Una cuestión de percepción

El artista David Peña regresa al país con 'Forma y función', muestra que cuestiona el estatus de aquellas imágenes que pretenden ser objetivas y que damos por sentadas.

La obra de David Peña es un acto de sabotaje. Cada una de las piezas desafía el sentido de la percepción y apela a un espectador curioso, que con una mirada detenida y cuidadosa desentrañe los juegos y contrasentidos de su obra. Con humor y perspicacia, el artista confronta nuestra fe ciega en las imágenes que pretenden ser una representación transparente de la realidad. Peña las revierte, las manipula y deja en evidencia su propia falacia.

La exposición Forma y función estará hasta el próximo sábado 20 de enero en La Galería. Las diez piezas que conforman la muestra, entre fotografía, pintura, dibujo, video e intervención de objetos y materiales maleables, cuestionan la lógica y la manera como experimentamos aquellas imágenes objetivas que se han petrificado en el imaginario colectivo, que damos por sentadas y no observamos con detalle.

En el caso de la obra ‘Mapa del océano’, Peña, quien acaba de terminar una maestría en el Instituto de Arte de San Francisco luego de ganarse la beca Fulbright del Ministerio de Cultura, reflexiona sobre el ejercicio de poder oculto tras las imágenes cartográficas del planeta. Dibujado con grafito sobre papel blanco, la pieza está basada en el mapa mundial aire-océano Dymaxion, del arquitecto, visionario e inventor estadounidense Richard Buckminster Fuller. Este poco convencional mapa, que se dio a conocer en la década de los cincuenta, proyectaba el globo terráqueo sobre la figura geométrica del icosaedro que, una vez desplegado, daba continuidad a los continentes de la tierra.

Para evitar representar convenciones arbitrarias, como los puntos cardinales, Buckminster Fuller utilizó las posibilidades de esta figura geométrica para dar continuidad a la masa terrestre y evitar determinar cuál era el Norte, el Sur, el Oriente o el Occidente. “En este caso, yo apliqué la misma política, pero centrando la atención sobre el océano, en el agua y no en la tierra. Compré una pelota de playa con el mapa del mundo, recorté la tierra, la calqué y la rellené”, dice el artista colombiano. Si la intención política del inventor estadounidense era demostrar que toda la masa terrestre era continua, en el caso de Peña es ratificar que todos los océanos son el mismo, que no existen el Atlántico o el Pacífico.

La memoria y el engaño son otras preocupaciones para David Peña. La pieza ‘Forma y función’, que consiste en una calavera de coyote recubierta por varias capas de pintura con textura de caucho, habla sobre la imposibilidad de recobrar lo que fue. En un intento por recuperar el volumen del ser vivo a través del caucho, se va borrando y desdibujando la forma original. Esto para el artista equivale a “forzar un error”. En ‘Planos inclinados, masas cortadas’, obra construida con espejos y papel aluminio manipulado, también reflexiona sobre las huellas indelebles del paso del tiempo. “El estado actual de estas bolas de aluminio, que es un material tan sensible, es la sumatoria de todas las acciones efectuadas sobre ellas. Los espejos también son de aluminio, entonces lo que tenemos son dos estados, dos modalidades históricas del mundo, y las dos están interactuando pero perturbándose mutuamente”, afirma Peña. Mientras que la estructura de aluminio no deja descansar el espejo sobre el suelo, el plano corta y a traviesa la masa de metal.

Sin ser obras complejas, las piezas ‘Guacamaya albina en negativo’, ‘Constelaciones rotas’, ‘Sin título’, ‘Sólidos platónicos estirados’, ‘No futuro’, ‘Colorado y Saskatchewan’ y ‘Escarcha negra’ esconden intrincados juegos de percepción. Si el visitante es un observador paciente, descubrirá que lo que daba por sentado o pretendía entender se derrumba como un castillo de naipes.