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hace 3 horas

'Una casa de poetas extraviados'

Intelectuales buscan que la morada de Meira Delmar se convierta en Casa Museo.

Hace casi dos años, Meira Delmar murió en Barranquilla. La poeta era, desde luego, un valor cultural para la ciudad. Olga Chams Eljach, su nombre real, no sólo había construido una poesía honda y nostálgica, sino que representaba un modelo de buen gusto y aprecio por las artes. Tras su muerte, la pregunta fue inevitable: qué hacer con la casa donde vivió. Y, en todo caso, qué hacer con su legado. La respuesta más próxima fue la indiferencia de las autoridades distritales y departamentales, y el hartazgo de los herederos de Meira, que decidieron, después de más de un año de tocar puertas, poner la casa en venta.

En su estudio, Patricia Iriarte toma aire. Junto a otros intelectuales de la ciudad, la periodista barranquillera lidera una iniciativa para recoger firmas y presentar un documento con propuestas. Al día de hoy (y además de un grupo en Facebook que cuenta con casi 500 miembros), van más de 600 firmantes —la lista incluye nombres como Juan Gossaín y William Ospina— y la carta ya está en manos de Mariana Garcés, ministra de Cultura.

“Por simple educación”, dice Iriarte, las peticiones (detener la venta de la casa, entregarla en comodato a una fundación que la maneje y declararla patrimonio  de la ciudad o del departamento) deberían ser al menos escuchadas. Ante la posibilidad de lo peor (que la casa termine perdiéndose), Iriarte es enfática: “Sería cerrarle las puertas a la memoria de Meira, despreciar su legado”.

“Hay que respetar las decisiones de la familia”, dice Diana Acosta, secretaria de Cultura de Barranquilla. Acosta (que este año impulsó la jornada “24 horas con la poesía de Meira Delmar”) afirma que es necesario “preservar la memoria más allá de los bienes materiales”, y habla de Meira como una poeta que, a partir de la inmigración, “representa lo que somos los barranquilleros”. Al referirse a la casa, Acosta vuelve sobre una salvedad: por su ubicación y valor estético, está incluida en la lista patrimonial de la ciudad, así que no puede ser modificada.

Diseñada por el arquitecto Manuel Carrerá (autor del emblemático Edificio García, en el centro de la ciudad), la casa, de estilo art deco, representa la modernidad que alguna vez fue Barranquilla. En rigor, sería suficiente pensar que el lugar mismo merecería ser preservado. Pero está la historia. Y la historia es, de muchas formas, Meira Delmar, que vivió allí más de 50 años. Meira y también las veladas (mencionadas por García Márquez en sus memorias), Meira y los cuadros, la biblioteca y el piano. Según Iriarte, la posibilidad es perfecta: una casa-museo que conserve intacto el espíritu de la poeta.

“Mereceríamos nuestra suerte”, dice Carmen Arévalo, directora del Parque Cultural del Caribe, al contemplar la imagen: la casa vendida, dedicada a otra cosa ajena a la memoria de Meira. La experiencia que se propone no es nueva. Según Arévalo, hay varios ejemplos de lugares que surgieron a partir de determinados personajes: el museo Otraparte, dedicado al escritor Fernando González, por mencionar sólo uno. Y que empezaron, casi todos, simplemente formulando el proyecto y vendiéndolo.

“Esa es la forma como se mueven los proyectos culturales”, sostiene Arévalo. Es decir, una corporación o fundación que lidere los esfuerzos conjuntos de instituciones y empresas, y que pueda proyectar la idea más allá de Barranquilla. “Tiene que trascender las fronteras locales”, señala. Y la razón, Carmen Arévalo la lanza como una certeza: “Hay ciudades donde se aprecia más la obra de Meira”.

Al margen de eso, como afirma Arévalo, conservar la casa significaría entender que las ciudades no sólo son vías y fábricas, sino también instituciones culturales. Que una ciudad cultural es una ciudad más competitiva. Además, como también apunta Iriarte, sería honrar el legado de la inmigración árabe más allá del comercio. Sería no reducir a Meira a un rincón en el Museo Romántico de Barranquilla, y no olvidarla como el muelle que, para los mismos días de su muerte, terminó de caerse a pedazos (“lo que perdura es, si acaso, una imagen ausente. Y sin embargo hermosa”, escribió Meira del muelle de Puerto Colombia). Sería conjurar el verso de Brecht, ese otro gran poeta: “De estas ciudades no quedará / más que el viento que las ha atravesado”.

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Manuel Dueñas / Barranquilla

Cultura

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