Por: María Elvira Samper

Su "excelencia" el embajador

CUANDO EL GENERAL (r) MARIO MONtoya, hoy embajador en República Dominicana, aparece en letras de molde, no es propiamente por sus glorias, sino por su relación con oscuros episodios. El más reciente, la desmovilización en 2006 de 62 supuestos guerrilleros del supuesto grupo de las Farc Cacica La Gaitana, que contó con su aval y su presencia, lo volvió a poner en la picota.

Su carrera, no obstante medallas y reconocimientos de sus pares, estuvo siempre rodeada de sospechas y denuncias y terminó mal: en medio de un escándalo por ejecuciones extrajudiciales que lo obligaron a renunciar, siendo comandante del Ejército, en 2008.

Su paso por la IV Brigada (2001-2003) dejó huella por operaciones militares poco ortodoxas, señalamientos por violaciones de los derechos humanos y vínculos con las Auc. Tras la Operación Mariscal en la Comuna 13 de Medellín (mayo 2002), la Procuraduría le abrió proceso disciplinario por omisión en la protección de los civiles y allanamientos ilegales, entre otros cargos, lo mismo que al entonces comandante de la Policía de Medellín, general Leonardo Gallego, quien fue destituido en 2006. Montoya, cerebro del operativo, se salvó.

Bajo su batuta, la Operación Marcial (marzo 2003) significó una derrota para la guerrilla en el oriente antioqueño, pero según el Observatorio de Paz y Reconciliación de la región, el Ejército presentó como muertos en combate a 88 civiles.

Pese a haber salido bien librado de algunas investigaciones, la famosa Operación Orión (octubre 2002) podría llevarlo a rendir cuentas ante la Fiscalía, que le abrió investigación preliminar en 2009. El ex jefe ‘para’ Don Berna y dos exmilitantes de las Auc declararon que esa operación, dirigida por Montoya, se hizo en alianza con ellos. Lo denunciaron entonces, sin éxito, varias ONG y volvió a salir a flote en un artículo de Los Ángeles Times que citaba como fuente a la CIA (2007). Por ese espinoso asunto el senador demócrata Patrick Leahy vetó la entrega de 55 millones de dólares de ayuda al Ejército.

Otros testimonios también enredan al general: Luis Adrián Palacio, Diomedes, dijo haber recibido de él siete fusiles y una camioneta como regalo para Doble Cero. Don Mario afirmó a Justicia y Paz que el jefe del bloque Centauros Miguel Arroyave (q.e.p.d.) le dio a Montoya 1.500 millones a cambio de apoyo en su guerra contra Martín Llanos. Y Don Berna confesó que la masacre de Apartadó (2005) fue ejecutada por gente suya y militares de la Brigada XVII —Montoya era jefe de operaciones—, versión que confirmaron un capitán y tres coroneles enjuiciados por el crimen.

Tras la masacre de Bojayá (2002), sobrevivientes al fuego cruzado con los ‘paras’ y a las pipetas de las Farc contaron que al regresar al lugar encontraron al general rodeado de los ‘paras’ que habían saqueado sus casas. Un video corrobora esos testimonios y contradice su versión de que no había presencia paramilitar en la zona.

Por otra parte, documentos desclasificados a petición del National Security Archive de EE.UU. revelan la preocupación del Departamento de Estado por vínculos de la Brigada 24 de la Fuerza de Tarea Conjunta del Sur, a cargo de Montoya, con ‘paras’ en La Hormiga (Putumayo). Allí fue descubierta en 2007 una fosa con restos de más de 100 víctimas asesinadas ente 1999 y 2001, período durante el cual el general dirigía esa fuerza encargada de operaciones antinarcóticos y contrainsurgentes en la región.

Abunda información y falta espacio para recoger los innumerables casos y denuncias que comprometen a su excelencia el embajador, general (r) Mario Montoya, en actuaciones non sanctas. Y si bien no todo lo que dicen los bandidos en su contra es necesariamente cierto, tampoco es necesariamente falso. La Fiscalía tiene la palabra.

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2011-03-06T01:00:00-05:00

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2013-11-07T04:33:27-05:00

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Su "excelencia" el embajador

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