La hora crítica del paro

Hasta el último minuto, la negociación entre autoridades y transportadores para solucionar la protesta fue difícil.

“Ustedes no ceden, nosotros no cedemos. Lo mejor es que paremos esto y le digamos a la gente que no hemos podido arreglar”. La frase de Alfonso Pérez terminó de caldear los ánimos en la mesa de diálogo conformada por seis representantes de los pequeños transportadores, el ministro de Transporte, Andrés Uriel Gallego, y los secretarios de Bogotá, Clara López, Yuri Chillán y Fernando Álvarez, quienes se hacían acompañar de unos 20 asesores. Eran las 4 p.m. del pasado jueves, cuarto día del paro de transporte que semiparalizó la ciudad a lo largo de esta semana. Exactamente faltaban dos horas para que el alcalde Samuel Moreno saliera en una rueda de prensa a anunciarles a los capitalinos que la protesta se levantaba.

Y es que hasta el último minuto se trató de una difícil negociación, en la que las partes se negaban a ceder. Una de las más complicadas que le ha tocado enfrentar a López, secretaria de Gobierno, quien cuenta que el asunto fue sólo comparable con la toma de cuatro meses del parque del Tercer Milenio por parte de desplazados, ocurrida el año pasado.

Cuando Pérez, presidente de la Asociación de Pequeños Transportadores (Apetrans) de la ciudad, pidió cancelar los diálogos, López, por su parte, les propuso a sus colegas y al Ministro darse una hora más de plazo para intentar buscarle una solución definitiva al paro. “A pesar de lo cerca que estábamos de un acuerdo, a veces patinábamos”, explicó la funcionaria.

Al tenso ambiente había que sumarle las arengas de las aproximadamente cien personas que se acercaron a la Plaza de Bolívar a apoyar a los transportadores y que por momentos lograban aturdir a los miembros de la mesa. “Samuel Moreno, faltón. Usted es un huevón”.

El punto crítico a esa hora era el porcentaje de la renta fija mensual que recibirán los transportadores en el marco del Sistema Integrado de Transporte Público (SITP): 1,5% vs. 1,7%. A través de sus teléfonos celulares, los secretarios informaban al Alcalde los pormenores de la discusión. De todos, el hueso más duro de roer para los protestantes fue Álvarez, el jefe de Movilidad. “Parecía un policía con su bolillo alzado”, le dijo a El Espectador Alfonso Pérez.

El más conciliador, y quien finalmente logró desenredar la madeja, fue el Ministro, quien a pocos minutos de las 5 p.m. ofreció a los transportadores tres alternativas, dos de las cuales “se desvanecieron”, según López. Los manifestantes optaron por la tercera, que consistió en aceptar el 1,5% que les ofrecían más un aumento en el valor de algunos de los buses que harán parte del SITP.

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