Por: Rodolfo Arango

Esclerosis partidista y movilización social

LA PÉRDIDA DE CONFIANZA DE LA población en la política se hace evidente ante los inmensos desafíos que enfrentan las sociedades complejas de hoy en día: destrucción del medio ambiente, crecimiento de la desigualdad, confrontación religiosa y chantaje militar.

 La actividad política no parece estar en capacidad de renovar la solidaridad social que se conserva en las estructuras democráticas del Estado de Derecho. La situación alimenta el oportunismo y el populismo. Este diagnóstico hecho hace una década por un lúcido analista sobre la situación mundial tiene en Colombia gran actualidad y pertinencia.

El expresidente Uribe propone realizar talleres democráticos para sintonizarse con las necesidades de la gente y, de paso, escoger candidatos locales y regionales por fuera de los partidos políticos. Los analistas de La Silla Vacía han mostrado cómo esta movida va en contravía del fortalecimiento de los partidos que persigue la reforma política y de la transparencia en el manejo de los dineros que fluyen a las campañas electorales. Los planes uribistas prometen sacudir el panorama y ser una primera medición de fuerzas Uribe-Santos. El juego de póquer está en saber cuál de los dos se queda con el respaldo popular. El desafío de Uribe también pone en evidencia la esclerosis partidista que afecta al país.

Los partidos políticos lucen paquidérmicos y entumecidos. No conectan con la población ni amplían la base de sus representados. El Partido de la U vaga cual esfinge sin cabeza. Ni encuentra candidato a la Alcaldía de Bogotá. Se debate entre seguir al gran maestro o apoyar al viajero presidente. Lo más probable es que en su pragmatismo acabe por aceptar alianzas con los candidatos escogidos a dedo por Uribe en sus correrías. En las toldas azules se imponen los puestos sobre las ideas. El Partido Liberal no se queda atrás. La añoranza de gobierno lo ha acercado a la coalición santista, confiado en que un mal pacto es mejor que la viudez del poder. El PIN se esfuerza en camuflar su pasado narco-paramilitar mientras es tratado por el Gobierno cual amante visitada a hurtadillas y mantenida oculta de la sociedad. Los verdes exhiben su desorientación ideológica y traicionan a millones de jóvenes esperanzados en el cambio, mientras el Polo, empantanado con sus luchas intestinas, no logra renovar su mensaje de izquierda democrática y atraer hacia sí a sectores desencantados de la política.

Surge como alternativa la movilización civil para recuperar la autonomía política y defender el interés general. Lenta pero firmemente avanzan las organizaciones defensoras de Derechos Humanos, ambientalistas, feministas, movimientos étnicos y culturales. Activistas sociales, apoyadas en los avances tecnológicos, aspiran a tomarse los espacios públicos abandonados por la aridez de las organizaciones tradicionales. Estudiantes, campesinos, trabajadores y comerciantes se aprestan a movilizarse para salvar el páramo de Santurbán en Santander, desafiando incluso las decisiones gubernamentales en forma pacífica e inteligente. La lucha por el agua de las agricultoras e indígenas bolivianas en Cochabamba es un buen ejemplo. La sociedad civil movilizada tiene el dinamismo y la claridad de metas necesarios para hacer frente a los inmensos desafíos de un crecimiento ecológicamente equilibrado, sensible a las desigualdades y desligado de fanatismo religioso y de relaciones tortuosas con el crimen organizado. Los partidos políticos, necesarios en una democracia madura, tienen la oportunidad de romper su anquilosamiento e inspirarse en el valor civil de las ciudadanas y los ciudadanos de a pie.

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2011-01-26T23:25:30-05:00

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