Mónica de Greiff, comprometida con la capital

<p>Estaba en Vancouver, había alquilado un apartamento por un mes y ya estaba inscrita en un curso de cocina, dispuesta a disfrutar de unas merecidas vacaciones.</p>

Se acercaban las fiestas de fin de año, cuando el nombramiento como Secretaria de Desarrollo Económico del Distrito obligó a Mónica de Greiff a repensar sus planes.

Todo se dio a raíz de una conversación que sostuvo con Samuel Moreno Rojas el año pasado, durante un vuelo en el que coincidieron. Como compañeros de universidad que fueron, de Greiff y Moreno charlaron sobre sus ocupaciones en ese momento, y de Greiff le contó al entonces candidato a la alcaldía de su trabajo en El Banco del Pueblo, una iniciativa de Isaac Gilinski que promueve el microcrédito y acompaña a los microempresarios en la implementación de procesos coherentes, en los que prime la calidad y la innovación.

Y aunque Moreno se mostró interesado en el proyecto, de Greiff nunca pensó que esa charla redundaría en la invitación para trabajar desde la Secretaría de Desarrollo Económico en la conformación de Banca Capital, uno de los proyectos bandera de la Alcaldía de naturaleza similar a la del El Banco del Pueblo.

No fue una decisión fácil, pero tras consultar con amigos políticos y contar con el respaldo de su familia, sucumbió de nuevo a la tentación de trabajar desde el sector público: “pensé: bueno, esto tiene la ventaja de que el único interés que tengo es hacerlo bien, no tengo ambiciones personales diferentes a ayudar a la gente”.

Después de haber trabajado en el sector privado en empresas como Shell y Fiduciaria Colmena, y de contar con una hoja de vida en el sector público que incluye su paso por la cartera de Minas y Energía como viceministra y haber sido la primera mujer en ser ministra de Justicia, de Greiff asegura que aunque el sector privado da una serie de herramientas a nivel organizacional por centrarse en el tema de la productividad, prefiere el sector público pues desde allí hay más posibilidades de trabajar directamente con la gente. De Greiff dice que en el sector público “generalmente no hay objetivos económicos, sino más de ayuda”, y eso le encanta.

Esa es la razón por la cual, después de ver a su padre, el ex fiscal Gustavo de Greiff, dedicado toda la vida a trabajar por la igualdad y la justicia, decidió formarse como abogada y dedicar su vida al servicio. Y es la misma razón por la que asume con compromiso cada una de sus jornadas laborales, que bien pueden ser de 11 ó 12 horas diarias, que transcurren entre juntas, preparación de informes y sesiones en el Concejo de Bogotá.

Aunque su nuevo cargo no le deja tiempo “ni para respirar”, trata de sacar tiempo para descansar y ocuparse de actividades como ver televisión, especialmente noticieros, porque es su hobby favorito. Pero por encima de cualquier actividad, un espacio de su agenda es propiedad  de su esposo y de su hijo, Miguel José, de 22 años, quien estudia Ciencias Políticas y Filosofía en Vancouver y pronto iniciará clases de Música. Todas las noches, pase lo que pase, habla telefónicamente con su único hijo.

Vive al lado de la casa de su padre, con su esposo y sus dos perros: Gandhi y Gregorio Samsa. Se considera una persona optimista, virtud que le permitió sobrellevar reveses tales como amenazas contra su vida y la de su familia durante su trabajo en la cartera de Justicia. Pero prefiere no detenerse en el pasado, y en cambio tiene claro qué quiere para su vida dentro de diez años: “me veo descansando, viendo televisión y ojalá con algún nietecito”.

 

 

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