Perdida en A. Latina

Relato de una española que tuvo que volar tres días para  llegar a Bogotá.

El sábado 27 de junio debía coger un vuelo Madrid-Bogotá, a las 12:20 de la mañana.  Tendría que llegar ese día a las 3:30 p.m. al aeropuerto Eldorado, pero el viaje resultó una odisea que me llevó hasta las ciudades ecuatorianas de Quito y Guayaquil. Una aventura que retrasó mi incorporación como practicante a El Espectador.

Viene siendo habitual que las aerolíneas vendan más billetes de los disponibles, con la intención de cubrir cualquier baja que pueda darse. No obstante, cuando éstas no se producen, los viajeros quedan desamparados a merced de una empresa que no ofrece soluciones. Eso fue lo que me sucedió. 

En el mostrador de facturación de Iberia fui informada de que “casi seguro” no tendría plaza. A pesar de todo,  facturaron mi maleta hacia un destino incierto y me ofrecieron un billete sin plaza asignada para que “probase”. Por supuesto, el avión se encontraba completito, y yo sola, sin saber hacia dónde se dirigía mi maleta con los enseres necesarios para dos meses. ¡Y eso que dos días antes llamé a la compañía para confirmar mi reserva!

Iberia me planteó la posibilidad de viajar a New York o México y tomar desde allí un enlace a Bogotá.  Finalmente me desviaron hacia Quito, desde donde volaría a Colombia. Por una avería aterrizamos en Guayaquil (sur de Ecuador), con lo que perdí la conexión de Bogotá.

A las 10:00 p.m. reembarcamos hacia Quito, exhaustos tras un día de viaje. El personal de Iberia me aseguró que enviarían un billete al hotel en el que me hospedaron para volar por la mañana temprano.  No fue así. Por fax me hicieron llegar una hoja que en el mostrador del aeropuerto rechazaron por no tratarse de un billete electrónico. Como solución me ofrecieron pagar U$300 por un pasaje que en ningún caso yo debía desembolsar (ya había pagado 800 euros por el de Madrid a Eldorado).

Por fin llegué a Bogotá el 28 de junio, tras viajar por dos aeropuertos de Ecuador, restar U$300 a mi tarjeta de crédito por un billete que Iberia debería haber pagado, y sin maleta.

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