El eclipse Bradbury [1]

El 5 de junio de 2012 los medios informaron de un hecho que se produce cada 100 años:

El 5 de junio de 2012 los medios informaron de un hecho que se produce cada 100 años: el paso del planeta Venus en su alineación con el Sol, que para los terrícolas nos pareció un lunar, un grano de acné en la cara de un gigante albino, o el último de la fila de puntos suspensivos que se quedó atrás, tal vez al escuchar una terrible noticia, la muerte de uno de los mejores escritores que haya visto este planeta y sus alrededores, Ray Douglas Bradbury.

Muchos conocen a Bradbury como un popular escritor de ciencia ficción, aunque él siempre lo negó. Lo triste del asunto es que fue un autor eclipsado por su propio éxito popular y no fue tenido en cuenta para alcanzar el merecido Olimpo literario. Siendo un escritor que incursionó con éxito en diversos géneros literarios, con cientos de libros a cuestas, algunos de los cuales son clásicos y referentes obligados para varias generaciones de autores, engrosó la lista de ilustres escritores que no fueron reconocidos con el Premio Nobel de Literatura. Los distinguidos eruditos nórdicos lo ignoraron porque quizás bajaría el nivel del premio al entregárselo a un autodidacta [2] que había escrito cosas sobre marcianos y dinosaurios, y que además era culpable de haber sido guionista en el cine y la televisión.

Jorge Luis Borges, otro gran olvidado en Estocolmo, dice de su colega norteamericano: “Otros autores estampan una fecha venidera y no les creemos, porque sabemos que se trata de una convención literaria; Bradbury escribe 2004 y sentimos la gravitación, la fatiga, la vasta y vaga acumulación del pasado... ¿Qué ha hecho este hombre de Illinois, me pregunto, al cerrar las páginas de su libro, para que episodios de la conquista de otro planeta me pueblen de terror y de soledad?” (en su Prólogo a Crónicas marcianas).

Sin embargo, estoy seguro de que esos mismos académicos deben tener dentro de sus libros favoritos —como buena parte del mundo lector— alguna obra de Bradbury, posiblemente alguno de sus portentosos títulos de ciencia ficción suave, enfocada en lo humanista (en contraposición a la ciencia ficción dura, que enfatiza lo técnico), que ante todo son himnos libertarios. Nos referimos a Fahrenheit 451, El hombre ilustrado o las citadas Crónicas marcianas.

Aunque si me preguntan sobre mi obra favorita del gran autor, no tiene que ver con la ciencia ficción. Se trata de El vino del estío, un relato sobre lo maravilloso y terrible del crecimiento infantil mientras pasan las altas temperaturas de un verano eterno. Siendo el gran cuentista que fue, para los jóvenes siempre recomiendo Cuentos de dinosaurios, aunque cualquier libro de Bradbury es recomendable por su rasgo lírico. Era un poeta extraviado en la prosa.

Ahora sé que lo visto el 5 de junio de 2012 no era Venus atravesando el telón del Sol. Era Ray Bradbury convertido en punto, un trovador del futuro en tránsito a la eternidad.

 

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