Confesiones de una mujer árabe furiosa

La poeta libanesa Joumana Haddad habla sobre su más reciente libro, un manifiesto que invoca el nacimiento de una nueva mujer árabe.

En este libro se comete un crimen, pero, como se anticipa en sus primeras páginas, nunca un crimen ha sido tan dichoso, tan moral. “Yo maté a Sherezade. La estrangulé con mis dos manos… A decir verdad, no resultó tan difícil. Porque en lugar de defenderse, en vez de dar patadas, arañar y morder, como se supone que debería hacer cualquier personaje de ficción valiente, esa estúpida ¡se limitó a ofrecerme una historia a cambio de salvar su vida!”.

“Yo maté a Sherezade”, dice Joumana Haddad, la poeta erótica del Líbano. La de cabellos rulos, que aprendió seis idiomas, que leyó de niña en un mundo de censura a Justine, de Sade, a Lolita, de Vladimir Nabokov. La que en la adultez creó una revista llamada Jasad (que traduce ‘Cuerpo’) en un mundo en donde el cuerpo es innombrable. La valiente que confiesa con hastío y orgullo su crimen en el título de su más reciente libro, publicado por Debate.

Su manifiesto clama por el nacimiento de otra mujer árabe, una que deje de ser su mejor adversario y a menudo el mayor cómplice contra su propio sexo, pero también apela con vehemencia a Occidente para que escape de una vez por todas de reduccionismos y generalidades al momento de entender a las mujeres de esas latitudes. Mujeres que inequívocamente parecen estar enfrascadas en la idea de que llevan el pelo y la cara tapada.

“Aunque soy lo que se dice una mujer árabe, yo y muchas otras mujeres igual que yo vestimos como nos da la gana, vamos adonde nos place y decimos lo que queremos”, explica la poeta, por estos días en Italia, como es su costumbre, lejos de su Beirut natal, aunque en esa Beirut que odia y ama esté siempre su casa.

Haddad tiene dos furias atascadas en la garganta. Una con las mujeres árabes que son complacientes con su situación de víctimas y que no hacen nada para cambiar: “Por ejemplo, las mujeres de Arabia Saudita, que, aunque padecen condiciones durísimas, son madres y podrían cambiar las cosas por medio de la educación de sus hijas y de sus propios hijos”. La otra rabia, que le araña las entrañas, es la incapacidad del resto del  mundo de encontrar matices en las realidades de esas mujeres. “El objetivo de este libro no consiste en demostrar que la imagen prevalente de la típica mujer árabe está equivocada por completo. Más bien consiste en subrayar que es incompleta”, confiesa.

Esta mujer, que creció libre “porque sus lecturas la emanciparon” y que cree con fervor “que leer es una de las herramientas de liberación más importantes de las que puede disponer el ser humano, en especial la mujer árabe contemporánea”, va entonces a los libros para invocar la revolución. Es por eso que su gran acto es matar a la celebrada heroína de Las mil y una noches.

“Verá, en nuestra cultura Sherezade es ensalzada como una mujer inteligente que pudo escapar a la muerte, pero creo que transmite un mensaje equívoco: Sherezade convence a las mujeres de que complacer al hombre, ya sea con una historia, una buena comida, un par de tetas de silicona, un buen polvo o lo que sea, es el modo de abrirse paso en la vida. ¿A eso lo llaman ingenio, a eso resistencia?”, pregunta tajante la escritora.

Por el contrario, el modelo literario que Haddad quisiera que fuera la inspiración de las mujeres árabes es Lilith, esa primera mujer, la que existió mucho antes que Eva, hecha de la tierra al igual que Adán, la mujer que abandonó el paraíso por voluntad. “Los derechos de la mujer no pueden ser un derecho que se gana como indulto, como recompensa, son algo esencial de las mujeres y así se deben reclamar. Así tendrán que entenderlo nuestras sociedades si quieren acercarse a una verdadera democracia”, sentencia Haddad, que delata con palabras lo que viene haciendo con actos desde hace tantos años.

Porque en un mundo en donde “ser árabe implica, ante todo, dominar el arte de la esquizofrenia… ser hipócrita, no poder vivir y pensar lo que realmente se quiere vivir y pensar. Que implica ser parte de un rebaño: claudicar por completo de la individualidad y seguir a ciegas un líder, una causa o un eslogan”, una mujer árabe que escribe literatura erótica explícita, una que publica este manifiesto para antojar a sus coterráneas, una que edición tras edición en su revista nombra el sexo sin metáforas está reclamado la libertad y la singularidad como una necesidad vital. No como una recompensa.

260304

2011-03-31T21:59:00-05:00

article

2013-11-04T21:31:40-05:00

none

Angélica Gallón Salazar

Cultura

Confesiones de una mujer árabe furiosa

39

4615

4654

 

“Un tranvía llamado deseo”

Tupamaras entre tinieblas

contenido-exclusivo

Llega el último Pícnic Literario del 2019