuntos  culpables. Inicialmente las autoridades establecieron que un guerrillero conocido como Ramiro habría sido el autor intelectual del plagio.  Además, en dos ocasiones,  un hombre identificado como miembro de la columna móvil Teófilo Forero de este grupo guerrillero, se comunicó para pedir dinero por la liberación del pequeño, pero esta teoría todavía no se ha confirmado, y el caso sigue en investigación.

 Según Harlan Andrés Henao Serna, director de Fondelibertad, las historias de niños secuestrados por la guerrilla quedaron en el pasado. “Los secuestros de menores han bajado radicalmente. Este año las Farc no han secuestrado ningún menor aquí, y el año pasado tampoco se registró este tipo de casos. Las Farc están prácticamente erradicadas de estas tierras, tanto de Cundinamarca como de Bogotá”.

Causas del secuestro

Desde 1996 hasta lo que va corrido del año, 325 niños han sido secuestrados en Bogotá: 150 han sido secuestros extorsivos y 175, simples. Según el Centro de Investigaciones Criminológicas de la Dirección Antisecuestro y Extorsión de la Policía Nacional, la motivación para realizar un secuestro simple puede ser:  personas, en especial mujeres, que se ganan la confianza de los padres para llevarse al niño y hacerlo pasar como su propio hijo, en ocasiones, para retener a su pareja. También, algunos padres de familia denuncian este delito para recobrar a su hijo cuando es llevado por su otro padre, sin el consentimiento. Otros cometen este delito para facilitar la adopción sin los requerimientos legales.

‘‘Este año las Farc no han secuestrado ningún menor. Este grupo está prácticamente erradicado de Bogotá”.

Harlan Andrés Henao Serna,   director de Fondelibertad

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