El paraíso de Mancuso

El desmovilizado jefe de las autodefensas ofreció reparar a sus víctimas con uno de sus sitios preferidos de veraneo. Un predio en una isla cerca de Cartagena que no es de su propiedad pero que invadió a la fuerza hace varios años. Autoridades dicen que es un baldío.

El 6 de septiembre de 2007, Rodolfo Campo, gerente del Instituto Colombiano de Desarrollo Rural (Incoder) recibió una inquietante comunicación. En la misiva, Álvaro Cerón Coral, magistrado de la Sala de Justicia y Paz del Tribunal Superior de Barranquilla, le informó que había ordenado al registrador de Instrumentos Públicos de Cartagena el embargo del predio Club 100. Se trataba de una lujosa propiedad ubicada en la isla Múcura del archipiélago de San Bernardo, que el desmovilizado ex jefe de las Autodefensas Salvatore Mancuso Gómez había ofrecido con el propósito de reparar a sus víctimas.

La particular orden judicial prendió las alarmas en el Gobierno, los abogados, la víctimas y los nativos, pues nadie esperaba que dentro de los bienes avaluados en más de $50 mil millones que Mancuso anunció que entregaría, estuviera una paradisiaca isla en el Caribe de cerca de 13 hectáreas en donde solía disfrutar plácidas jornadas de descanso.

A partir de ese momento, funcionarios de la recién creada Unidad Nacional de Tierras Rurales (UNAT), iniciaron un estudio de títulos, visitaron la isla y recogieron diversos testimonios para determinar si el predio realmente pertenecía al desmovilizado ex jefe de las Autodefensas Campesinas de Córdoba y Urabá, actualmente recluido en la cárcel de máxima seguridad de Itagüí.

No era la primera vez que se presentaban dudas sobre la propiedad de las islas en Colombia. Desde hace varias décadas, algunos gobiernos iniciaron procesos judiciales en islas del Caribe y del Pacífico a fin de determinar quiénes son los dueños de estos bienes, frecuentemente invadidos, ocupados por nativos, con cédulas reales, escrituras o simplemente poseídos por particulares. Pero el caso de Mancuso revistió especial importancia porque estaba anunciando la entrega de un bien estratégico del cual no se tenía conocimiento.

Historia patria

Según registros históricos consultados por El Espectador, desde 1589 la isla Múcura, estuvo en la mira de los particulares. Alonso Quadrados o Jacobe de Arriaga, entre otros, aparecieron como los primeros propietarios. Para ello acreditaron supuestas cédulas reales otorgadas por el Cabildo de Cartagena. Posteriormente, hacia 1938, la Oficina de Registro de Instrumentos Públicos de Cartagena acreditó como dueño a Julio Espinosa. Y luego de varios negocios, en los últimos años aparecieron como propietarias en los registros algunas familias antioqueñas.

Estos sucesivos cambios de dueños obligaron, en 2001, a la abogada Dary Rodríguez a iniciar ante el desaparecido Incora un proceso de clarificación de la propiedad de la isla Múcura. Para ese entonces varios particulares ya habían invertido cuantiosos recursos para hacer de esta isla un exclusivo, recóndito y paradisiaco lugar dedicado a la recreación y el descanso privado, a 40 millas náuticas de Cartagena, que se recorren en hora y media.


La isla Múcura está dividida en seis predios: Punta Faro, Puerto Viejo, Club 100, Casa de Tabla, Caserío-Pueblo y El Rolo (ver mapa). Precisamente Punta Faro se convirtió en un hotel considerado como una de las joyas del Caribe colombiano y fue declarado parque nacional. En otra zona de la isla, Puerto Viejo, se construyó una amplia casa de recreo. Y a pocos metros se edificó una de las más llamativas, el Club 100, una mansión en un terreno de cerca de 3 hectáreas, edificada en dos pisos, una laguna para encuentros sociales, piscina, zona para la ubicación de lanchas, helipuerto y 10 suites con jacuzzi. Una edificación que según registros del Incoder fue reformada 10 veces.

La toma de Mancuso

El mar de varias tonalidades, la suave brisa, un paisaje único, la paz que produce la naturaleza, una sofisticada infraestructura y su ubicación estratégica, cerca de los departamentos de Bolívar, Sucre y Córdoba, llamaron la atención de Mancuso y sus hombres. Según le relataron a El Espectador algunos abogados y funcionarios públicos, hacia 2002 el jefe paramilitar llegó a isla Múcura y se posesionó del predio Club 100. Incluso, el mismo Mancuso, en carta fechada el pasado sábado 5 de abril, reconoció que tomó el bien: “ofrecí devolver la posesión que ejercimos las ex Autodefensas Unidas de Colombia”.

Ese año 2002, varios hombres del ejército de Mancuso llegaron armados y en lanchas a la zona preguntando sobre el paradero y quiénes eran los dueños del Club 100. “Fue tal la presión y la intimidación a los vecinos, que el hotel Punta Faro, que queda a pocos metros, tuvo que solicitar a la Armada Nacional que custodiara la isla”, aseguró un funcionario a El Espectador.

También se denunció el secuestro del que creían era hijo de uno de los propietarios del citado predio. Según una abogada conocedora del caso, para intimidar a uno de los dueños, las autodefensas plagiaron a un menor de edad, lo trasladaron a Tolú, pero finalmente lo dejaron en libertad al constatar que no se trataba del hijo de alguno de los propietarios, sino de un habitante de la isla.

Otras fuentes consultadas por El Espectador relataron que Mancuso y otros hombres de las autodefensas solían pasar largos períodos de vacaciones en compañía de hermosas mujeres en el Club 100, al tiempo que otros turistas en el Hotel Punta Faro, especialmente, no advertían la presencia de los paramilitares.

Con los hombres armados de las Autodefensas el entorno en la isla cambió. Los supuestos dueños del Club 100, familias antioqueñas, abandonaron la propiedad, al tiempo que Mancuso dejó encargado del bien a “Santander”, un nativo que custodiaba celosamente el lujoso sitio de recreo.

Simultáneamente con las presiones de las Autodefensas en la isla, seguía avanzando en el Incoder el proceso de clarificación de la propiedad del predio. Pero las cosas cambiarían. El 21 de noviembre de 2004, la Corte Suprema de Justicia aprobó la extradición de Mancuso. Sus excursiones a la isla disminuyeron, aunque sus hombres la custodiaban. Un año después, el 10 de diciembre de 2005, se desmovilizó con el Bloque Catatumbo.

La propiedad

En desarrollo de su proceso ante la justicia, Mancuso se presentó por primera vez ante un fiscal de Justicia y Paz en Medellín el 19 de diciembre de 2006. En versiones posteriores a la Fiscalía reconoció su participación en 87 hechos criminales, entre masacres, secuestros y tráfico de armas. Y en esos tribunales ofreció la entrega de bienes, entre ellos el Club 100 en la isla Múcura del archipiélago de San Bernardo, con el propósito de reparar a sus víctimas.


Pero el 8 de junio de 2007, Luis Orozco Córdoba, subgerente de ordenamiento social de la propiedad del Incoder, determinó mediante resolución 1549 que el predio ofrecido por Mancuso y otros en la isla Múcura es un baldío y constituye reserva territorial del Estado, y ordenó hacer la inscripción en la Oficina de Registros Públicos de Cartagena.

A finales de la semana pasada, el ministro de Agricultura, Andrés Felipe Arias, informó sobre el ofrecimiento que hizo Mancuso. El desmovilizado jefe paramilitar le respondió afirmando que “nunca ofrecí entregar su propiedad, ya que nunca figuré como dueño, lo que ofrecí fue entregar la posesión que sobre dicho bien, pese a todo lo que he expuesto, aún tengo”.

El martes 8, Juan de la Cruz Vanegas, jefe jurídico de la UNAD, reiteró al magistrado Álvaro Cerón Coral que el inmueble corresponde a un bien baldío reservado de la nación. Ese mismo día, el ministro Andrés Felipe Arias ofició a los organismos de control y a la Comisión Nacional de Reparación y Reconciliación sobre los hechos y solicitó verificar la naturaleza jurídica de los bienes ofrecidos por los reinsertados para reparar a las víctimas.

El Gobierno ratificó que es un baldío, los abogados argumentan que es una propiedad privada y Mancuso insiste en que posee el bien, en donde pasó plácidas temporadas de vacaciones.

LA VERSIÓN DE MANCUSO

En carta dirigida al ministro Arias, Mancuso señaló que: “No es cierto que estoy entregando la propiedad de la Isla Múcura. Ofrecí y sigo ofreciendo entregar la posesión y todos los derechos y beneficios que se deriven de la misma, pero no sé si sea posible que algún día el Estado colombiano reciba no sólo la isla sino también los otros bienes. No es verdad que yo pretenda hacerle conejo al proceso de Justicia y Paz.

LA VERSIÓN DE ARIAS

El ministro de Agricultura, Andrés Felipe Arias, señaló que no se comunica verbal o por escrito con personas como Salvatore Mancuso. “El Gobierno va a cuidar los bienes públicos y ayudará a las víctimas a su reparación para que los terroristas no aporten activos que no les pertenecen. Deben reparar a las personas que humillaron, masacraron y les usurparon la tierra”.

Un bien apreciado por delincuentes y ‘narcos’

Desde los años 70 los narcotraficantes colombianos pusieron sus ojos en las islas de las costas Caribe y Pacífico. Su ubicación estratégica les permitió movilizar toneladas de droga hacia Centroamérica, Estados Unidos y, posteriormente, a Europa.

Con el paso de los años varias islas fueron vitales para el contrabando de armas, para ocultarse y para mostrar las extravagancias del poder económico adquirido por su lucrativo negocio. Para otros era simplemente un sitio de descanso.

Isla de la fantasía, cuna de ‘paras’

En 1988, el mercenario israelí Yair Klein entrenó allí a los primeros paramilitares. Según Ernesto Báez, en esa isla se planeó el asesinato de Luis Carlos Galán. Está ubicada en la Ciénaga de Palagua, cerca de Puerto Boyacá. Perteneció a Gonzalo Rodríguez Gacha.

La isla de Carlos Lehder Rivas

En 1978 compró la isla de Cayo Norman (Bahamas) y construyó en ella un aeropuerto para transportar drogas a Estados Unidos.

Con esta adquisición se convirtió en uno de los principales narcotraficantes. Intentó sacar a los agentes de la DEA de Bahamas.

En el  Rosario y Tierrabomba

Según registros de la Fiscalía, en el corregimiento de Barú, archipiélago del Rosario, fue incautada por presunto narcotráfico una isla. Se trata del predio Isla Kalub o Kalua, que figura a nombre de Víctor Manuel Porto Sánchez y María del Rosario Moya Fandiño. Otra isla que aparece decomisada es Tierrabomba a Heriberto Coneo.

El caso de Santa Marta

Aparece incautada a Gustavo Díaz Segovia por las autoridades una edificación construida en la isla El Morro del Pelícano, ubicada en la bahía de El Rodadero, en Santa Marta. En las islas del Rosario fue incautado a Juan Pablo Gómez Patiño el predio Islas Extosis.