'Escribo sobre quienes buscan su hogar emocional'

El dramaturgo, conocido por el guión de 'Diarios de motocicleta', estuvo en Colombia para llevar al Festival Iberoamericano de Teatro la historia del reinado de las reclusas del Buen Pastor.

Por aquel entonces las historias no estaban en la televisión, ni en los libros. El dinero no alcanzaba para eso. Pero estaban los abuelos, innatos narradores, siempre con una anécdota entre labios y gestos, tal vez sobre la vida en otra patria. Así, José Rivera cambió la idea de ser conductor como su padre y se enamoró de contar historias.

Como los amantes más apasionados, no esperó y se lanzó. A los 12 ya tenía escrita su primera obra teatral y a los 14 su primer guión de cine. Su propio estilo lo fue perfilando luego de leer a Shakespeare y Molière. Sus obras alcanzaron matices de realismo mágico después de conocer a Gabriel García Márquez en el Instituto Sundance.

También lo marcaría el hecho de haber nacido en Puerto Rico y de vivir desde los cinco años en Estados Unidos. Para concebir sus personajes volvería una y otra vez a su familia, a las mujeres y a los que buscan su hogar, uno físico o emocional. Tal vez por eso encontró a Ernesto El Che Guevara. Claro, un revolucionario, pero también un incansable viajero que se encontró a sí mismo regado por los pueblos de América.

Diarios de motocicleta estaba en la cabeza del director Walter Salles y en los cuadernos de viajes de Guevara y de su compañero Alberto Granado. Faltaba una pluma que adaptara ese capítulo de la vida de Ernesto Guevara antes de El Che. José Rivera fue el elegido. El guión fue escrito en inglés y traducido por un argentino para lograr los modismos del país, y la película dirigida por un brasileño y protagonizada por un mexicano. Curioso, una América unida.

El filme no se detuvo en mensajes políticos, sino en descubrir qué le pasa a una persona cuando decide emprender un viaje. Aunque se basó en hechos reales, se permitió algunas ficciones. Por ejemplo, se habla de un dinero que Guevara guarda con celo hasta que se lo regala a unos mineros. “Esto nunca sucedió, pero, de acuerdo con la personalidad de El Che, él era de los que no dudaban en ayudar al necesitado”, explicó Rivera.

Al final, el dramaturgo no sólo había escrito sobre la transformación de un joven médico, sino que su propia vida había cambiado. Tuvo cinco nominaciones por mejor guión a premios internacionales, incluyendo el Óscar, y lo más importante para él: “me sentí realmente como un escritor”.

De visita por Colombia

Hace unos días José Rivera se encontró en medio de “un circo, un carnaval”, según sus propias palabras. Vio detrás de los coloridos disfraces, las máscaras de maquillaje y los tacones altos grandes historias para ser contadas. Historias que corrían el riesgo de quedarse tras las rejas. Se trataba del reinado anual que celebran las reclusas de la cárcel El Buen Pastor de Bogotá: el día en el que se olvidan del encierro, exhiben sus atributos y desempolvan las sonrisas.

Les reveló algunos de sus mejores trucos de redacción para que ellas mismas fueran las que escribieran sobre sus vidas de novela. “Tienen mucho qué decir. Este es un lugar triste, hay abuso sexual y de drogas, y a pesar de eso tienen mucho corazón, son valientes y honestas”, recordó el dramaturgo.

Como todos los testimonios que lo conmueven, hará de esta experiencia un guión, esta vez para teatro. La obra será dirigida por Steven Cossom, director de la compañía de teatro estadounidense The Civilians. Después de estrenarse en Estados Unidos, esta obra será vista en el Festival Iberoamericano de Teatro de Bogotá de 2014.

Desde las entrañas de Chile

A muchos de los 33 mineros chilenos se les quedó la tranquilidad bajo tierra. Un año después, siguen trabajando en los traumas por el derrumbe en Copiapó, Chile, que los sepultó durante 69 días. La forma en la que repartían un trozo de galleta y un poco de jugo, cómo recibían muestras del mundo exterior por un tubo o cómo se llevó a cabo el rescate han suscitado más de una vez el comentario: “es como para hacer una película”. Efectivamente se hará.

Una vez más, la historia encontró a Rivera, a sus 56 años, para que le diera vida al guión. Para empezar a relacionarse con ella, Rivera entró a la mina y allí encontró una buena dosis de terror: “No entiendo cómo pueden ellos entrar allí”, confesó. También se embarcó en una exhaustiva investigación y largas entrevistas con los 33 mineros, hombres tristes que sobreviven con buen sentido del humor. Incluso quieren actuar en la película.

En este momento José Rivera está en Chile, buscando anécdotas en los socavones, en los testimonios. Luego regresará a Nueva York para seguir trabajando en su debut como director de cine. Acaso como un homenaje a una de sus propias piezas teatrales, su película se llamará Celestina. Aún le falta conseguir la mitad del presupuesto para la producción, pero como para el más apasionado amante de lo que hace, el dinero no será la mayor preocupación siempre y cuando haya hojas, pantallas o escenarios para seguir contando historias.