“La Aerópolis será el corazón de la región”

La ex directora de Planeación Distrital de Bogotá, Carmenza Saldías Barreneche, explica las razones por las que vale la pena apostar por el nuevo modelo de  integración regional.

Si hay alguien que sueña de día y de noche con ver a Bogotá y los municipios vecinos convertidos en una red de ciudades dinámicas, amigables con el medio ambiente, progresistas, con gran empuje económico, esa es Carmenza Saldías Barreneche. Desde su paso por la dirección de Planeación Distrital de Bogotá, bajo la alcaldía de Antanas Mockus y la primera etapa de la administración de Luis Eduardo Garzón, esta economista se enamoró de la idea de la ciudad-región.

¿Cómo se imagina a Bogotá en 2038?

Imagino dos escenarios. Uno en el que llega a ser una gran aglomeración de 12 a 14 millones de habitantes, caótica, difícil de gobernar. En el otro escenario, Bogotá conectada a una red de ciudades y municipios de Cundinamarca. Como un sistema urbano-regional muy potente, con áreas conservadas, otras muy productivas, con excelente calidad urbanística.

¿De dónde viene este modelo?

En los últimos 50 años se dio un énfasis en el crecimiento de la gran ciudad a costa de ciudades vecinas, de la sustentabilidad ambiental, y aparecieron estos grandes monstruos de 14 y 20 millones de habitantes. Del aprendizaje de estas aglomeraciones ha venido a aparecer otra forma de ocupar el territorio. Que no exista una sola ciudad buena, sino un conjunto de ciudades.

¿Los pueblos se vuelven ciudades?

Puede significar la oportunidad de ser ciudad  en el sentido pleno del término, no sólo gente viviendo junta, sino ciudades donde estén resueltas buena parte de las cosas que se requieren: infraestructura, servicios públicos, calidad urbanística, desarrollo económico, generación de empleo. Estos municipios que hoy tenemos están a puertas de vivir una transformación para bien.

¿Cuál es el primer paso para hacer realidad el proyecto?

Para que  esto ocurra hay que llegar a un acuerdo de voluntades entre autoridades. Parece la parte mas fácil y tal vez sea la mas compleja. Venimos de una tradición y unas reglas de juego que invitan a que cada quien resuelva el mundo a su manera.  Eso debería expresarse en decisiones especificas en los planes de ordenamiento territorial que están siendo revisados hoy en Bogotá y los municipios.

¿A quién le corresponde este liderazgo?

En buena medida está en cabeza del gobernador, pero también de todos los alcaldes.


¿Pero la Gobernación tiene los dientes para esto?

Los gobernadores, con lo que hoy hay en la Constitución y las leyes, tienen competencia para coordinar la planeación de sus municipios.

¿Cuál es el cronograma?

El acuerdo no da mucho tiempo. Si no se resuelve en seis meses o un año, la inercia de la gran aglomeración que construimos sobre la sabana, de manera irracional, sería imparable.

¿Cuáles son los proyectos claves?

El primer gran proyecto es el río Bogotá. Si queremos una Cundinamarca que sea orgullo para todos, el río tiene que ser un río, no puede ser una alcantarilla.  El segundo tema importantísimo es el aeropuerto. Es crucial en la configuración regional, porque la viabilidad económica está asociada a que sepamos aprovechar el puerto. La Aerópolis es el corazón de la región.  Un tercer grupo de proyectos tiene que ver con la propia movilidad: tren y vías. Genera el atractivo de vivir allá porque están cerca de Bogotá. Un cuarto grupo  son los proyectos en torno a servicios de agua.

¿Cuánto va a costar todo esto?

Vale mucho dinero producir suelo para ubicar 3 a 4 millones de personas y repartirla entre 25 municipios. Si logramos cobrar las rentas que esto va a generar, habría cómo financiar la región.

¿Cómo se puede participar en todo esto?

Cada ciudadano debe ir cobrando conciencia de lo importante que es actuar de manera complementaria. Esto se hace realidad si la gente de cada municipio decide hacerlo, si cobramos noción de construir el futuro y no sólo padecerlo.