“Mi tentación es el chocolate”

Mark Rausc, empresario gastronómico de ascendencia judía tiene a cargo la pastelería Rausch Pâtissier.

¿Qué está por salir del horno?

Los domicilios de Rausch Pâtissier.

¿Y alguna vez se le ha quemado algo?

¡Huy!, muchas cosas, especialmente amores.

Su implemento de cocina preferido.

La perseverancia.

¿Y el más costoso que tiene?

Mi socio y hermano, Jorge, porque le gusta comer mucho dulce.

¿Cuál es su toque secreto?

El amor por la profesión.

Con tanta harina y tanto dulce, ¿cómo hace para conservar la línea?

¿Cuál línea? (risas).

Su postre favorito.

Mi versión de La selva negra; es una torta con mousse de chocolate amargo, con unas cerezas italianas y mucho amor.

Lo primero que aprendió a cocinar.

La torta de chocolate de mi mamá.

¿Y lo que mejor le queda?

Creo que es el uniforme.

¿De dónde salió el gusto por la cocina?

Es innato.

¿Qué le dejó trabajar con el chef francés Jean Pierre Sánchez?

La verdad, con él sufrí bastante, pero le agradezco mucho porque me hizo abrir los ojos al mundo profesional de la pastelería.

Algo hostigante.

Depende cómo se vea; si es algo dulce, mi perrita ‘Diesel’ es la cosa más dulce y hostigante del mundo.

Su grupo de salsa preferido.

El Gran Combo de Puerto Rico.

¿Y así como cocina baila?

Si le pregunta a mi novia, no; pero si les pregunta a otras mujeres, sí (risas).

Un sueño.

Ya se me hizo realidad, ser un pastelero exitoso.

¿Existen los postres ‘light’?

Para mí no, para otra gente sí.

¿Cómo es su relación con su hermano Jorge?

Es excelente, nos entendemos muy bien. Como en cualquier negocio hay distintas opiniones, pero hemos aprendido a manejarlas.

¿Qué quisiera aprender?

Me hubiera fascinado ser músico de rock.

¿En qué momentos mete las manos en la masa?

Me gustaría todo el día, pero no entremos en esos temas (risas).

Un aroma.

Pan recién horneado.


Hincha de…

Santa Fe.

Su primera inversión.

No hablemos de eso, invertí en algo que no conocía y con plata que no era mía.

Su mayor tentación.

El chocolate.

¿Cómo les ha ido con Criterión?

Es nuestro bebé, no hay palabras para describirlo.

¿Qué conserva de su herencia judía?

Los valores familiares y cierto amor por Israel.

Una combinación perfecta.

Los hermanos Rausch.

El ingrediente que menos usa.

La envidia.

¿Prefiere lo ácido o lo dulce?

Me gusta la combinación de los dos.

¿Qué le ha dejado la repostería?

Mucha satisfacción.

¿Cuándo llora?

Realmente muy pocas veces he llorado.

Un libro.

Para ser honesto no soy tan buen lector, leo en vacaciones.

¿Cuál es la última tendencia  en pastelería?

Es aplicar el balance. Los postres deben tener  la cantidad exacta de dulce, en muchos lugares donde he ido, la gente tiende hacer todo muy dulce, entonces eso empalaga, sabe a dulce y no al ingrediente.

La receta más complicado que ha preparado.

Es lograr la sencillez.

¿A quién admira?

A mis papas.

¿De qué se arrepiente?

No me arrepiento de nada. He cometido errores, pero no me arrepiento de ninguno aprendo de ellos.

¿Qué quisiera inventarse en la cocina?

Trato de ser creativo, me gustaría una receta donde el hombre  reaccionara y se dieran cuenta del daño que se le ha hecho  al mundo.

¿El restaurante que le dejó ‘un mal sabor de boca’?

En Nueva York, en uno de  tres estrellas, llamado ‘Le Bernardin’ según mi filosofía es tratar a todos los clientes por  igual, ellos leen la cara del cliente y si creen que tiene plata le dan un buen servicio y si no, no,  la comida no me pareció nada especial.

Temas relacionados

 

últimas noticias

John Tello se toma Expocervezas

Lina Hinestroza ve la vida en Modo Rosa

Juan Pablo Llano y la cultura de la forja