Por: Eduardo Sarmiento

Seis meses de Santos

En los primeros meses el Gobierno sacó adelante una ambiciosa agenda de leyes, divulgó el Plan de Desarrollo y adoptó medidas coyunturales. Si bien seis meses es un plazo reducido para evaluar un gobierno, suministra información sobre su capacidad para cumplir con los propósitos y anuncios.

Las metas del Gobierno aparecen en forma dispersa en el Plan de Desarrollo. En términos generales, pretende alcanzar tasas de crecimiento de 6%, reducir la pobreza, disminuir el desempleo por debajo de 10% y aminorar la informalidad. Los medios para lograr los propósitos se presentan en forma de cinco locomotoras —innovación, agricultura, infraestructura, minería, medio ambiente—, que en la práctica hacen más las veces de deseos bien intencionados que de instrumentos concretos de política económica.

En lo esencial, el modelo económico del Gobierno es el mismo que ha venido operando los últimos 20 años. El verdadero motor de la economía es el libre comercio y, en particular, la inversión extrajera.

Esta prioridad escondida es la principal restricción para las locomotoras de la agricultura y la innovación. Así, la ley de restitución de tierras, que avanza aceleradamente, resuelve una injusticia histórica, pero no asegura la recuperación de la crisis del sector que viene de 20 años atrás. Mientras el país no recupere la pérdida de los mercados de ganadería, leche y cereales, ocasionada por la apertura comercial y la revaluación, no habrá posibilidades de expansión del sector y de los nuevos propietarios.

Asimismo, en una economía donde las importaciones crecen siete veces más que el producto nacional, no hay espacio para las actividades del aprendizaje en el oficio y la innovación. Las actividades complejas se adquieren en el exterior.

La minería es la única locomotora que está funcionando, en parte porque viene de atrás, y la infraestructura es la que ofrece mayor capacidad de expansión. Sin embargo, en ambos casos el impacto sobre el empleo es reducido y le resta combustible a la locomotora del medio ambiente.

El arranque económico del Gobierno ha estado muy por debajo de las expectativas anunciadas por sus gestores. En 2010 la economía creció menos del 4% y el modesto dinamismo estuvo representado por las importaciones y la minería. El consumo de bebidas y energía eléctrica descendió, y la totalidad del aumento del empleo estuvo representado en trabajadores informales.

El panorama para el presente año no pinta muy diferente. El déficit de la cuenta corriente de la balanza de pagos estará cerca de US$12 mil millones, cerca de 5% del PIB, lo que genera una severa restricción para la expansión de la demanda y el producto nacional. Por lo demás, la posibilidad de reducirlo se ve dificultado por las alzas de los precios internacionales de los alimentos, que empujarán la inflación por encima de la meta y de seguro conducirán al Banco de la República a subir la tasa de interés y moderar la intervención en el mercado cambiario.

Las decisiones del Gobierno de bajar los aranceles y adoptar una reforma tributaria en abril tampoco apuntan en la dirección correcta. La primera ampliará el déficit en cuenta corriente y la segunda contraerá la demanda interna.

Si a esto se agrega que las locomotoras en su conjunto se encuentran limitadas por el libre comercio, y no contribuyen mayormente al empleo, se replica el cuadro de los últimos veinte años. La economía continuará atrapada en el sendero de mediocre crecimiento sin generación de empleo formal y ampliación de las desigualdades.

 

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