El donante capital

El ingeniero civil Javier Orlando Robayo, de 42 años, fue condecorado por la Alcaldía con la mención cívica ‘Amor por Bogotá’, el pasado 6 de agosto, por su actividad humanitaria.

Tuvo que volver a aprender a hablar. El 10 de abril de 1999, el ingeniero civil Javier Orlando Robayo, entonces de 32 años, sufrió un accidente automovilístico que lo obligó a tener que aprender a hablar de nuevo. También a reír y a caminar y a reconocer el rostro de sus seres queridos. A concebir todo el mundo, como si nunca antes hubiese estado en él. No precisa el diagnóstico, pero dice que fue algo así como muerte cerebral. Del mismo modo, el momento exacto de la tragedia se esfumó de su memoria: el sol de la mañana, la camioneta Ford Explorer que manejaba rumbo al trabajo en el municipio de La Dorada, Caldas; un camión que se atraviesa, un árbol, el hospital. El hospital durante ocho meses.

La misma historia que de un tiempo para acá ha tenido que relatar Robayo, una y otra vez, a quienes le preguntan el porqué de la actividad humanitaria que el pasado 6 de agosto lo hizo merecedor de la mención cívica ‘Amor por Bogotá’, entregada personalmente por el alcalde Samuel Moreno a 34 bogotanos destacados por su liderazgo, entrega y amor por la ciudad.

El hombre nacido en Villeta, padre de dos niñas, casado y separado en dos ocasiones, de hablar difícil debido a los padecimientos que no le permitieron recuperarse totalmente, fue premiado por ser el donante voluntario de sangre “más asiduo y desinteresado” de Bogotá. Desde el 14 de julio de 2004, cada tres meses, sagradamente, entrega en el Hemocentro Distrital 450 mililitros de su líquido vital. En cada ocasión casi medio litro que podría servirles a tres pacientes necesitados de sangre.

Los números de Robayo son entonces: 10 litros de sangre donados en cinco años, luego de 20 pinchazos, a 60 personas. Después de toda la que perdió en el suceso aquel. El Alcalde, en la ceremonia de gala en la que le entregó la medalla por ser un buen ciudadano, sólo atinó a decirle: “Yo no sabía que uno podía donar tanta sangre”.

“Devolverle a la vida”

Luego de un coma de dos meses, Javier Orlando Robayo abrió los ojos y afuera de ese encierro lo esperaban su mujer y su madre, en una habitación del Hospital de Caldas. La obra de construcción que adelantaba junto a su padre en ese departamento estaba paralizada, pero él no lo sabía. En realidad, no sabía nada de nada. A los pocos días, su familia le enseñó a decir “sí” moviendo el índice de la mano derecha y “no” moviendo el mismo dedo de la mano izquierda. Las horas se le iban escuchando a esos desconocidos que afirmaban ser sus parientes contar cómo era la vida antes de los tubos intravenosos, las inyecciones y medicinas.

Un día vio en la televisión un anuncio que invitaba a donar sangre. “Luego, más recuperado, comprendí que ésa podía ser una forma linda de devolver lo que la vida me estaba dando luego del accidente. Además, no costaba nada. Como en Villeta no se puede donar, porque no cuentan con las herramientas necesarias, llegué hasta el Hemocentro”.

Ahí, en el banco de sangre más moderno de América Latina, le explicaron que donar sangre no adelgaza ni genera impotencia, como señalan algunos mitos, y que normalmente el organismo recupera fácilmente lo dado en tres días.

Uno, dos, tres meses, espera el mismo hombre que creó una fundación —Misioneros Laicos Construcción y Mantenimiento— para “darles solución a las calamidades sociales” a través de obras civiles, para tomar el bus que en un trayecto de dos horas y media lo llevará de Villeta hasta el centro de la capital a donar sin falta alguna. “Y yo nunca incumplo mis citas. No lo hice ni con mi accidente”.

No se dona lo suficiente

Bogotá cuenta con 16 bancos de sangre, entre privados y públicos, y el Hemocentro que provee a los hospitales del Distrito. En este último, calificado por los expertos como el banco de sangre más moderno de América Latina, son donadas anualmente 186.000 unidades de sangre. Sin embargo, para cubrir toda la demanda se necesitaría que fueran 240.000. Así se lo explicó a El Espectador el doctor Bernardo Camacho, director de la entidad, quien dijo que aunque el estándar internacional de ciudades grandes es de 40 unidades donadas por cada mil habitantes, en la capital la estadística está en 27. “Es un problema cultural. El país está en mora de reorganizar el sistema de donación”. Para informarse acerca de cómo y dónde donar, puede acercarse al Hemocentro en la carrera 32 número 12-82.

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