Se busca informante

Este año la Policía Metropolitana tiene destinados $500 millones para pagar recompensas. Hasta ahora se han entregado $285 millones. Si se agota el presupuesto, debe solicitarle a la Nación una adición.

El crimen fue demasiado crudo. Tal vez por eso no salió registrado en los medios de comunicación. Apenas si un periódico sensacionalista informó que el niño, que padecía una enfermedad mental, había aparecido incinerado y decapitado. Y que además estaba vestido con la ropa de un hombre adulto, y que en el bolsillo del pantalón se podía reconocer la cédula de una persona llamada Elberth Orozco Pinzón.

Días más tarde la Policía se daría cuenta de que el plan del asesino, el profesor Pinzón, era hacerse pasar por muerto para cobrar un seguro de vida. Y la mejor manera de hacerlo era matar a su alumno y dejar el cuerpo casi irreconocible, sólo con un documento que revelara la identidad de la víctima.

El crimen sucedió en 2006 y sólo la semana pasada la Policía pudo detener a Pinzón, un hombre de nariz amplía y ojos rasgados, que después de ese homicidio se convirtió en uno de los 20 delincuentes más buscados en Bogotá. La captura se dio gracias a un informante, quien seguramente recibirá como recompensa hasta $15 millones, como reza en el afiche, que además promete “absoluta reserva de identidades”.

La estrategia de las recompensas ha dado resultado: la lista de los mayores delincuentes de Bogotá fue publicada en noviembre del año pasado y desde ese momento ya van nueve capturados. Entre ellos está Claudia Alejandra Cardona, sindicada de ser una de las responsables de los atentados del año 2002 contra el Palacio de Nariño. “Estos pagos son sometidos a la valoración de un grupo de especialistas en seguridad, quienes establecen unos valores determinados. Son denominadas recompensas públicas”, explica el coronel Carlos Vargas, jefe de inteligencia del Sipol.

Además de estos pagos, la Policía Metropolitana remunera “a las fuentes casuales que dan información”. Entre las dos modalidades, recompensas públicas e informantes, este año la Policía de Bogotá ha entregado $285 millones. En lo que resta de 2008 esta institución tiene un presupuesto de $251 para ofrecerle a la comunidad, a cambio de información que pueda permitir dar con el paradero de los responsables de los atentados en un barrio del norte de la capital, o del secuestro de un niño de 22 meses, o del incendio de seis busetas, casi simultáneamente, en diferentes puntos de la ciudad.


Es la Policía la que decide por cuál crimen pagar una recompensa. “Depende del impacto del hecho, de la sensibilidad que despierte en la opinión pública dice el coronel Carlos Vargas. Frente a un secuestro o una acción terrorista hay una mayor conmoción”.

El recorrido de la fuente

El asesino quien después fue identificado como John Fredy Montaño y la víctima Javier Andrés Pulido Díaz se encontraron en la estación Portal Norte de Transmilenio poco después de las 4:30 de la tarde del 29 de diciembre de 2007. La víctima le reclamó a Montaño por orinar en la pared y siguió su camino. Montaño lo alcanzó y lo atacó con un cuchillo casero. A las 4:51 p.m., una cámara de seguridad registró el momento en el que Pulido cayó al suelo, moribundo por haber recibido varias puñaladas en el pecho. La ambulancia llegó 20 minutos después de ser pedida, cuando ya el hombre había muerto. El homicida huyó.

De esta noticia se habló hasta finales de enero de 2008, cuando Montaño, sembrador de papa, fue capturado en la vereda Ventalaga de Zipaquirá. Después se supo que tanto la víctima como el asesino estaban ebrios. El retrato hablado de Montaño, que fue pegado en las paredes de toda la ciudad junto con el mensaje “Recompensa, 10 millones de pesos”, fue la estrategia para dar con su paradero.

Esa ha sido la mayor recompensa que la Policía Metropolitana ha entregado este año. Los informantes llegaron hasta la Policía Metropolitana y se entrevistaron con el comandante de la institución, el general Rodolfo Palomino.

Asimismo, todos los informantes deben pasar por una entrevista con uno de los especialistas de la Sijín o de la Policía. “El funcionario que haya tenido contacto con la fuente elabora un informe dando a conocer de manera detallada la información que suministró la fuente. Hace un informe de inteligencia en el que valora los datos aportados explica el coronel Yesid Vásquez, subcomandante de la Policía Metropolitana. Además, tiene que ampliar esa información y verificarla para que no nos vayan a desgastar con datos falsos”. Por último, el director de la unidad estudia la disponibilidad del presupuesto y ordena que se pague el dinero.

En el caso de Transmilenio la investigación se concluyó en menos de un mes. Los informantes dieron las coordenadas exactas del paradero de John Fredy Montaño. Sólo después de la captura, la recompensa fue pagada. Ese es el trato que se hace con el informante. “Se paga por hecho cumplido, cuando concluye totalmente la investigación”. En esa ocasión, la recompensa se dividió en dos partes iguales. Cada informante recibió $5 millones en efectivo.


Falsos informantes

En mayo pasado una serie de explosiones alertó a la ciudad sobre la inminente llegada del terrorismo. Después de un mes, el alcalde Samuel Moreno aseguró que tres de los atentados habían sido planeados por un solo hombre, el mismo que provocaba las explosiones y luego se hacía pasar como el informante para cobrar una recompensa. Su nombre es Jair Romero Guerra, alias El Negro.

Después de que este caso saltara a los medios de comunicación, es posible que Romero haga parte de la lista de falsos informantes que reposa en la Policía Metropolitana. “Tenemos un registro de las personas que trafican información”, explicó el coronel Vásquez.

Según el subcomandante de la Policía, ninguno de ellos ha logrado sacarles ni un solo peso, ni siquiera Jair Romero, a pesar de que esta semana se haya rumorado que había sido recompensado por las autoridades. Si así hubiera sido, Romero habría visitado el comando de la Policía Metropolitana un “lunes de recompensa”, día en el que suelen entregar el dinero, en presencia del general Palomino.

Y en el comando habría una foto de Romero recibiendo la recompensa, pero su rostro estaría cubierto, porque la Policía tiene como principio proteger la identidad de sus informantes. Si Romero hubiera recibido la recompensa, no tendría que preocuparse por descuentos ni impuestos, el dinero que se entrega es el que se promete inicialmente. Pero este hombre no está en los cuadernos de contabilidad de la Policía. En cambio, sí debe estar identificado como uno de los falsos informantes, que están reportados en todos los entes de seguridad de Bogotá.