La era del subterráneo

Esteban Rodríguez, arquitecto y urbanista chileno, es el director de este proyecto en la capital del país.

Antes de definir el trazado de la primera línea del metro, Esteban Rodríguez y su equipo se tuvieron que montar en la máquina del tiempo para dar un paseo por la Bogotá de 2038. A decir verdad, no abordaron ninguna nave extraña ni conspiraron en la dimensión desconocida para burlar las variables antiguas del tiempo y el espacio. Sin embargo, el costo de su pasaje resultó bastante nutrido: $19.600 millones por viajar al futuro sin salir de la ciudad.

Esa cifra, que el Distrito otorgó para su objetivo más ambicioso, tuvo que ser destinada a proyectar el número de capitalinos que existirán entonces, sus lugares de trabajo y el crecimiento económico de la ciudad en los años venideros. Toda esa maraña de interrogantes se debía fundir para trazar, precisamente, la primera línea del metro de Bogotá, el caballo de batalla que Samuel Moreno cabalgó durante la campaña a la Alcaldía y el mismo que ahora le corresponde montar a Esteban Rodríguez, el elegido por el consorcio Sener (firma responsable de la obra), para dirigir el proyecto.

Rodríguez, un hombre bonachón que se debate entre el acento chileno y el vasco, sólo interrumpe las explicaciones de cómo se obtuvo la llamada ‘Línea Roja’ para anotar un chiste o para referirse a Bilbao, una de sus tierras más queridas, su puerto en el hemisferio norte, porque si se le habla del sur, dirá que el otro puerto que rige su vida se encuentra en Chile, en su Valparaíso natal.

Dice que conoció a Neruda cuando era estudiante y que en plena Guerra Fría, por petición de un profesor amigo suyo y también del poeta, terminó llevando a un par de maestros soviéticos a un lugar llamado American Bar. “Traté de que estuvieran entretenidos durante su estadía en Chile, pero estos tíos eran demasiado serios”, comenta Rodríguez como jugando con la paradoja.

Para relatar paso a paso cómo fue que la primera línea del metro dejó de ser pura especulación para convertirse en una obra real hacia 2016 —de acuerdo con los planes su construcción se iniciará en 201—, el ingeniero de profesión habla calmado y argumenta con claridad cada una de las dudas que puedan surgir con su discurso. “¿Por qué decidimos que esta primera línea irá por debajo de las vías?, por una razón principal: Bogotá es una ciudad de edificios pilotados”. Entonces explica que el suelo de Bogotá es arcillado, que en una era anterior correspondió a un lago y que su blandura obliga a que en sus cimientos, los edificios se afirmen con pilares o pilotes de 20 o 30 metros de profundidad, como si fueran incrustados en un terreno de plastilina. “Si hubiéramos escogido una línea que cruzara por donde se levantan estas estructuras tendríamos problemas serios. Por eso decidimos ir por debajo de las calles”.

Según los estudios realizados por el consorcio, la Bogotá actual, una ciudad con más carros que vías, estará completamente copada en 2023. Ese fue un factor determinante para optar por el primer trazado. Los análisis de oferta y demanda de transporte indicaron que en el corredor oriental, una zona que abarca la avenida Caracas y las carreras 13, 11 y 7 desde la calle 72 hasta el barrio La Candelaria.

Con su hablado pausado, Rodríguez afirma que, aunque él no se inmiscuye en decisiones políticas (después de todo es un arquitecto enamorado del urbanismo), la carrera séptima debe tener una solución de movilidad lo más pronto posible, debido a la importancia que este corredor representa para el desarrollo de Bogotá, una urbe que él, desde sus cálculos y estudios, desde el modelo y la estadística, se imagina cómo una gran red de trenes, buses, tranvías y otros sistemas de transporte que conecten a los bogotanos con sus oficinas, sus casas y con el resto de sus vidas.

El consorcio encargado del estudio

El grupo constructor, encargado de estructurar el estudio que ha dejado en claro por dónde pasará la primera línea del metro de Bogotá, lo componen seis empresas, entre ellas Sener, una firma española que empezó como una asesora en modelos de construcción para barcos, además de Transporte Metropolitano de Barcelona. Entre otras, también se encuentran Santander Investment, la consultora de ingeniería ALG y la firma de abogados ibérica Garrigues Abogados, una de las más grandes de Europa.


A estas cinco empresas se suma la firma, también española, Incoplan, que se especializa en entregar soluciones para proyectos en desarrollo.

Estas empresas tienen, dentro de sus especialidades, experiencia en la estructuración de grandes proyectos como lo son la construcción de sistemas de transporte masivo para ciudades como Barcelona, Bilbao, Argel, entre otras. El consorcio resultó ganador de la convocatoria abierta por la Alcaldía en mayo del año pasado.

Currículo de Esteban Rodríguez

Esteban Rodríguez, director del proyecto del metro en Bogotá, es chileno de nacimiento, aunque guarda una relación estrecha con España, particularmente con la ciudad de Bilbao, en donde también construyó un sistema subterráneo de trenes.

Es arquitecto con especialidad en urbanismo y una de sus pasiones es la fotografía. En la firma Sener, una de las integrantes del consorcio encargado de estructurar el trazado de la primera línea del metro, ha estado vinculado a temas de planeación y arquitectura, principalmente en temas relacionados con el transporte urbano.

Ha estado vinculado con diferentes planes de desarrollo en distintas ciudades, como Barcelona, Caracas y Bilbao, en las que ha construido desde tranvías hasta una terminal de cruceros. También se ha desempeñado como director general de urbanismo en Vizcaya.

El proceso de selección de la primera línea

La primera línea del metro, denominada Roja, fue escogida por el consorcio encargado de los estudios basándose en el impacto que el proyecto tendría sobre seis factores clave: territorio, demanda y oferta de transporte, ambiente, socioeconómico y financiero.

A su vez, estos factores contaban con una serie de indicadores que, de acuerdo con las diferentes opciones evaluadas por el consorcio, fueron dando una especie de puntaje que, en últimas, arrojó el trazado ganador que esta semana fue anunciado por el alcalde Samuel Moreno.

De ahí en adelante la ruta se escogió para satisfacer la mayor demanda que se presenta en los viajes diarios que los bogotanos realizan hasta sus sitios de trabajo. Asimismo, esta variable se combinó con un cálculo estimado del crecimiento de la población total de la capital, así como con la tendencia en la densificación de la ciudad. Los resultados del cruce dieron como resultado que la mayor parte de los ciudadanos tienden a desplazarse hacia lo que se ha denominado como el corredor oriental, en el que se ubican importantes centros financieros, así como el centro de la ciudad, ambos puntos importantes para la dinámica laboral de Bogotá.

Después de eliminar dos de las cuatro posibilidades de redes que contemplaban los consultores, se tomaron elementos de ambas para constituir la red ganadora, en la que se fijaron tres líneas de metro, incluyendo la anunciada en días pasados; los tres megaproyectos, en los cálculos de la Alcaldía, deben estar terminados para 2038; la primera línea debe, según el discurso oficial, comenzar a construirse en 2011.

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