Radiografía de un psicópata

La psicóloga chilena Elizabeth León Mayer, experta en psicopatía, estuvo en Bogotá esta semana.

Cuando la niña de 12 años llegó al consultorio de la psicóloga Elizabeth León Mayer le mostró un cuaderno que siempre cargaba con ella. “Cómo matar a una hermana sin que nadie se dé cuenta”, decía en la primera página, en letras grandes y desordenadas. En el cuaderno contaba cómo, diariamente, le echaba unas goticas de veneno para rata en el desayuno a su hermana sin que nadie se diera cuenta. También narraba el día en que mató a la mascota de la casa porque no la soportaba.

Ella dice la doctora Mayer es una psicópata en potencia, que todavía puede ser tratada psicológicamente. Si no recibe atención, en el futuro, será una mujer fría, cruel, que seducirá a los hombres para luego violentarlos. Quizá sea una asesina en serie o robe por satisfacción. En cualquiera de los casos no sentirá remordimiento. Ese es el primer mandamiento de un psicópata: no te arrepentirás de tus actos, tendrás plena conciencia de lo que haces, pero nunca sentirás remordimiento frente a los crímenes que ejecutas.

Este caso es de Santiago de Chile, de donde es originaria la psicóloga Mayer, pero no cambiaría mucho si el escenario fuera otra metrópoli como Bogotá, Buenos Aires o Nueva York. En las grandes ciudades los trastornados suelen tener características similares. “En una gran ciudad un psicópata tiene más opciones de delitos para cometer, puede quebrantar las reglas sin ser descubierto. Puede camuflarse fácilmente, pasar inadvertido”.

Clases sociales de la psicopatía

Según la chilena, las brechas sociales que se viven en las grandes urbes engendran diferentes clases de psicópatas; pobres y ricos. Así podrían clasificarse. “Psicópata pobre, en una gran ciudad, va a ser delincuente. Psicópata con dinero, un


profesional exitoso. El adinerado probablemente será gerente de una gran organización o un líder que mueve masas. Un psicópata pobre será el jefe de una pandilla de niños, y después dirigirá alguno de los carteles de droga que hay en los barrios marginales”.

Mayer sigue citando otras características del psicópata que nació con dinero y del que no tiene plata. Del que gerencia una megaempresa y del que nunca ha ganado más de un salario mínimo. “El psicópata educado y con dinero probablemente tendrá un cargo en la política, en el mundo empresarial, en el poder judicial, en profesiones de la salud. También puede estar en sitios donde tiene amplio acceso a sus víctimas, como en el clero o cualquier tipo de religión”. En las redes de narcotráfico el psicópata con dinero se encarga de las relaciones con los policías, con los jueces, con los políticos.

“En cambio, en los sectores más bajos van a estar ubicados en pandillas, pero generalmente no son la cabeza del grupo. Son los que le murmuran al oído al cabecilla. Son el poder en la sombra, porque ahí se pueden mover mejor y hay menos posibilidades de que los descubran”.

El destino de los dos desequilibrados, el del infortunado económicamente y el del adinerado se une al final de la historia. Los dos suelen terminar su vida en una prisión. “Psicópata pobre cae a la cárcel generalmente por robo, violencia, homicidio o violación. El otro cae a la cárcel generalmente por delitos económicos”.

Crimen público

Segundo mandamiento del psicópata: serás cruel hasta la saciedad, te divertirás torturando a tu víctima, viéndola sufrir. Nada más excitante que el dolor del débil, del que no tiene cómo defenderse.

“Si se encuentra un cuerpo mutilado es muy probable que un psicópata haya participado en ese crimen. Detrás de una persona con este trastorno hay víctimas destruidas moralmente, violaciones muy brutales, en las que el sujeto la mayoría de las veces ni siquiera se preocupa por limpiar los rastros”, dice la psicóloga chilena.

En ese país los medios de comunicación contaron con indignación la historia de un hombre que violaba a las mujeres frente a un público esa era la condición para cometer el crimen. Los espectadores debían ser familiares de la víctima. El hombre


irrumpía en las casas durante las noches, reunía a los hijos y al esposo en la sala de la vivienda, desnudaba a la madre, la torturaba y la violaba hasta el cansancio. Después iba hasta la habitación matrimonial, se daba una ducha, se vestía con la ropa del esposo y obligaba a la mujer violada a prepararle la comida.

“Ese hombre no estaba loco ni era un enfermo mental, era psicópata sentencia Mayer. Si decimos que es un enfermo le estamos quitando responsabilidad. Ellos están total y plenamente conscientes de lo que hacen. Si yo digo que es un enfermo mental lo estoy transformando en inimputable y en alguien que no sabe lo que está haciendo. Ellos saben que lo que hacen está mal y que pueden evitar hacerlo”.

Tercer mandamiento: no amarás ni a tus padres ni a tu prójimo, no crearás vínculos afectivos con nadie. “Si lo hace podría ser con alguien muy cercano, como un hijo. Pero no con el amor de un padre normal hacia su hijo, sino porque ese hijo es de él, le pertenece. Si ese hijo le falla, se desvincula. Inicialmente este sujeto se muestra simpático, agradable y comprensivo, pero no tiene empatía con nadie”.

En Bogotá, Campo Elías Delgado, el protagonista de la masacre del restaurante Pozzeto, el asesino de 26 personas incluida su madre, es quizás el psicópata que más fuertemente marcó la historia de la ciudad. Ningún examen dictaminó su psicopatía, más allá de que hubiera sido combatiente en Vietnam, y de algunas neurosis menores como vestirse siempre con camisas de manga corta y lavarse las manos compulsivamente. El múltiple crimen del 4 de diciembre de 1986 fue suficiente para ponerle la marca. Cumplió con el tercer mandamiento: mató a su madre y, acto seguido, a una estudiante de inglés. Al día siguiente ingresó a su restaurante preferido, en la séptima con 62, pidió un whisky, sacó una pistola y eliminó a 24 inocentes.

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