¿Cómo responder a los retos en materia de medio ambiente y desarrollo sostenible?

hace 45 mins

Cambio extremo para 2038

Dos estudios contratados por la Gobernación de Cundinamarca sugieren que Fusagasugá, Facatativá, Zipaquirá y Cáqueza se conviertan en grandes y modernas ciudades integradas a Bogotá.

Parece que Bogotá también carga con un dilema en el alma. A tan sólo 30 años de llegar a su cumpleaños número 500, la ciudad debe decidir si deja que las cosas sigan la marcha que ya llevan o cambia de rumbo.

Si se impone la ley de la inercia, cada día podría parecerse más a una gran metrópoli como Ciudad de México, con sus ventajas y también con su caos. Una mancha gris, económicamente potente, extendiéndose por la sabana hasta tragarse por completo municipios como Chía, Cota, Funza, Mosquera y Soacha.

Si decide cambiar de vida y toma la decisión de concentrarse en el lugar que hoy ocupa, les abriría paso a los municipios vecinos para que sean éstos los que más crezcan. Fusagasugá, Facatativá, Zipaquirá y Cáqueza albergarían gran parte de los 3 millones de habitantes que se proyectan para la región en las próximas décadas, tomarían cara de ciudades modernas y Bogotá se integraría a ellas formando una red de centros urbanos. En este caso se parecería más a centros  como Nueva York, París o Madrid, que han creado ágiles conexiones con suburbios y municipios vecinos.

Unos lo llaman ciudad-región, otros lo han rebautizado región capital. El caso es que tarde o temprano, por esta senda, toda la zona debería convertirse oficialmente en la capital de Colombia.

Las imágenes tridimensionales que simulan estos dos escenarios, creadas por ingenieros de la Universidad de los Andes, ya han comenzado a circular entre urbanistas, alcaldes de los municipios de Cundinamarca y por supuesto están en manos del gobernador de Cundinamarca, Andrés González. Con ellas se ilustran las conclusiones de dos grandes estudios elaborados por la firma Unión Temporal Julio Gómez.

Carmenza Saldías Barreneche, ex directora de Planeación Distrital durante las alcaldías de Antanas Mockus y Luis Eduardo Garzón, es uno de los cerebros detrás de toda la compleja planificación y proyección de este modelo de integración. Su optimismo al hablar del tema salta a la vista: “Se trata de crear un círculo virtuoso de crecimiento y desarrollo a partir de decisiones correctas”.

El pasado

En los últimos 50 años, el suelo urbano de la región se incrementó 30 veces. Gran parte  ocurrió de manera desordenada, al antojo de urbanizadores ilegales y regulares planificadores sin visión de futuro. Dice Andrés González, gobernador de Cundinamarca, que “muchas de las grandes fortunas de esta región se hicieron construyendo en sitios en que no se debía construir”.

Aún hoy se pueden apreciar letreros en las veredas del departamento que dicen “Se recibe tierra”. ¿Para qué? Para cambiar el rumbo de alguna de las 400 quebradas identificadas en la región, tapar humedales, secar una de las 1.000 microcuencas. En pocas palabras, ir en contravía de toda la estructura ecológica de la que depende el futuro.

La lista de enfermedades derivadas de esta y otras acciones parece interminable: profusión de vías vecinales, discontinuidad, derroche de suelo, suburbanización predio a predio, ruptura de corredores y sistemas ambientales, profusión de vías de ladera, pérdida de límites de asentamientos históricos, ocupación de zonas de montaña y bosques, galpones destinados a la floricultura, alteración del paisaje, industrias mezcladas con viviendas campestres y condominios, especulación. Y en términos fiscales: “viviendas de millones de pesos pagando impuestos como si fueran chozas”.


La propuesta

Para evitar ese escenario, inviable desde un punto de vista ecológico, con problemas administrativos y de gobernabilidad, y con riesgo de estancamiento económico a causa de los problemas de movilidad, ha ido cobrando fuerza en los últimos meses un “modelo de ocupación de la sabana”.

El modelo contempla, por un lado, un estricto ordenamiento ecológico de la región. Se conservarían 8.597 hectáreas de la ronda del río Bogotá, 10.955 alrededor de la aerópolis, 2.029 de embalses y humedales, 145.208 de reservas forestales y 941 de parques regionales.

En cuanto a su estructura funcional, Bogotá debería desarrollar proyectos de alta densidad a cambio de regar sus calles por la sabana y cuatro municipios tomarían el liderazgo de crecimiento en términos de vivienda: Fusagasugá, Facatativá, Cáqueza y Zipaquirá.

Una gran estructura de movilidad permitiría que miles de personas prefirieran vivir en estos nodos urbanos antes que en Bogotá y las que ya viven en estos lugares no migren. Por ejemplo, Andrés Sánchez, diseñador gráfico que vive en Zipaquirá y trabaja en Bogotá, todos los días invierte poco más de dos horas en el viaje de ida y vuelta. Los cálculos dicen que en el nuevo modelo tardaría 36 minutos en cada trayecto.

El tren de cercanías se ha convertido en la primera piedra del sistema. Pero también se piensa en un Subsistema de Corredores Troncales, un anillo de 360 kilómetros de longitud que una Zipaquirá, Facatativá, Fusagasugá y Cáqueza, entre otros proyectos menores.

Todo el modelo orbitaría en torno a la llamada Ciudad Aerópolis, un gran desarrollo en torno al aeropuerto El Dorado. Para construirla, se recuperaría el conjunto de humedales, habría un traslado progresivo de cultivos de flores, se extenderían las vías José Celestino Mutis y Luis Carlos Galán, para conformar los Ejes Tecnológicos de Innovación y Desarrollo Industrial.

Los beneficios económicos derivados de una región ordenada bajo estos parámetros son muy provocativos. Cálculos iniciales hablan de $66,8 billones de plusvalía por concepto de reclasificación del suelo rural a suburbano.

¿Será posible alinear todas las voluntades esta vez? Los síntomas por ahora son alentadores.

Andrés González: “Hay voluntad política”

El actual gobernador de Cundinamarca, Andrés González, ha sido un entusiasta de la idea de región capital desde hace más de 10 años. Hoy es uno de los líderes de la iniciativa. Esto le contó a El Espectador sobre la tarea de integrar la región en el nuevo modelo:

“Se trata de orientar la región a un futuro sostenible, digno, viable. El primer punto que hemos considerado es la estructura ambiental de la región. Nosotros no podemos construir barrios rellenando quebradas. Todo el uso del suelo debe partir del respeto cuidadosísimo de esto. Hay que aplicar la teoría de la densificación a ultranza, pero no sólo en Bogotá, sino en otras ciudades de la región.

Se necesita un gran pacto por la movilidad. Un gran consenso de la movilidad de la región. Hay una gran conciencia y sensibilidad entre los alcaldes. Trabajamos permanentemente en el tema. Se están haciendo talleres con los alcaldes. También estamos llegando a acuerdos de acueductos regionales. Hay voluntad política. Porque el modelo es respetuoso de la identidad de cada quien, no como el modelo de área metropolitana, que era dominante. Si no hay visión regional, no hay futuro”.

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