Cuando repite Philip Glass

La música de la segunda mitad del siglo XX tiene en este artista a uno de sus revolucionarios. El estilo minimalista reposa en su cabeza adoctrinada por las matemáticas y la filosofía.

Además de músico, matemático y filósofo, Philip Glass es un mago. Alguien que es capaz de jugar con secuencias sonoras durante varios minutos, incorporando cada segundo nuevos elementos casi imperceptibles, para al final exhibir una composición totalmente diferente a la del comienzo, es mucho más que un artista. Es un ilusionista.

El norteamericano (Baltimore, 31 de enero de 1937) es una de las figuras más importantes de lo que se denominó la música minimalista, aquella corriente creada en plena década de los 60 en los Estados Unidos y en la que compartió protagonismo con personajes como Terry Riley y Steve Reich. Pero Glass supo desbordar el estilo que ayudó a cimentar y buscó su propio sendero. Tal vez su paso por las lecciones con la maestra francesa Nadia Boulanger, su amistad con Ravi Shankar, reconocido intérprete indio del sitar y, sobre todo, su encuentro con el budismo y el Dalai Lama, marcaron su camino para abordar la música desde otra vertiente.

Su primer acercamiento con el arte sonoro es una herencia de su padre, un mecánico de radios para carros que un día decidió montar una tienda de discos. El pequeño Philip Glass escogía los discos que nadie compraba y se los llevaba a la casa con la idea de identificar por qué a nadie le gustaban. Cuando creció, la pregunta fue distinta. “A los 27 llegué a París y me empezó a rondar la cabeza una inquietud: no quién quiere escuchar mi música, sino quién la necesita. Ese fue el comienzo para que yo trabajara con directores de danza y teatro”, comenta el artista, para quien  los jóvenes no tienen que preocuparse  por encontrar su voz antes de los 30 años, sino que deben estar concentrados en la depuración de la técnica porque su labor es como la de un carpintero que debe tener muy buenas herramientas para que, cuando tenga la idea clara de su propia mesa, esté en capacidad de hacerla.

Para Glass, sólo en la medida en que un músico esté muy familiarizado con la técnica, la inspiración y la imaginación pueden llegar a su cabeza. Por eso tardó tanto en saberse, además de compositor y creador, intérprete de sus propias composiciones. Más de 24 óperas, así como Glassworks, Heroes symphony, Music in twelve parts y El ilusionista, sin olvidar su inmortal Koyaanisqatsi que sirvió de banda sonora para la película del director Godfrey Reggio, hacen parte del trabajo de este artista, que opina   que el público ha sido una influencia determinante en el momento de ejecutar sus piezas.

“Cuando era niño practicaba en un piano que estaba en la cocina. Ahí la gente que me escuchaba me hacía producir mejores cosas, porque sentía una mayor exigencia sobre mí”, comenta Philip Glass, quien cree que la repetición es una forma de reconstruir la narración musical y eso lo demostró ayer durante sus participaciones en el Hay Festival de Cartagena. En la mañana se encargó de hablar de su experiencia y conceptualizar sobre su obra. Ya en la noche, sobre el escenario y haciendo lo que más le gusta hacer, hizo que la historia contada fuera consecuente con la música y eso es una prueba más de su condición de ilusionista.

Reacciones del evento

Fernanda Maiguashca/Asistente

Joumana Haddad ha sido de lo mejor sin duda alguna. Esta poeta libanesa conjuga inteligencia, sensibilidad, carisma y belleza. La gala de poesía estuvo fuera de serie.

Gustavo Morales/Asistente

Creo que desaprovecharon a Blades como personaje. ¿Cómo es que dicen que ‘Adán García’ es una de las canciones menos conocidas de Rubén Blades? Es una tristeza que crean que lo único es ‘Pedro Navaja’.

Juan David Correa/Escritor

Me gustó Rubén Blades, un buen personaje para abrir, aunque las preguntas hubieran podido ser más incisivas. No me gusta que hayan cerrado el espacio publico para el concierto, en ese caso es mejor un teatro.

Álvaro González/Radiónica

Lo que más me ha gustado es la generación de diálogo, el encuentro de diferentes culturas y la mezcla de expresiones artísticas. Deberían repetir este esquema en distintas partes del país.

Olga Lucía Sorzano/Agregada cultural, Embajada en Londres

Este Hay ha tenido más representación internacional y ha sido más interdisciplinario. No me gustó que el concierto estuviera vacío, mientras afuera toda la gente quería entrar.

Jaime Acuña/Prensa, Ministerio de Cultura

En el marco del Hay Festival, William Ospina y la ministra Mariana Garcés dieron inicio a la campaña en los albergues ‘Mi tiempo es tu tiempo’. La asistencia beneficiará a más de 100 familias.

Prográmese hoy en el Hay Festival de Cartagena

10:30 a.m. Teatro Adolfo Mejía. ‘Miguel Syjuco en conversación con Beatriz de Moura’.
10:30 a.m. Salón Santa Clara. ‘Joumana Haddad en conversación con Juan David Correa’.
12:30 p.m. Teatro Adolfo Mejía. ‘Charla BBVA: Juan José Millás en conversación con Juan Esteban Constaín’. 12:30 p.m. ‘¿Un mar de esperanza? El cambio climático y su efecto en los océanos’. Modera: Alanna Mitchell (periodista canadiense).
12:30 p.m. Casa Mapfre. ‘Owen Sheers en conversación con Gaby Wood’.
3:30 p.m. Salón Santa Clara. ‘Entre el comunismo y el capitalismo: ilusiones de un mundo feliz’. Participan: Ingo Schulze y Gary Shteyngart. Modera: David Aaronovitch.
3:30 p.m.Casa Mapfre. ‘¿Se puede enseñar a escribir literatura?’. Participan: Rosa Beltrán, Óscar Casares y Hugo Chaparro. Modera: Pepa Roma.
5:30 p.m. Teatro Adolfo Mejía. ‘Alessandro Baricco (foto) en conversación con Marianne Ponsford’.
5:30 p.m. Claustro Santo Domingo. ‘Los inconvenientes de la verdad: periodismo e investigación’. Participan: María Jimena Duzán y Cristian Alarcón. Modera: Pablo Ordaz.
7:30 p.m. Teatro Adolfo Mejía. Película: ‘Hace mucho que te quiero’. Participa: Philippe Claudel (director).
7:30 p.m. Casa Mapfre. ‘El amor, el adulterio y otras verdades’. Participan: Rosa Beltrán, Julio César Londoño, Fernando Quiroz y Francisco Hinojosa. Modera: Guido Tamayo.
10:00 p.m. Teatro Adolfo Mejía. ‘Concierto de jazz a cargo de Ketil Bjørnstadt.

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