El teatro de los cimientos flotantes

El Jorge Eliécer Gaitán reabre sus puertas a partir del próximo viernes.

A mediados de 2008, el teatro Jorge Eliécer Gaitán fue cerrado después de una discreta recomendación de la Dirección de Prevención y Atención de Emergencias, organismo que argumentó, con razón, que la edificación no cumplía con el código de sismorresistencia colombiano, puesto que su construcción, en el sitio en donde se encuentra hoy, es anterior a la expedición de la norma (1998). La Alcaldía no quiso tomar riesgos y cerró las puertas del centro cultural, uno de los más emblemáticos de la capital y que, a través de los años, ha sufrido diferentes reformas, refuerzos e incluso ha sido demolido.

El Jorge Eliécer Gaitán, con una columna vertebral de acero nueva, reabre sus puertas el próximo viernes 19 de marzo, justo a tiempo para el Festival Iberoamericano de Teatro, después de 11 meses y $4.000 millones en inversión.

El público no lo notará, pero justo en la entrada del teatro, debajo del piso recién restaurado con el granito original de la construcción de 1973, se encuentra el nuevo tanque de agua para combatir incendios, con una capacidad de 126 metros cúbicos o 126 mil litros; los dos tanques anteriores (que aún están en la azotea del edificio) cuentan apenas con 20 metros cúbicos cada uno.

En la base de toda la estructura, a 10 metros de profundidad, yacen ahora 42 cilindros de 1.20 metros de diámetro cada uno que fueron instalados para apuntalar la construcción al suelo el próximo día en que la Tierra se mueva y ruja para devolver al piso edificios, puentes y todo lo que neciamente se levanta en el horizonte.

En las profundidades donde están instalados los pilotes y vigas que soportan el Jorge Eliécer se hizo necesario, en algunos sectores claves, el cambio de la tierra por ser ésta de una consistencia demasiado blanda y arenosa. En cada punto de excavación se reemplazaron hasta 63 metros cúbicos de suelo.

Una de las intervenciones más profundas, y ciertamente una de las más engorrosas, fue el tejido, una especie de telaraña de acero a través de toda la parte posterior del escenario y sobre una de las fachadas traseras del edificio, que está diseñada para amarrar al edificio y así, cuando suceda un sismo, la construcción se mueva como un todo y no por partes, lo que incrementa significativamente su resistencia.

Ahora, todo esto, más otros puntos en los que se realizó el refuerzo de vigas y columnas, tuvo que ser hecho sin causar daños a la estética del teatro, uno de los escenarios más bellos de la capital y el más grande, en cuanto a capacidad de público, de todo el país: el Jorge Eliécer puede sentar en una función a 1.745 personas. Para Gabriel Pardo, director del Instituto Distrital de Patrimonio, “la intervención del teatro que entrega la Alcaldía Mayor es la más importante y profunda que se le ha hecho para mejorar sus condiciones de seguridad, respetando los valores patrimoniales de un edificio construido hace 70 años aprovechando técnicas y tecnología actuales”.

El foso de los músicos, que es utilizado para presentaciones de ópera, fue ampliado y pasó de tener una altura de 1,82 metros a 3,50 metros, además de la incorporación de nuevos ductos de ventilación que ayudan a reducir la humedad del lugar, que asciende desde el nivel freático del suelo. Así mismo, en el techo fue aplicada una película especial que reduce el ruido del impacto que la lluvia produce sobre las tejas del teatro.

Las obras del Jorge Eliécer hacen parte de los trabajos que la Administración entregará como parte de la celebración del Bicentenario de la Independencia, entre las que se cuentan la restauración y el reforzamiento de la Casona de la Media Torta, la Casa Fernández, Independencia y las Casas Gemelas, además del comienzo de la peatonalización de la calle 11, entre carreras segunda y décima.

El Jorge Eliécer es uno de los proyectos más importantes de este paquete de obras que conmemoran los 200 años de Independencia. Y es que el teatro ha sido uno de los focos de la cultura y el acontecer político de la ciudad a través de los viernes culturales que realizaba el caudillo liberal en cuyo honor fue bautizado el centro cultural.

Inaugurado en 1890, demolido en 1952, reconstruido en su actual ubicación en 1973, remodelado y modernizado en 1988 y 1996, el Municipal, como se conoció en un principio, se erige firmemente anclado a la tierra para el disfrute de los bogotanos, que podrán apreciar en sus tablas, a partir del próximo viernes, algunas de las principales presentaciones del Festival de Teatro.

 

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