Este miércoles trasladan al Señor Caído de Monserrate a la Capilla del Sagrario

En 352 años de historia, es la primera vez que bajan el monumento por motivos no devotos.

“Padre nuestro que estás en los cielos” es la oración milenaria que más se escuchará esta Semana Santa en cada lugar de luz y de sombra sobre la Tierra. También es el símbolo de omnipresencia de las alturas, otorgado por la religión en repetidas letras de la Biblia: El Monte Sinaí, en el que Moisés recibió los diez mandamientos; el Monte de Sión, donde fue construido el templo de Jerusalén; el Monte de los Olivos, donde varias gotas de sangre acariciaron el rostro de Jesús después de la última cena, y el Monte Calvario, el sitio del vía crucis y la crucifixión.

En el siglo XVII, los bogotanos se dieron cuenta de que también tenían un cerro como el de los pasajes bíblicos. Todos lo llamaban “Monte de las Nieves”, hasta que el padre Pedro Solís de Valenzuela quiso hacer una réplica de la catedral de Nuestra Señora de Montserrat, en Barcelona. Para ello, construyó una capilla y un convento en donde reposaría una estatua de una virgen morena, bastante polémica entre los tradicionalistas capitalinos.

La santa fue bajada de su pedestal en los albores del siglo XVIII. La reemplazaría una imagen de Jesús en una de sus caídas hacia el Monte Calvario, elaborada por el escultor santafereño Pedro de Lugo y Albarracín en 1656 a un costo de 40 patacones, la moneda de entonces. Nadie volvió a ver a la virgen negra, que parecía haber sido fulminada de la faz de la tierra.

Desde entonces, los creyentes “se sienten identificados con la imagen de un hombre que, a pesar de las tragedias, tiene la disposición de volverse a levantar”, opina el custodio de la Basílica Menor de Nuestra Señora de Monserrate, el padre José Daniel Falla.

Por eso es común ver decenas de personas en el santuario que terminan su doloroso recorrido y se ubican en silencio al lado del cubículo privado del Señor Caído. Rezan con el rostro sereno, como si no molestaran sus rodillas abrigadas con sangre caliente y tierra seca, después de dos o tres horas de subir con la postura de plegaria los 1.105 escalones que conducen a la cima del cerro.

Sin embargo, quienes gustan de estas tradiciones en Semana Santa tendrán que conformarse con visitar la famosa imagen en la Capilla del Sagrario, junto a la Catedral Primada, desde el miércoles al mediodía hasta el domingo por la noche. La decisión fue tomada por la Arquidiócesis de Bogotá, después de que la Dirección de Prevención y Atención de Emergencias detectara 17 puntos en el camino a Monserrate susceptibles de presentar derrumbes.

La osadía de levantar al ‘caído’

No es fácil ‘levantar’ al Señor de Monserrate. Son 150 kilos de hierro, madera y metal fundido. Además, existe la creencia popular de que se molesta cada vez que lo bajan de su pedestal.

Dicen que la última vez se puso más pesado. Fueron necesarios 50 hombres para trasladarlo. El 21 de noviembre de 1998 fue una tarde lluviosa en la que todos llevaban en la mente la noticia de que las Farc se habían tomado Mitú, en el departamento del Vaupés, dejando un saldo de muertes aterrador. El Señor Caído gozaba de la fama de haber concedido muchos milagros y la paz era el milagro que todos querían por entonces. Lo sacaron de la iglesia, lo llevaron por el camino del vía crucis hacia la estación del funicular, lo amarraron por fuera del vehículo, ya que no cabía, y entre una aglomeración nunca antes vista llegó a la Plaza de Bolívar, en donde se quedó sólo un día.

La violencia también fue el motivo para usar el último recurso después de negociaciones políticas fallidas, cuerpos mutilados y la guerra bipartidista que dejó el Bogotazo: creer en milagros. Fue el 10 de junio de 1952 cuando, por segunda vez en la historia, trasladaron al ícono del cerro capitalino a la ciudad.

La primera vez, el Señor también se molestó. El camino al santuario aún no había sido tapizado con piedras y adoquín. Varios deslizamientos impidieron la subida de quienes querían presenciar el vía crucis de la santa estatua. Ese año, 1916, al cielo de Bogotá se le había olvidado llover y la sequía de la tierra se tradujo en hambre y pobreza.

Este año será la primera vez en la que la búsqueda de un milagro no sea el motivo para volver a mover al santo. En esta ocasión se buscará que la multitud que generalmente acude al cerro en Semana Santa se reduzca, previniendo que muchos hagan caso omiso de las advertencias de deslizamientos y busquen caminos alternos para escalar la montaña.

Este miércoles el Señor de Monserrate será transportado por dentro del funicular, amarrado a unas tablas incrustadas en la cabina. Será cargado por el personal del lugar con un anda —tablero sostenido por dos varas paralelas— en un acto discreto, sin rezos ni vía crucis, que será público “ya que esta vez no se trasladará al monumento por motivos devocionales”, según fuentes oficiales de la Arquidiócesis.

“Va a ser muy extraño para nosotros. Un Viernes Santo la gente empieza a subir desde las dos de la mañana a pie y durante todo el día el lugar está colmado de creyentes y turistas que saben de la magia de Monserrate”, aseguró con la mirada baja que produce la nostalgia Yesid Padilla, el sacristán de la iglesia del cerro.

Temas relacionados

 

últimas noticias