La voz de las ciclorrutas

Los cuatro días de paro del servicio de transporte colectivo le aportaron a las ciclorrutas muchos usuarios nuevos.

Por supuesto que lograr que la gente se baje de su carrito para pasarse a una bici implica un cambio cultural enorme, que tardará siglos. No obstante, estos días de crisis sirvieron para ver que sí hay quienes están dispuestos a optar por la bicicleta y no por el carro.

Bogotá tiene la infraestructura, ¿qué falta entonces para que cientos si no miles de ciudadanos se animen a optar por este medio alternativo? Una cosa está clara y es que los potenciales nuevos usuarios poco o nada saben de la infraestructura (más de 300 kilómetros de ciclorrutas) que está a su disposición en la ciudad. Las razones son obvias: un buen alcalde cometió el error de amarrar a su ego una idea que debió haber quedado como ligada al Distrito, a la gente.

Esto permitió que llegara un rival político suyo, egoísta también, a echarle tierrita a todo lo que le oliera a su rival de campaña. Por eso, hoy no se destina ni un peso a campañas pedagógicas para promover el uso de la infraestructura existente. Por esta misma razón tampoco se han visto esfuerzos en tareas que no demandan mayores recursos y que sí ayudarían cantidades a terminar de consolidar la cultura de la bicicleta.

Así por encima pienso en dos: obligar a los parqueaderos a cumplir con la norma que los obliga a acondicionar espacios para las bicicletas y poner, por fin, en funcionamiento los cicloparqueaderos de los puntos de encuentro ya construidos en estaciones de TM de Alcalá, Las Aguas, Mundo Aventura y Tintal. Por último, hay que sumar la orfandad que en Colombia vive este medio alternativo.

Para la izquierda la bicicleta es una veleidad retardataria de la derecha, para el populismo es el contentillo mediocre con el que la derecha quiere truncar el sueño de cualquier persona de tener su pichirilo y para la derecha un medio de transporte peligroso en el que puede llegar montado el comunismo del siglo XXI.

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