Quesada el desventurado

Bogotá existe casi por un extraño designio del destino. Gonzalo Jiménez de Quesada fue un hombre tan desventurado que la fundación de esta ciudad fue quizá la única recompensa a una vida de infortunios.

Salió de Santa Marta en 1536 a la conquista del interior con 820 hombres de infantería y 80 de a pie, pero tras remontar las selvas del Opón y llegar a las posesiones de los muiscas ya sólo quedaban 166 soldados. Diezmados física y moralmente, sus tropas se sublevaron, lo acusaron de traicionar a la Corona y por poco le dan muerte.

Luego, soldados de su expedición incendiaron el templo de Sugamuxi, o templo del Sol, lo que desencadenó una de las primeras rebeliones indígenas contra los españoles. Pero su desgracia no terminó ahí: al fundar a Bogotá tuvo que defender sus títulos de fundador y su jurisdicción sobre la ciudad de las pretensiones de Nicolás de Federmán y Sebastián de Belalcázar, quienes querían tomar posesión de ella. Entonces, cuando se propuso regresar a España con el fin de dar cuentas al Rey de todas sus hazañas, fue Jerónimo Lebrón, nuevo gobernador de Santa Marta, quien quiso usurparle la jurisdicción del territorio conquistado.

Después de fundar a Bogotá, la ciudad fue destruida por un incendio cuya autoría intelectual se le adjudicó al cacique Sagipa. Esa fue la razón para que Jiménez de Quesada hubiera ordenado la construcción de una ciudad de españoles, siendo elegido el territorio de Teusacá, en las estribaciones de los cerros de Monserrate y Guadalupe, en lo que hoy es el Chorro de Quevedo, en el barrio La Candelaria.

El 27 de abril de 1539 se hizo la fundación jurídica de la villa de Santafé; se eligió un cabildo, se designaron regidores, alcaldes y escribanos, se repartieron solares entre los conquistadores y se efectuaron las demás diligencias pertinentes. De este modo podría explicarse el hecho de tener registrada en la tradición historiográfica la fundación de la ciudad el 6 de agosto de 1538 y encontrar su formalización en documentos solamente el día 27 de abril de 1539, cuando se inició su verdadero ordenamiento civil.

Mientras Jiménez de Quesada dejaba a Bogotá y se iba en búsqueda de un sueño, de una quimera —el mítico país de Eldorado—, la “aldea” comenzó a transformarse y a tener un aire apacible y colonial. En menos de 15 años obtuvo todos los honores de gran ciudad, y con la concentración de las dignidades judicial, gubernamental y religiosa en continuo aumento, Santafé pronto sería una ciudad burocrática y eclesiástica, que reunía a una casta de letrados y jueces, clérigos y frailes.

Viejo, empobrecido y casi olvidado, soñando tal vez todavía con encontrar el mítico país de Eldorado, Jiménez de Quesada contrajo una penosa enfermedad, aparentemente lepra, y falleció en 1579, en Mariquita, Tolima.

En cierto sentido, fue un conquistador atípico. Como dice el historiador Eduardo Santa: “Entre esos miles de aventureros de alma recia, salidos en su gran mayoría de los bajos fondos sociales, perdularios y desocupados que querían jugarse la última carta de sus existencias, perseguidos por la justicia o por la necesidad, muchos de ellos ex presidiarios, soldados mercenarios sin empleo, entrenados en duras batallas, gentes para quienes el descubrimiento del nuevo mundo era la gran oportunidad de hacer fortuna y fama, venía extraviado un verdadero caballero andante, a quien su apego por la justicia le había hecho abrazar la carrera de abogado y a quien su idealismo le había hecho historiador y letrado”.

Quesada imaginó otra ciudad. Algunos cronistas dicen que cuando vio por primera vez la altiplanicie vino a su memoria el recuerdo de la hermosa Vega de Granada, en donde había pasado sus primeros años. “Veía al noroeste la Serrezuela de Suba, que le hacía pensar en la Sierra de Elvira; las colinas de Soacha le recordaban las del Suspiro del Moro, y los cerros de Monserrate y Guadalupe se le asemejaban a los collados que a Granada circundan. Poseído de tan gratas emociones, exageradas por su imaginación andaluza, no vaciló en elegir aquel sitio para el establecimiento de una ciudad que hiciese estable su conquista y, al efecto, ordenó que se fabricasen, en conmemoración de los 12 Apóstoles, 12 casas cubiertas de paja y se diese principio a una capilla”.

 *Secretario general de la Alcaldía Mayor de Bogotá

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