Por: Alvaro Forero Tascón

Prohibido prohibir

LA LEGALIZACIÓN DE LAS DROGAS “merece un debate serio”, dijo el presidente Obama la semana pasada.

La noticia no fue titular de primera página, quizás porque no se trató de una declaración formal, sino de la respuesta a una pregunta en un foro de Youtube, a la que agregó que la legalización es un “tema enteramente legítimo de debate”.

En realidad la noticia no es la declaración de Obama, sino que nadie se hubiera rasgado las vestiduras ante el hecho de que el presidente de la nación que impuso y más invierte en la política de prohibición total de drogas estuviera levantando la segunda prohibición, la de discutir la posibilidad de legalizar las drogas. Nadie protestó, porque Obama sólo está protocolizando la caída del tabú de la legalización que produjo el referendo por la legalización de la marihuana en California.

Pero no por eso tienen poca importancia las afirmaciones de Obama. La prohibición de discutir abiertamente la legalización ha sido el mayor sostén de la política de prohibición de drogas, al punto que pocos dudan que ésta se desmoronará una vez se discutan reflexivamente sus pros y contras y se masifique la conclusión de que no sólo no soluciona el problema, sino que lo agrava y genera daños colaterales igualmente graves. La falta de una postura oficial del gobierno norteamericano a favor del debate abierto hacía que éste fuera percibido como subversivo y sobre todo inútil.

El primer obstáculo de la legalización es la falta de evidencia empírica de que funciona. El segundo es el rechazo moral. Y éste no va a disminuir mientras no aumente el número de investigaciones, estadísticas, ensayos pilotos que demuestren los beneficios. Con la declaración de Obama aumentan las posibilidades de que tengan efecto recomendaciones como las del Inter-American Dialogue, que en desarrollo de un proyecto impulsado por la Fundación AlvarAlice de Colombia, plantea cinco iniciativas para que el gobierno estadounidense adelante: apoyar las iniciativas congresionales para revisar la estrategia antidrogas, conformar junto con otras naciones una fuerza de tarea sobre estrategia de drogas que revise y evalúe las políticas globales antidrogas, revisar tratados desactualizados de la ONU que establecen el régimen internacional de narcóticos, expandir la colección de información, análisis e investigación sobre múltiples aspectos del problema de las drogas y de los programas diseñados para enfrentarlos e identificar y fortalecer programas que prometan reducir la adicción a las drogas y los riesgos a la salud, incrementen los prospectos de la rehabilitación y reduzcan los crímenes relacionados con drogas.

La razón para no hablar de legalización en Colombia era que Estados Unidos no aceptaba tocar el tema. En este nuevo escenario, ¿cuál debe ser la postura de Colombia? Quizás empezar por escuchar a la Comisión Global de Políticas sobre Drogas, que los expresidentes Gaviria, Cardoso y Zedillo ampliaron para incluir a Javier Solana, Ruth Dreifuss, expresidenta suiza; Richard Branson, Thorvald Stoltenberg, ex alto comisionado para los Refugiados, Carlos Fuentes y Mario Vargas Llosa. Y considerar liderar la conformación de “la fuerza de tarea sobre estrategia de drogas que revise y evalúe las políticas globales antidrogas”.

 

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